martes, 29 de agosto de 2023

Mendigando en clave castrista.

Por René Gómez Manzano.

Díaz-Canel durante su gira por África.

En días pasados ha sido noticia el más reciente viaje internacional del actual Jefe de Estado cubano. En esta oportunidad, el periplo de Miguel Díaz-Canel, exaltado a su actual posición gracias a haber sido escogido por un solo compatriota y votado por unos cuantos centenares, tuvo como escenario el continente africano.

El presidente designado de la Gran Antilla acometió su periplo llevando como su principal herramienta la escudilla de pordiosero. El mero enunciado de esta realidad nos dice muy alto y claro a qué extremos de miseria han llevado el castrocomunismo y sus políticas erradas a este desdichado país que antaño fuera conocido como “la Perla de las Antillas”.

Porque no debemos olvidar que los estados visitados en el llamado “Continente Negro” están ahora empeñados en salir de un subdesarrollo secular, y que lo hacen tras acceder a la independencia hace apenas unos pocos decenios. Sólo hay que pensar en lo que, en 1959, eran Angola, Mozambique o Namibia, por una parte, y lo que era Cuba, por la otra. ¡Y que tenga que ser nuestro país el que solicite ayuda de los primeros!

Como argumento para justificar el pedido, se invoca el apoyo militar que, en tiempos del fundador de la dinastía castrista, prestaron las tropas cubanas en varias de esas naciones africanas. En ese contexto, lo usual es que se invoque el papel desempeñado por las primeras en la lucha contra dos flagelos repudiables: el colonialismo y el monstruoso régimen del apartheid.

¡Qué lástima que los hechos, en su testarudez, se nieguen a avalar esa tesis edulcorada y tendenciosa, tan querida por los agitadores castristas! La realidad en la misma Angola, por ejemplo, es que las autoridades portuguesas, tras la “Revolución de los Claveles”, decidieron poner fin a la colonización, y aceptaron el día 11 de noviembre de 1975 como el de la independencia del referido país.

Sólo que los distintos partidos angoleños no lograron ponerse de acuerdo entre sí, y cuando ya se acercaba la fecha mencionada, comenzaron a luchar unos contra otros para hacerse con el poder. Es en ese contexto que las tropas cubanas fueron determinantes para que Luanda, la capital, quedase en manos de sus aliados. Pero eso fue en la lucha contra los también independentistas Jonas Savimbi y Holden Roberto; no contra los colonialistas portugueses. Es que Castro —¡qué casualidad!— se alineó con la línea moscovita de Agostinho Neto y su Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA).

Pero más allá de los méritos reales o imaginarios acumulados por las tropas antillanas en suelo africano, lo cierto es que aquellos constituían el activo con el que contaba el Presidente designado en su periplo. ¿Y cuál fue el resultado? Creo que un titular de 14ymedio destaca lo esencial: “Díaz-Canel cierra su gira africana en Namibia, con mucha pompa y escasos acuerdos”. O sea: que el platico de mendigo regresó vacío.

El insulso blablablá de la propaganda castrista enmascara esa ausencia de resultados palpables. En puridad, el costoso viaje, financiado por un Estado que se encuentra en la ruina, ha adquirido características de viaje turístico. Del cual han disfrutado el “nombrado a dedo” y su esposa, que Díaz-Canel, en plano de congraciarse con su homólogo mexicano López-Obrador, dijo que no era Primera Dama, pero que actúa como si sí lo fuese.

Entre la “mucha pompa” a la que se refiere el primer diario independiente realizado en la Isla está el acto por el Día de los Héroes, durante el cual el Jefe de Estado cubano recibió “la Orden de la Antiquísima Welwitschia Mirabilis”. A quienes —como yo mismo— sientan curiosidad por la insólita denominación de la medalla, les aclaro que los namibios decidieron bautizarla con el nombre de una especie vegetal autóctona, la cual se caracteriza por su increíble longevidad (de ahí el superlativo): como regla, un milenio, y dos en el caso de los ejemplares más viejos.

Fue tras recibir esa condecoración que el mandatario tuvo una idea tremendamente poco feliz: la de pronunciar unas palabras de agradecimiento en inglés. Según Diario de Cuba, se trata de un idioma “con el que se ha atragantado en varias ocasiones”. La descripción no es arbitraria: pese a que el bocadillo dura apenas unos segundos, Díaz-Canel puso de manifiesto su desconocimiento de la lengua de Shakespeare. En resumen: perdió una excelente oportunidad de quedarse callado… o de hablar en español.

Con esa pretensión de actuar como si dominara el idioma anglosajón, el “puesto a dedo” ha imitado al coronel Hugo Chávez, que también creía saber inglés. Pero el venezolano, formidable tribuno y demagogo y pésimo político, era un simple militarote. Sólo sabía de tirar tiros. Díaz-Canel, por el contrario, es un flamante “Doctor en Ciencias Tecnológicas”.

Según el sitio castrista EcuRed, uno de los requisitos para obtener esa elevada categoría académica es el de “demostrar la capacidad del futuro doctor para comunicarse, interpretar textos, leer y traducir en un idioma extranjero”. Para mí está claro que, con sus lamentables intentonas en inglés, Díaz-Canel no ha llenado ese requisito esencial. ¿Entonces cómo fue que obtuvo el título de doctor!

A menos, claro, que la lengua aprobada por él sea otra de las admitidas, que son el ruso, el francés y el alemán. El gobernante ha visitado países en los que se hablan estos idiomas, pero jamás lo he visto intentándolo comunicarse en alguno de ellos. Entonces la duda inevitable es: ¿Cuál fue la lengua que aprobó en su doctorado!

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