viernes, 15 de enero de 2010

La Habana de gris, con poco pan y mucho frío.

Por Iván García.

Son días de perros. Con una lluvia fina y constante y el cielo encapotado de color gris ratón. Además, un frío que pela. Echemos a un lado en este enero de nuevo año las postales de sol brillante que nos muestra una ciudad alegre, festiva y cálida.

Desde que el 1 de enero entró en la capital el primer frente frio serio, las calles de la Habana se han convertido en el carnaval de mucha gente pobre. Una población acostumbrada a una media anual que supera los 27 grados Celsius, no suele tener en sus roperos prendas adecuadas para soportar bajas temperaturas.

La solución de muchos es ponerse una prenda encima de la otra. Tres, cuatro o hasta cinco, y al final un suéter, enguatada o abrigo viejo. No es nada comparado con las nevadas intensas en Europa, Canadá y el norte de Estados Unidos. Pero para los habaneros, el domingo 10 de enero fue de espanto: los termómetros se mantuvieron todo el día en 12 o 13 grados y una humedad relativa rozando los 75 grados.

Demasiado frío para una ciudad del trópico. La sensación térmica era de 8 grados. La gente parecía globos inflados, con tanta ropa. Los más humildes se cobijaban del frío con abrigos de la era en que Cuba comerciaba con el CAME, hace más de 30 años. Incluso, algunos desempolvaron suéters y chaquetas de lana, usados por padres y abuelos antes de que Castro llegara al poder. Los más ancianos y desvalidos se guarnecían con gabanes parecidos a los utilizados por Humphrey Bogart en sus filmes.

Las calles estaban desiertas. Los mendigos y dementes que han hecho de los portales de la esquina de Carmen y la Calzada de 10 de Octubre, su casa, huyeron despavoridos a sitios menos gélidos. Lo que soplaba en esa esquina no era de amigo. Según una vecina, una noche, unos coches de salud pública recogieron a los pordioseros y los internaron en el Hospital Psiquiátrico, un manicomio más conocido por Mazorra, situado en la Avenida de Ranchos Boyeros, a mitad de camino del Aeropuerto Internacional José Martí.

No sé si fue cierto. Los capitalinos tienen tendencia a exagerar. Lo que sí es real, es que en estos días polares, muchas panaderías han cerrado por falta de harina. Vea usted. El pan, como el arroz es un producto de primerísima necesidad en la dieta actual del cubano. Por la cartilla de racionamiento el Estado nos otorga un mísero panecillo de 80 gramos por persona. Entonces, la gente acude a las panaderías de la Cadena Cubana, donde por la libre se puede comprar media flauta de pan por 5 pesos, y por 10, una flauta completa.

El administrador de uno de esos establecimientos, comentó, "que varias panaderías que ofertan en venta libre han cerrado por recorte en la distribución de harina, porque el gobierno ha dado orientaciones de priorizar el pan racionado". Afuera, una larga fila de personas llevaban una hora esperando la salida del pan.

Con el frío arrecia el hambre. Y con una nevera semivacía, lo más común es comprar pan y comerlo con cualquier cosa. Ya sea jamón, si es una familia "adinerada", o con tomate, tortilla, incluso solo, mojándolo con café, o con leche, algo que suelen hacer los menores de 7 años, los únicos a quienes el Estado les garantiza por la libreta de racionamiento una cuota diaria de leche.

Pablo Pacheco, 39 años, un periodista independiente condenado a 20 años de prisión en la primavera negra del 2003, me contó por teléfono que en Canaleta, cárcel de la provincia Ciego de Ávila donde purga la injusta sanción, la temperatura bajo a 7 grados. "Los reclusos se enrollan dos o tres colchas, y aún así tú notas como la gente tiembla y le castañean los dientes. Agrega a esto que la comida es poca y pésima”, agregó.

Aunque en estos días de enero el tono gris y el frío se han enseñoreado con el paisaje cubano el meteorólogo estrella de la isla, José Rubiera, calma los innumerables rumores y afirma que no bajara la temperatura hasta 0,6 grados Celsius, récord para el país en 1970.

Falta que hace. Poco pan y mucho frío no es nada saludable. Y además sin sol.
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