viernes, 10 de mayo de 2013

Boom en el mercado inmobiliario en Cuba.

Por Peter Orsi.

En algunos sentidos, la oficina de bienes raíces de Yosuán Crespo se parece a cualquier oficina de su tipo de Nueva York, Londres o Tokio. Hay atractivos afiches de propiedades interesantes que cuelgan del techo, un desfile de personas interesadas en comprar o vender y un tecleo constante en computadora.

Pero la sede del negocio de Crespo en el cotizado barrio del Vedado en el centro de La Habana se encuentra en el porche de una vivienda que no es la suya. La única conexión con la internet se hace mediante discado y Crespo se cuida mucho de decir que es un agente de bienes raíces porque esa ocupación es todavía ilegal en Cuba.

En Cuba ha surgido un desconcertante mercado de bienes raíces un año y medio después de que el gobierno de Raúl Castro legalizó la compra y venta de propiedades privadas en esta isla comunista por primera vez en cinco décadas.

Si bien es legal la compra/venta de viviendas, no es legal hacer de intermediario entre compradores y vendedores. El gobierno aún no ha cumplido su promesa de legalizar la actividad de los agentes de bienes raíces, la mayor parte de los cuales opera en las sombras.

Es algo típico de las reformas económicas de Castro, que a menudo dan poco espacio a los intermediarios y otros servicios que hacen posible el funcionamiento de esas iniciativas.

El líder cubano legalizó también el mercado de automóviles usados, pero no la apertura de negocios para su venta. Por otro lado, si bien las reformas generaron la aparición de una cantidad de restaurantes y cafés en toda Cuba, el gobierno todavía no les ha dado a esos comercios acceso a mayoristas que garanticen su abastecimiento.

Crespo opera como fotógrafo y programador de computadoras con licencia y ayuda a sus clientes a anunciar sus propiedades en la internet, produciendo los carteles de venta que cuelgan en su oficina y ofreciendo servicios de fotos digitales. Afirma que no cobra comisiones por las ventas de propiedades.

Sus tarifas son escasas, pero hay mucha demanda de sus servicios. Calcula que entre 30 y 40 clientes asoman todos los días por su "oficina" en el porche, llamada EspacioCuba. Dice que tiene listadas unas 2.500 propiedades y que ayudó a vender unas 250 desde que abrió en enero.

"Estoy muy satisfecho," expresó Crespo, un atildado experto en computadoras de 28 años con cabello rapado. Añadió, no obstante, que el mercado se beneficiaría mucho si el gobierno aprobase los agentes inmobiliarios.

El mercado carece además de un sistema de hipotecas que funcione, de formas de publicitar las viviendas en venta y, lo que es más importante, de una clase media con recursos para comprarlas.

Las ventas, sin embargo, marchan muy bien y se calcula que unas 45.000 viviendas cambiaron de manos en los primeros ocho meses desde que Castro legalizó el mercado de bienes raíces en noviembre del 2011, según las estadísticas más recientes del gobierno cubano.

Los precios de las mejores propiedades son altísimos. Una de las viviendas que ofrece Crespo es un departamento de tres dormitorios y tres baños en el piso de arriba de una casa de estilo colonial con una escalera de mármol y un elegante porche que se vende a 250.000 dólares, una fortuna en un país donde el salario promedio es de unos 20 dólares al mes.

Exiliados, economistas y varios agentes de bienes raíces informales dijeron que buena parte del dinero usado en estas operaciones procede del exterior y a menudo cambia de mano a escondidas, sin protecciones legales y en violación de las leyes que impiden a extranjeros adquirir propiedades en la isla.

En el sur de la Florida, la capital del exilio cubano, abundan las historias de gente que compra casas para los familiares que quedaron en Cuba o que usan a sus parientes como testaferros.

"Sé de una cantidad de gente que ha comprado propiedades en Cuba", declaró Carlos Saladrigas, copresidente del Cuba Study Group, que postula un acercamiento entre Washington y La Habana como forma de promover la democracia.

"Y hay muchos otros que están financiando pequeños comercios en Cuba que son propiedad de sus parientes", acotó.

Las leyes cubanas dicen que solo los residentes permanentes pueden adquirir propiedades, por lo que cualquier operación originada en el exterior se hace a través de testaferros. A veces el dinero es girado a Cuba. Otras, el traspaso se hace usando cuentas en el exterior.

Un economista cubano familiarizado con el mercado de bienes raíces dijo que hay una "significativa" presencia de dinero procedente del exterior en el mercado de bienes raíces, pero que no hay cifras exactas. Habló a condición de no ser identificado porque no estaba autorizado a hacer declaraciones a la prensa.

María Isabel Alfonso, exiliada cubana que enseña en el St. Joseph's College de Nueva York, manifestó que las últimas olas de emigrantes cubanos se fueron del país por razones económicas más que políticas y que la compra de propiedades es una forma de mantener los lazos con la isla.

"Durante muchos años he tratado de superar la sensación de que perdí mi conexión con Cuba", expresó.

Hay consideraciones más prácticas para que la gente que permanece en el país quiera vender una propiedad. Parejas que se divorcian se ven obligadas a vivir bajo el mismo techo por años al no poder dividir bienes. La posibilidad de comprar y vender le da a la gente otras opciones.

Cuando la oficinista Milu Selis necesitó tener su propio espacio, ella y un pariente vendieron su casa en el Vedado y cada uno compró un departamento más pequeño.

"Esto simplifica mucho el problema de la división (de bienes)", comentó la mujer.

Selis y otros dicen que les sorprende lo fácil que es lidiar con la burocracia. La transferencia de títulos toma apenas unos pocos días y tanto comprador como vendedor pagan un impuesto del 4%.

Hay quienes dicen que los compradores deben ser muy cuidadosos porque el mercado de bienes raíces de Cuba dista mucho de ser transparente. Advierten que comprar una propiedad con el nombre de otro, sin protección legal, es un gran riesgo, especialmente si se toma en cuenta que muchos edificios están en muy mal estado. Y aun cuando las grandes mansiones de La Habana se cotizan alto, los precios de otras propiedades menos atractivas están empezando a estancarse e incluso a bajar, según dicen.

"Es un mercado muy, muy joven e imperfecto y va a ser difícil crear una dinámica de oferta y demanda", afirmó Joseph Scarpaci, profesor de marketing de la West Liberty University de Virginia Occidental que estudia la situación en Cuba.
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