lunes, 9 de septiembre de 2013

Los disparatados artículos de Fidel Castro.

Por José Prats Sariol.

¿Castro, el más viejo, escribe sus artículos o alguien, algunos, le sirven las palabras? Cualquiera que sea la respuesta, indica lo mismo: la progresiva retirada del gen de una proteína del cerebro, identificada como la RbAp48, según estudio aparecido en Science Translational Medicine.

Sus ideas retroceden o se las hacen retroceder con pericia de amanuenses profesionales. Los artículos cada vez son más inverosímiles y delirantes: aumentan la arenga, el clisé, las inferencias absurdas, la fabricación de pruebas, el disparate.

El último arremete contra el diario ruso Kommersant, que acusa al régimen cubano de no haber querido concederle asilo a Snowden, para no molestar a Estados Unidos. Elogia las revelaciones de Snowden, que ni Putin se ha atrevido a hacer, y grita contra las "mentiras tarifadas": Pagadas con dinero, influencia, favor, poder, votos, silencio, traiciones…

El RbAp48 del otrora Comandante en Jefe huye desatinado: ni cuenta se da de que arma, en su ocaso, una postrera antología del desatino. A ella me referiré, en el entendimiento de que su récord de mentiras tarifadas -hay evidencias desde que estudiaba con los jesuitas-, solo lo iguala el de permanecer en el Poder, aunque esta última marca latinoamericana constituya una vergüenza que Cuba arrastrará durante décadas.

Las más recientes mentiras tarifadas de los Castro son espantosamente ridículas, cuando no para oligofrénicos. Hasta parecerían chistes, si no fueran de una perversión que ni la Cosa Nostra siciliana en sus curvas de apogeo.

La declaración oficial del gobierno cubano sobre el arsenal en los contenedores cubiertos con sacos de azúcar, en la barriga del norcoreano carguero Chong Chon Gang, es de una torpeza comparable a ignorar los sistemas de observación satelitales, capaces de detectar el sexo de una lagartija en el sombrero de yarey del Castro mayor. Nada, que su RbAp48 camina como el cangrejo.

La tarifa de esta mentira es pagarle a Corea del Norte la deuda por medio millón de rifles recibidos en los años 80. Con tres extras aún más absurdos, burros: Que Rusia y China sepan que Cuba aún puede ponerlos en apuros; que el vecino del Norte se asuste ante la posibilidad de un Caribe en llamas, desde el aire acondicionado de Raúl Castro en el Ministerio de las Fuerzas Armadas; y que América Latina no olvide el ideal guevarista de crear dos, tres, muchos Vietnam.

Se le siguen muriendo neuronas cuando lanza -siempre incluyo, desde luego, al hermano- otra mentira tarifada, pero condenadamente burda: la ilusión de un tránsito feliz de la economía hacia una sola moneda.

El ahora sembrador de moringa ignora que estamos en 2013, no en la década del 60. Medio siglo de embustes han retrocedido tras el RbAp48 en caída libre. ¿Cuál cubano con un cuarto de dedo de frente puede creer que la desaparición del CUC lo sacará del salario raquítico?

Y aquí la tarifa es más de lo conocidísimo: estirar el chicle: Morir en el poder. ¿Quién puede ignorar la contundente apuesta? ¿Cómo justificar hoy que la lealtad, apasionada obediencia, es a ellos mismos y no al país?

La otra -hay decenas reseñables- es hacer creer que no es el sistema sino su implementación, malos cuadros de dirección, errores secundarios… No el comunismo sino contingencias humanas, sociopolíticas, geopolíticas del subdesarrollo. De pronto borra la historia: la caída de la Unión Soviética, la economía en China o Vietnam…

Con una cara del mejor amianto para vuelos espaciales, lanza la farsa de que con trabajadores por cuenta propia, cooperativas y control fiscal, Cuba podrá reparar el oxidado tren hacia el "futuro luminoso".

Es ridículo, hasta para ciertos zombis del 68 o izquierdosos trasquilados, ocultar el fracaso del marxismo-leninismo. Ni siquiera como argumento para los caudillitos populistas a la venezolana o nicaragüense. Las evidencias son tan abrumadoras que cambiaron el nombre por Socialismo del Siglo XXI y corrieron a las sacristías.

La tarifa de esta última patraña es para el Guinness World Records. Funciona como comestible nostálgico para fracasados que vieron su vida pasar tras un buitre disfrazado de paloma. Los ahora escasos militantes que aún creen -no los pícaros y sobrevivientes- necesitan tal ilusión para la almohada, como los nazis antes de suicidarse, como los bolcheviques antes de que Stalin los fusilara.

Apuro el tema con una de circo de pueblo en carpa raída, con leones desdentados que llevan años a boniato hervido. Se trata de Miami, aderezado de cuán duro es emigrar. Otra vez con que todo lo que ocurre fuera es peor que allá en el caldero con epidemia de cólera y mendigos, mugre y apuntalamientos que de tanto tiempo se han podrido.

Los Castro Ruz han dado la orden a los medios -truco de abuelitos para nietos que voltean para reírse- de arremeter contra la calidad de vida de los cubanos del exilio, los mismos que de gusanos convirtieron en mariposas cargadas de fulas, jarabes reconstituyentes, cuadritos de sopa, tenis de marca y desde luego que pacotilla y fiestas de quince donde hasta los globos fueron comprados en Hialeah.

Crímenes pasionales, desfalcos al Medicaid, alcaldes presos por corrupción, asaltos a taxistas, locos asesinos, peleas de perros… La exageración -la generalización- desea tapar bajo la ahuecada carpa verde olivo el día a día del cubano en Miramar o Santiago, en Guantánamo o Luyanó, donde la gente se entera por el vecino del vecino de la mujer que castró al marido infiel con el pico de una botella de aguardiente.

Más tosca y vulgar que ciertos populares reguetoneros, pasan esta tarifa a la ronda de consuelo, como reciclaje de aquella tergiversación -nada martiana- del vino agrio pero nuestro. A cobrar en resignaciones, con la ilusión de que así evitarán más disidentes, Damas de Blanco, protestas, conspiraciones para derrocarlos.

Quizás la última mentira tarifada de los Castro sea denunciar ante las Naciones Unidas que un neurólogo, del exclusivo CIMEQ -donde Chávez estuvo hospitalizado-, fue contratado por la CIA para inocularles, solo a ellos dos, el gen del RbAp48.
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