jueves, 9 de agosto de 2018

Díaz-Canel, el nuevo diosecillo nacional.

Por Raúl Rivero.

Díaz-Canel, el nuevo diosecillo nacionalA tres meses de asumir de un dedazo la presidencia de un país, el señor Miguel  Díaz Canel se despoja a toda velocidad  de las alternativas de un ser humano común y corriente que trastabillaba angustiado en las siniestras estructuras del poder en Cuba, para convertirse, de una manera sistemática y definitiva, en un nuevo diosecillo nacional.

Un hombre diferente cuyos gestos pueden ser consideradas reacciones divinas y ademanes celestiales, mientras que las palabras que pronuncia tienen de facto toda la hondura de la sabiduría  y la trascendencia de la historia.

Esa trasformación urgente, ese paso al universo de las deidades del socialismo, se lo debe al sistema de panfletos que le acompaña en los viajes que realiza a las provincias de la Isla y a las reseñas que se hacen de sus actividades en el flamante cargo que ocupa por obra y gracia de la voluntad de Raúl Castro.

No hay límite para el elogio, ni mesura para narrar sus actuaciones públicas. Hace poco, cuando le dio un beso a una niña que los saludaba ingenuamente en un parque, uno de los escribidores oficiales aseguró que la había recibido “el cariño de la patria”, en el entendido de que Díaz Canel no es ya un simple patriota, es la esencia de la patria misma.

En un recorrido que realizó por una piscina en la ciudad de Holguín, el guataca de turno lo describió con estos elementos contradictorios pero decisivos del cuerpo y del alma: “un hombre de camisa remangada, altísimo y educado”, a quien el grupo entusiasta de muchachos que disfrutaban de un baño “lo siguió de cerca intentando atrapar cada detalle de su visita.”

Conmovido por el carisma de Díaz Canel,  el cronista afirma que una las muchachas, de ocho años, “correrá a eternizar en papel fotográfico el recuerdo de ese día” y que otra, de 16, “guardará en su memoria el honor y la certeza hecha realidad de que cualquier joven cubano puede saludar al Presidente del país.”

El panfleto llega a la conclusión de que esta categoría de encuentros, aun cuando los pequeños no lo comprendan en “su plenitud todavía, acerca aún más el mandatario a su pueblo.”

La única verdadera  heroicidad de Díaz Canel ha sido su disciplina y su sumisión como cuadro del partido. Su capacidad para obedecer, cumplir mandatos y aplaudir con pasión a sus jefes. Ahora tiene que subir al encapotado cielo comunista con frases vacías, gestos de sacristán y besos a niños desconocidos que no conoce. Ni lo quieren conocer.
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