miércoles, 22 de agosto de 2018

Suicidios en Cuba: estadísticas que dan pavor.

Por Pedro Manuel González Reinoso.

Vecinos y conocidos murmuraban el otro día sobre lo difícil que resulta suicidarse hoy en el país, cuyo índice reconocido por el Anuario de Estadísticas frisa unos porcientos sobrecogedores para prefigurar como cualquier otro “en vías de desarrollo”. Según el sitio oficial, en la Isla, cerca de 10 mil personas se suicidaron en los últimos 5 años.

El documento relata que el método más frecuente es por asfixia, que corresponde al 71,6% de los casos; el 10% por envenenamiento; el 2,9% por lanzarse desde un lugar elevado; el 2,4% por arma de fuego; el 9,2% por prenderse fuego; el 0,9% por ahogamiento; el 2,1% por corte o punción y un 1% por otros métodos.

En su edición del 2018, el Anuario asegura que los suicidios fueron aproximadamente cuatro veces más frecuentes en hombres que mujeres.

En la isla se quitan la vida 19,3 personas por cada 100.000 habitantes.  Pero un reporte de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) refleja que Cuba ya era el país de las Américas con la tasa de suicidio más alta con 3 mil casos menos hace 4 años.

Sin embargo, en Internet, Cuba no aparece entre las naciones más propensas al acto fatal sino en el lugar 38, pues exhibe datos de 10 años atrás, con estadísticas bastante desactualizadas a las oficinas regionales de monitoreo nadie sabe bien porqué.

Por otro lado, un estudio recientemente publicado por la fundación médica sin fines de lucro MEDDIC, la cifra de intentos de suicidio entre adolescentes fue de 22 mil 542, siendo el ahorcamiento el más recurrido.

El sondeo se basó en información sobre morbilidad por intentos y mortalidad real en adolescentes, recogida por la División de Estadísticas y Registros Médicos del Ministerio de Salud Pública de Cuba, desde el 1 de enero de 2011 hasta el 31 de diciembre de 2017.

Según el estudio, en ese mismo período de tiempo un total de 239 adolescentes lograron acabar con su vida. La tasa promedio anual de estas muertes fue de 39.2 %, mientras que la de tentativas se mantuvo cercana a los 5 mil.

El informe de la Medical Education Cooperation with Cuba, con sede en California, destacó igualmente que colgarse fue lo más común, con 196 de los casos registrados (88,2%).

Las causas para cometer suicidio son de origen psicosocial. La familia y las relaciones interdependientes son los factores que determinan dicha conducta. Sentirse abandonados por la familia o tener emociones negativas respecto a la pertenencia a un núcleo son fuertes razones para el creciente mal.

El comentario del barrio por el que comenzamos se suscitaba precisamente a propósito de una joven cercana -abatida y neurasténica- que logró lanzarse del 5to piso del edificio, aparentemente la única vía para terminar la larga carrera contra su fragilidad existencial.

Entretanto muchas otras personas de su misma patología han conseguido superar esa primera criba letal, gracias a la escasez de medios para poder auto-ejecutarse.

Hace poco un joven, por razones desconocidas, se electrocutó lanzándose contra una pizarra eléctrica empapado en lluvia.

Pero nuestra occisa, sensible y romántica, lo habría intentado frente a un tren en marcha, como Anna Karenina, en la estación municipal de donde ya no parten ni carricoches de hojalata.

Soñó que -como su vecino- se carbonizaba bajo castigo impuesto, pero comprobó que los constantes bajos voltajes más las interrupciones súbitas podrían depararle adversidades.

Buscó entonces quien le vendiera alcohol de reverbero para convertirse en una antorcha humana ante al adúltero marido -causante en parte de su psicopatía-, pero demasiados meses sin el arribo a la bodega siquiera de fósforos, la hicieron abandonar malsano proyecto.

Estrangularse fue también desestimado cuando tras averiguar en el Mercado Industrial le explicaron que las jarcias y sogas venían predestinadas solo para boyeros y campesinos registrados.

Unas oxidadas cuchillas checoeslovacas -“Astra”, de 1975- en el botiquín del baño habrían servido para el desangre planeado, pero no tenían el filo necesario y temió la vergüenza por alguna infección tratable que la sacara después de una muerte segura.

Envenenarse fue la última opción, pero los revendedores de pastillas de farmacias clandestinas le fijaron una cota impagable para su bolsillo.

Lamentablemente para todos los que observamos la saga de intentos fallidos, al final, sin que pudiéramos evitarlo, la muchacha encontró el coraje que a todos falta para dejarse caer sobre la acera, donde hoy la aguarda incansable y extendida una de sus fieles mascotas, mientras la otra nos acompañó en el sepelio de su ama.
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