domingo, 19 de agosto de 2018

Izquierdas fallidas y corruptas.

Por J. Eduardo Ponce Vivanco.

Con la prepotencia de la calle y el peso de tantas derrotas electorales, el Partido Trabalhista (PT) lanzó la candidatura de Lula desde la cárcel donde se encuentra por corrupto y corruptor. Felizmente, la Fiscal General ha impugnado esa barbaridad porque después de sentencias en dos instancias (la segunda aumentó la condena) el exsindicalista no es elegible como candidato ni lo será por ocho años más de los doce que pasará entre rejas, luego de quebrar al país. Fracaso y corrupción de la izquierda en Brasil, país líder de la inmoralidad política regional.

Gracias a las agendas del ordenado chofer de los Kirchner -la pareja presidencial que coronó la reelección conyugal- el peronismo argentino enfrenta su propio Lava Jato. Muchos se preguntan si ellos inspiraron a Lula o fue a la inversa. Pero a los sistemas gemelos de los dos grandes partidos socialistas del Atlántico, Argentina suma los $ 59 millones de sobornos de Odebrecht. Fracaso y corrupción de la izquierda en el segundo país de Sudamérica.

Sobre la narcotiranía chavista que oprime y hambrea a Venezuela con la astronómica inflación del millón por ciento, solo hay que agregar que se concretó ¡al fin! la primera incautación millonaria de CITGO, poderosa empresa de PDVSA que comercializa los hidrocarburos venezolanos en EE.UU. A esa sentencia judicial en favor de una empresa deudora, seguirán muchas otras contra CITGO en EE.UU. Fracaso e infierno de la izquierda en Venezuela.

El castrismo acaba de renovar la tiranía comunista en Cuba, inventando fórmulas constitucionales para disfrazar la dictadura de partido único, seguir negando todas las libertades y fortalecer a la segunda generación de la dinastía Castro. ¿Cuánto sobrevivirán sin el petróleo regalado del chavismo exangüe? Fracaso y corrupción donde la propina de un turista en dólares vale más que el sueldo o la ración mensual de un cubano oprimido.

Y qué decir de la pobre Nicaragua, donde la pareja presidencial Ortega se apropió del país en nombre del neosandinismo, que ametralla el levantamiento popular contra Daniel y su esposa/vicepresidenta. Fracaso y corrupción de la izquierda en Nicaragua.

Ecuador liquidó la “Revolución Ciudadana” del histérico y corrupto Rafael Correa (con orden de detención de Interpol). Su herencia de sobornos, endeudamiento público y prepotencia han obligado a rectificaciones indispensables a quien fue su segundo, el ahora presidente Lenin Moreno, del que Correa es enemigo mortal. Pero Moreno no se define ni se atreve a hacer las correcciones de política económica y política exterior que Ecuador necesita. Con timidez, ha adelantado su interés en la liberal Alianza del Pacífico, sin precisar cómo pretende participar en ella. Fracaso y corrupción de la izquierda en Ecuador.

El tremendismo aymara de Evo Morales lo condena a intentar reelecciones en cadena sin asumir que su pueblo ya votó contra él en un importante referéndum. Sin valedores como la Venezuela chavista o Lula, sin una vecina socialista en Chile (Bachelet), con el ALBA en ruinas y la inminente posibilidad de que la sentencia de la Corte de La Haya no haga más que dejar su (teatralizada) controversia en el plano estrictamente bilateral que le corresponde, el extraño reinado altiplánico de Evo podría estar cerca de su fin. Sin sucesor a la vista y con acusaciones de corrupción, la experiencia izquierdista en Bolivia terminará en otro fracaso.

No hablemos de México porque no lo entendemos. Lo único claro por ahora es que AMLO no asumirá el mando presidencial hasta el 1 de diciembre, y que Trump lo “ama” tanto como a Kim Jong Um y Putin. Pero sí debemos hablar de Chile, Colombia y la Alianza del Pacífico; de su seguro fortalecimiento con cinco importantes miembros asociados de Asia y Oceanía, así como de la proyección internacional que Vizcarra daría al Perú si asumiera su presidencia temporal genuinamente decidido a engrandecerla y hacerla brillar en el mundo.

Sería bueno para el Perú y para él que no resulte solo un político sumergido en lo doméstico, sino un estadista personalmente presente en nuestra dimensión internacional. Es su responsabilidad.

¡Joder, qué tropa!
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