martes, 22 de junio de 2010

Entrevista al economista Carmelo Mesa.

Por Fernando García.

En un momento de interesante diálogo entre el Gobierno y la jerarquía católica de Cuba, la Semana Social de la Iglesia cubana ha traído a La Habana al canciller vaticano, Dominique Mamberti, y a tres destacados académicos cubanos residentes en Estados Unidos. Uno de ellos es el catedrático de Economía y Estudios latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh, Carmelo Mesa-Lago, con quien conversamos sobre las jornadas y la actualidad cubana.

¿Qué significación tiene para usted esta Semana Social, la presencia del canciller vaticano y la suya propia cuando en Cuba se abren tantas expectativas?

Hacía veinte años que no venía a Cuba, no por decisión mía porque lo intenté en 2003 y no me dieron la visa. La que me ha permitido venir ahora la obtuvo el cardenal Jaime Ortega. Las jornadas empezaron a planearse en diciembre, mucho antes de la entrevista entre monseñor Ortega y Raúl Castro, y de la mediación sobre los presos. Pero la Semana Social Católica, en la que participan obispos y delegados de toda la isla junto con académicos y religiosos, ofrece una oportunidad de diálogo y podría reforzar el proceso abierto por el cardenal. Mi esperanza es que, tras la excarcelación de un recluso y el traslado de otros doce a cárceles más cercanas a sus casas, ese proceso continúe y los presos políticos sean liberados. Porque creo que sería extraordinariamente importante para el país y para sus relaciones exteriores.

¿Ve signos de apertura?

Veo el inicio de una posible apertura. La situación estaba estancada; por ejemplo, en la relación con Estados Unidos. Tras un primer paso de Obama, Raúl Castro ofreció hablar "de todo", incluidos los presos políticos. Después, Fidel Castro reinterpretó lo dicho por su hermano y, aparte de unas conversaciones migratorias aún en curso, ese proceso se paralizó. Con la Unión Europea es distinto porque, gracias a la mediación del cardenal y a los pequeños pero importantes pasos del Gobierno, los países miembros acaban de posponer su decisión sobre la Posición Común en torno a Cuba. Pero también hay una semiparálisis interna con respecto a las reformas.

¿Se refiere a los cambios estructurales que Raúl Castro anunció hace tres años?

Sí. Y, tal como dijo el economista cubano Pedro Monreal, cambios estructurales implican reformas profundas. Aquello fue seguido por el que probablemente haya sido el debate más abarcador y profundo que se ha dado en Cuba; no sólo con economistas sino con politólogos, filósofos, juristas… Ahí se planteó la aceptación de algunas formas de propiedad capitalista, como las cooperativas y las empresas individuales, bajo una justificación marxista. Aquello generó muchas expectativas. Y el Gobierno ha dado pasos, pero limitados. Por ejemplo, la ley de usufructo (de tierras). Un funcionario acaba de reconocer que la mitad de las tierras cedidas en usufructo no se cultivan. Se debe a que la ley es muy restrictiva. Las concesiones son sólo por diez años, aunque sean renovables, y está muy oscuro qué pasa con las inversiones que haga el agricultor acogido a la norma. Yo hubiera preferido algo parecido a lo hecho en China o Vietnam, donde los contratos (de explotación de tierras) son indefinidos.

Dice que hubiera preferido. ¿Da por hecho que Cuba rechaza esos modelos?

No lo sé. Me refería a lo decidido hasta ahora sobre el campo; a que habría sido más efectivo permitir que los agricultores decidieran ellos mismos qué sembrar, a quién vender y a qué precio, tal como se hizo en esos dos países aunque llevara su tiempo. Eso generó una transformación radical en la agricultura de China y Vietnam, que pasaron de las hambrunas a exportar. Por cierto, Vietnam vende hoy arroz a la isla.

¿Más en general, cree que la vía de esos dos países es aplicable a Cuba?

Aquí hay personas que creen que eso es factible, pero también hay funcionarios muy importantes que han insistido en que no es aplicable; sobre todo el modelo chino, por el tamaño y el número de habitantes, así como por la distancia de los Estados Unidos. A mi se me hace que el caso de Vietnam es más parecido al de Cuba porque también aquél país tuvo una guerra con EE.UU. y un embargo… Son dos reformas distintas, pero ambas han tenido éxito. El Gobierno cubano está haciendo pequeños cambios en ciertos sectores, como en las barberías y los taxis (a modo de prueba, una parte de sus titulares pueden trabajar como cooperativistas o autónomos). Y me han dicho que los negocios han mejorado sus condiciones y servicio. Sería otra prueba de que un cambio en tal sentido funciona.

Pero muchos economistas coinciden en que esas reformas son insuficientes y demasiado lentas para resolver los graves problemas económicos del país.

Es que, en mi opinión, el sistema no da. A eso me refería antes, y le recuerdo otros datos. En la producción de azúcar, se ha pasado de ocho millones de toneladas a sólo una este año, si se llega. La producción de petróleo y gas se expandieron con rapidez en cierto momento, pero el año pasado la primera cayó y la segunda se estancó. El número de turistas aumentó en el 2009 en un 3%, pero los ingresos bajaron en un 10%. La producción de níquel disminuyó. Y en el primer trimestre del año también ha caído la agricultura, cuando Cuba importa el 80% de los alimentos que consume. Las exportaciones de bienes y su valor han bajado mucho mientras las importaciones han seguido creciendo, de manera que el déficit en la balanza comercial llegó a los diez mil millones de dólares hace dos años. Eso se ha compensado en parte con los servicios que Cuba exporta a través de sus profesionales en Venezuela, que en el 2008 representaron unos 5.000 millones de dólares. Luego están los precios preferenciales a los que ese país vende petróleo a la isla, así como sus inversiones directas aquí. En total, unos 8.000 millones. Todo eso implica una alta dependencia; un alto riesgo. Si Venezuela, que traviesa una difícil situación económica, no puede mantener su ayuda a Cuba, y sobre todo si Hugo Chávez pierde las elecciones, Cuba podría sufrir una crisis similar a la de los años noventa. Luego está la crisis mundial, que añade dificultades de crédito a los problemas de liquidez que este país tiene.

Algunos analistas creen que las concesiones a los presos son una vía de escape que el Gobierno se ha dado para que no se hable tanto de las dificultades económicas y el inmovilismo ante ellas.

Yo no sé por qué no se acaban de hacer los cambios estructurales que se anunciaron. Pienso que hay división interna; que hay personas a favor de mantener el statu quo y otras, incluyendo tal vez a Raúl Castro, que están por un cambio. Si estoy en lo correcto, quizás es eso lo que bloquea el avance y provoca este gota a gota tan lento. Pero eso es especulativo. Puede que el diálogo abierto con la Iglesia sirva de algún modo para salir de los estancamientos. Tampoco lo sé. Si el proceso continúa, será un indicador muy importante para la Administración Obama y la Unión Europea, con vistas a retomar la discusión sobre el tema cubano.

Usted vive en Estados Unidos. ¿Qué posibilidades hay de que Obama y el Congreso levanten el embargo?

Obama dio pasos reales al eliminar las restricciones de los viajes y remesas de los cubanoamericanos a la isla y reanudar las conversaciones migratorias. Y en el Congreso (respecto a Cuba), los republicanos se le oponen en bloque y algunos demócratas se pasan al lado de aquellos. En las elecciones de noviembre los demócratas pueden perder la mayoría. Ahora, Obama tiene una cantidad tremenda de problemas: la crisis, las dos guerras, la inmigración, el derrame de petróleo... ¿Cómo se va a implicar el presidente en este asunto, con el Congreso, si no hay indicaciones fuertes de aquí se está produciendo un cambio que pueda ayudarle a flexibilizar el embargo? No creo que la mediación de la Iglesia tenga por objetivo cambiar la relación con EE.UU. El cardenal ha dejado muy claro que esto es entre cubanos. Pero, como observador, pienso que ese diálogo puede ser muy importante para dicha relación y la que existe con la UE.

A todo esto, no hemos hablado de la incidencia del embargo en los problemas de Cuba.

El embargo causa daño, sin ninguna duda. Yo estoy en contra, como dije por primera vez allá en 1967. Entre otras razones, porque se utiliza como chivo expiatorio para justificar los errores de política económica, cuando en realidad el problema está en el sistema. El embargo es una espina. Tenga en cuenta que el principal suministrador de alimentos a Cuba –por excepción legal en el embargo- es Estados Unidos, que es el quinto socio comercial de la isla.

Cuando se habla de cambios de sistema, habrá que tener en cuenta las consecuencias para la gente y para la estructura de protección social…

Quería tratar el tema. Los servicios sociales de Cuba, especialmente las pensiones y la atención de la salud, son insostenibles a largo plazo. Porque el proceso de envejecimiento es el más avanzado de América Latina después de Uruguay. La población activa se reduce mientras el segmento de la tercera edad crece, lo que implica un gran incremento en los costes de la salud y la seguridad social. Si no hay un cambio económico para aumentar la producción y las exportaciones, esos sistemas van a ser cada día más difíciles de mantener. Ya estamos viendo un deterioro en la calidad de la sanidad y la educación. Y el valor real de las pensiones es menos de la mitad del que tenían en 1989, antes de caer la URSS y el campo socialista. Así que las dos cosas están ligadas.

La disidencia interna y del exilio mantiene unas sorprendentes peleas internas en torno al diálogo con la Iglesia y a un proyecto de ley de varios congresistas de EE.UU. para liberar los viajes de sus conciudadanos a la isla y aliviar las restricciones al comercio de productos agrarios.

El exilio ya no es el que era hace veinte o treinta años. Por el envejecimiento de los dirigentes y por la entrada de inmigrantes cubanos con una actitud diferente. Las encuestas de la Universidad Internacional de Florida demuestran esa diferencia, tanto con respecto al voto, que entre los jóvenes va mucho más a los demócratas, como sobre el embargo. El porcentaje de cubanos de Miami en contra del embargo es cada vez mayor. Pero, además, hay un grupo en el exilio que se lucra con todo esto; que está interesado con que continúe la confrontación porque viven de ella. Pero eso es también cierto aquí, donde asimismo hay gente que desea que se mantengan el embargo y la confrontación para preservar su situación. Hay intolerantes en ambos lados, y se retroalimentan. Con el conflicto no se ha conseguido absolutamente nada. Y ahora, cuando de pronto se abre un pequeño espacio de esperanza, hay personas que empiezan a criticar el proceso y a los implicados en él. Lo lógico sería esperar a ver qué pasa. Pero no: ya empiezan a bombardear el diálogo para intentar abortarlo. Personalmente, cuando se ha abierto una posibilidad de diálogo, siempre he estado presente. Aún al costo de perder amistades, como me ocurrió en 1978, cuando las conversaciones dieron como fruto la liberación de seis mil presos políticos y la reunificación de la familia cubana. No sé si ahora ocurrirá lo mismo, pero estoy aquí y me alegro. Pagaré un precio, pero lo asumo con la esperanza de volver a ver frutos como aquéllos. Porque ¿cuál es la alternativa que se ofrece? ¿Una cruenta guerra civil? ¿Qué el pueblo pase más cada día más necesidades, a ver también si ocurre una explosión? Me parece inhumano que personas que viven de manera acomodada busquen la solución a los problemas de Cuba a través de la necesidad o de la guerra.

¿Qué influencia tiene Fidel Castro hoy en Cuba?

Después de su enfermedad, la importancia de Fidel Castro en Cuba ha ido declinando. Él sigue escribiendo sus Reflexiones, que fueron muy relevantes hasta hace un año o año y medio. No hay que descartarle como un factor, pero mi impresión personal es que su influencia ha disminuido.
Share:

0 comments:

Publicar un comentario