martes, 15 de junio de 2010

Mi trabajo ¿es usted?

Por Ortelio González Martínez.

No imagino cuándo fue la primera vez que maltrataron a un usuario en una unidad gastronómica; tampoco quién fue el primer "pipero" que le echó agua a la cerveza, o aquel que alteró el precio de un producto.

En medio de esfuerzos y sobreesfuerzos por rescatar los buenos modales, el maltrato y el deterioro de la imagen y calidad de muchos servicios parecen estar a la orden del día.

Unas veces por culpa de quienes los brindan y otras por parte de quienes los recibimos. Es un problema de mentalidad y exigencia.

Es difícil imaginar cómo en el país de la amabilidad, gentileza y trato exquisitos, al decir de quienes vienen de "afuera", algunos de los de adentro se empeñan en dar un reflejo equivocado de la realidad cubana.

No pocos le echan la culpa a las bondades de un sistema social que da posibilidades y tiene al hombre y su bienestar como lo primero.

Quizás esta benevolencia influya, pero lo más importante -reitero- es la mentalidad de las personas, aliñada, claro está, con dosis de buen hacer.

Los ejemplos cotidianos aparecen por doquier. Prefiero detenerme solo en algunos que pueden haber sucedido a más de una persona y en cualquier lugar del territorio nacional.

Hace solo unos días, en el Conejito del kilómetro 179, de la Autopista Nacional, perteneciente al municipio de Aguada de Pasajeros, provincia de Cienfuegos, le sirvieron de muy mala gana a un comensal un cuarto de pollito "frito" y frío, y una cerveza caliente. Muy cercano al lugar, en el "servi" que brinda servicios en CUC, otro exigía la existencia de agua natural fría en pomos, a lo cual la empleada de turno respondió con la más sencilla de las frases: "la demanda es mucha y no tenemos agua fría".

No es un secreto, por ejemplo, que parte de las tiendas recaudadoras de divisas no son las mismas de antaño cuando, con una reverencia de buen trato, atendían al cliente. A ello se agregan productos vencidos en el área de expendio, o sin tener los precios a la vista. Son solo algunos de los deslices que carcomen el buen trato.

¿Y qué decir de la archiconocida frase de "estamos cuadrando la caja"?

En medio de la plausible ofensiva por rescatar el buen servicio y modales de quienes nos sirven, llama la atención cómo nosotros mismos, los afectados, no acabamos de poner en el colimador a los máximos culpables.

No hace mucho, en una unidad avileña de expendio de bebidas alcohólicas, ante la presencia de los inspectores, varios usuarios embriagados por la desazón, comenzaron a protestar porque se detuvo el servicio, sin tener en cuenta que la investigación era en su beneficio.

Que las personas soliciten lo que les corresponde es lógico, pero no existe costumbre de hacerlo, más bien impera la complacencia y el conformismo de no reclamar los deberes a quienes violan las normas, los precios y maltratan de las formas más insospechadas.

Con ese pensamiento entronizado, cada día escasearán más los buenos gastronómicos, dependientes y otros muchos prestadores de servicios, aunque duela reconocerlo.

Además de la mentalidad creadora, se necesitan personas capacitadas, administradores exigentes y clientes que dejen de ser ese ente pasivo sobre los que se ensañan los timadores.

De los administradores o el gerente, nadie lo dude, depende gran parte del buen o mal servicio. Donde existen los exigentes y responsables que ponen el beneficio social sobre el suyo propio, es poco probable la alteración de precios, de las normas o que timen al cliente.

El trato amable, cordial y agradable debe ser el mejor aliciente para que la frase Mi trabajo es usted, sea candor vivo y no letra muerta.
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