domingo, 28 de noviembre de 2010

Lo que viene es más miseria.

Por Arnaldo Ramos Lauzurique.

Como es habitual en estos 50 años, el régimen cubano está alertando sobre el recrudecimiento de hipotéticas agresiones enemigas. Los gritos de "viene el lobo" se hacen más insistentes, mientras más se agrava la situación económica y social, tratando que la gente olvide sus verdaderos problemas.

Desde 2008 crece el aluvión de propaganda sobre los efectos para Cuba de la crisis mundial y el cambio climático. Y más recientemente, de una pretendida guerra atómica, así como la letanía sobre los "siniestros planes" del socorrido Luis Posada Carriles.

Pero los problemas son otros. Ya en el primer semestre de 2010, según la Oficina Nacional de Estadísticas (Juventud Rebelde, 29 de agosto de 2010), la producción agrícola disminuyó un 7,5%, sobre igual período de 2009, pero el desabastecimiento va más allá de esa reducción, ya que según otras informaciones oficiales, no todo lo que se produce se cosecha, no todo lo que se cosecha se transporta y no todo lo que se transporta se comercializa y llega al consumidor final.

La zafra azucarera 2009/10 es posible que no haya alcanzado un millón de toneladas, por lo que apenas quedarían disponibles unas 300 mil toneladas para exportar, una notable reducción con respecto a los 3 millones de toneladas que se exportaban como promedio de 1995 a 2002. El resto de la industria está sintiendo los efectos  de la falta de suministros importados y de producción nacional, y el transporte se reciente por causas similares. No hay que decir, que como derivado de lo anterior, el comercio, la distribución, los servicios y el nivel de vida sufren las consecuencias.

El régimen, agobiado por una situación que no puede resolver, ensaya soluciones parciales que han quedado paralizadas, como ha sido la eliminación paulatina de los comedores obreros, o los pálidos intentos de reducir el racionamiento; y se decidió, ahora precisamente, a eliminar el añejo problema del exceso de personal en los centros de trabajo estatales.

Raúl Castro reconoció que más de un millón de trabajadores sobran, pero cálculos conservadores indican una cifra superior a un millón y medio.  Para los 5 millones de empleados actuales, ello significa que de cada 10 trabajadores sobran 3, para un 30%, que si se suman a unos 86 mil, clasificados ya como desempleados, alrededor de 200 mil que no estudian ni trabajan, pero que no buscan empleo, porque en su mayoría realizan actividades ilícitas y un número desconocido de los interruptos y disponibles actuales; significa que alrededor d 1,8 millones de personas quedarán sin empleo, para una tasa del 34%, sobre una Población Económicamente Activa de 5,3 millones, mucho mayor que el 16% que se calculaba para las tenebrosas temporadas de tiempo muerto, anterior a 1958.

Las últimas cifras conocidas son de unos 150 mil trabajadores  por cuenta propia y ahora se pretende agregar, no menos de un millón y medio, y de inmediato medio millón hasta el primer trimestre de 2011, sin que se pueda prever como esa enorme masa, podrá obtener materiales, herramientas, materias primas e incluso locales para realizar sus actividades, cuando se carece de recursos para importaciones y producciones adicionales, y muchas empresas estatales están paradas o trabajan a baja capacidad por falta de medios para producir. Ni tan siquiera de forma ilegal podrían obtener los recursos, en un país donde cada vez hay menos bienes que robar. Además el listado de actividades por cuenta propia no incluye adiciones de importación, ni ampliaciones de su contenido, como no sea la posibilidad de contratar trabajadores.

Por el contrario se han ampliado los gravámenes. Además del impuesto sobre ventas o servicios y el de ingresos personales, que abusivamente grava como utilidades más del 60% de los ingresos al reconocer como mínimo sólo el 40% como gastos, incluye ahora la contribución a la Seguridad Social, con un mínimo de 87,50 pesos (moneda nacional) y un máximo de 500 pesos mensuales.

A eso se añade  el impuesto por la contratación de trabajadores, que ascenderá al 25% de los salarios que se calculen, no por los salarios reales, sino basados en una vez y media el salario medio de la provincia correspondiente, con la salvedad anunciada, que mientras más personal se contrate, mayor será el gravamen, lo cual limitará la contratación de trabajadores, cuando paradójicamente se proclama y se necesita propiciarla.  Por todo ello los cuentapropistas deberán dedicar tiempo adicional a llevar controles relativamente engorrosos.

Se suma también un nuevo aumento de las tarifas eléctricas, adicional al de 2005 y que por aplicarse a los consumidores de más de 300 Kwh, mensuales, se enfila precisamente a incrementar los gastos de los cuentapropistas. Por ejemplo los consumidores de 500 Kwh mensuales, hasta noviembre de 2005, al mes pagaban 109 pesos. A partir de allí  y hasta noviembre de 2010, han estado pagando 374 pesos y en 2011 pagarán 459 pesos. Quien se atreva a consumir 5,100 Kwh, deberá pagar, si no se suicida antes, la fabulosa cifra de 13,959 pesos, cantidad 33 veces superior al salario medio de 2009.

A cualquier persona honesta, renuente a hacer trampas, debe asustarle enrolarse en una empresa como ésta, que sólo le traerá esfuerzos, dolores de cabeza y muy probable pérdidas.

La tragedia se completa porque los disponibles recibirán seis meses de subsidio como máximo, pero los más jóvenes, con menos de 10 años de servicio, solamente por un mes. Lo que quiere decir que la mayoría, y de inmediato los más jóvenes, irán a nutrir las actividades ilegales, principalmente la delincuencia común, lo cual acarreará un mayor deterioro social, con una expansión súbita de la ya amplia población penal y peores condiciones de reclusión.

A ello se une una disminución drástica del dinero en circulación al dejar de subsidiarse a los interruptos y disponibles actuales y al millón y medio que quedará desempleado, que con el salario medio de 427 pesos mensuales informado en 2009, totaliza unos 7,686 millones de pesos al año, que representa el 30% de los 25,625 millones que se pagan actualmente en salarios. Cuando deje de subsidiarse el último disponible, esos 7,686 millones representarán una enorme reducción de la demanda solvente. Aún cuando se eleve en alguna medida la actividad privada, ésta tendrá como freno esa reducción de la demanda, a menos que el régimen encuentre algún modo de inyectar ese caudal de dinero en la circulación.

Además se planea (Trabajadores, 11 de octubre de 2010) que las medidas adoptadas, en especial la reducción de plantillas, deben incrementar la productividad apenas en un 5%, que si se lograra con la reducción de la fuerza laboral ocupada entre el 20 y el 30%, significaría que el PIB alcanzado en 2009 (a precios de 1997) se reduciría entre un 16 y un 24%, lo cual representaría un dramático deterioro del ya erosionado nivel de vida de la población, sólo comparable con el que ocurrió entre 1989 y 1993.

Si el régimen se atreve a llevar hasta el final esa drástica reducción del empleo sin una consecuente, transparente y amplia apertura económica, convertirá en un verdadero caos un escenario ya de por sí crítico. Pero ante el temor de que el problema se le vaya de las manos, quizás haga como hizo cuando intentó eliminar los comedores obreros y el racionamiento, que quedaron paralizados apenas al comienzo.

Hay pues tres alternativas, el caos, el estancamiento y la temida apertura.

El principal obstáculo que tiene el régimen para crear soluciones coherentes y efectivas radica en un asunto cardinal: el modelo económico. Cuando Fidel Castro escribió que fue una profunda ironía suya decirle a Jeffrey Goldberg que el modelo cubano "no sirve ni para nosotros", no se percató o no quiso admitir que la profunda ironía radicaba en que el modelo cubano no existe.

La sociedad moderna sólo conoce un modelo económico efectivo, la economía de mercado en todas sus variantes. El modelo socialista estatal estalinista fracasó en toda la línea y el modelo socialista de mercado, que aplican chinos y vietnamitas ha funcionado gracias al amplio uso de los resortes del mercado, con la utilización de capital y tecnología extranjera, acceso a los grandes mercados, el incremento de las empresas privada, la propiedad privada de la tierra, un mercado interno más libre y demás medidas de ese carácter.

En lugar de ello, el régimen sigue chapoteando juguetonamente, tratando de hacer creer que crea soluciones, a la par que entretiene con la amenaza de un cambio climático que demora, una guerra atómica que no ocurrirá, y una agresión enemiga siempre anunciada y nunca ejecutada.

No, no viene el lobo. El lobo está en nuestra casa hace 50 años, disfrazado de jefe del núcleo, comiéndonos las entrañas. Lo que viene es más miseria.
Share:

0 comments:

Publicar un comentario