viernes, 31 de agosto de 2012

El caso Assange y un olvidado incidente de asalto y muerte en La Habana.

Por Domingo Jorge Delgado.

El gobierno cubano ha salido a respaldar la "inviolabilidad de las sedes diplomáticas" al calor del conflicto desatado por el otorgamiento de asilo político al ciudadano autraliano Julian Assange, refugiado en la embajada de Ecuador en Londres.

"Sería suicida para el Reino Unido porque más tarde se podrían violar las sedes diplomáticas en todos los rincones del planeta y no tendrían qué decir”, advirtió el presidente ecuatoriano Rafael Correa al Reino Unido sobre la posible entrada de fuerzas británicas a la embajada del país suramericano para capturar a Assange, reclamado en extradición por las autoridades suecas.

La impetuosidad del presidente Correa, ha condenado a una medida cautelar de prisión provisional indefinida a Assange dentro de un recinto diplomático,en abierto desprecio a las normas elementales del Derecho Internacional y al principio que rigen las Relaciones Diplomáticas.

Pero tal vez Correa necesita un ejercicio de memoria histórica. Esa misma impetuosidad debería utilizarla para cuestionar al gobierno totalitario de Cuba cuando reclama que sean respetadas las sedes diplomáticas en todos los rincones del planeta. Si alguien debiera alzar la voz para denunciar la hipocresía del régimen cubano es precisamente Ecuador.

Los ecuatorianos nunca deben olvidar que el 13 de febrero de 1981, un grupo de cubanos ingresaron por causas políticas en la embajada del Ecuador en la Habana. El embajador Jorge Pérez Concha expidió un documento a cada uno de los ingresados, autorizándoles la permanencia en el recinto diplomático en calidad de refugiados y bajo la protección del Gobierno Nacional del Ecuador.

Eran en total 14 personas, entre ellas tres mujeres y cuatro menores.
Todavía estaban frescos los sucesos de la Embajada del Perú que desencadenaron el éxodo del Mariel en el verano de 1980. El régimen cubano no estaba dispuesto a tolerar que un incidente semejante condujera a otra crisis de magnitudes incalculables para el país. La reacción fue inmediata y drástica. La embajada ecuatoriana fue cercada de inmediato por fuerzas policiales y todos los servicios básicos le fueron cortados.

Después de siete días de negociación para que se permitiera la salida del embajador y de los diplomáticos y se garantizara un trato humanitario a los cubanos, Ecuador decidió conceder asilo político al grupo. Los refugiados liberaron al embajador Pérez Concha y la misión regresó ese mismo día a Quito dando por terminada la crisis..

Sin embargo, el acuerdo fue violado y las tropas cubanas invadieron violentamente la sede diplomática.

Los cubanos refugiados fueron desalojados de la embajada mediante todo tipo de fuerza por agentes de Tropas Especiales, dirigidas por el General Patricio de la Guardia, y bajo la dirección personal in sito del actual gobernante Raúl Castro Ruz y el Ministro del Interior Ramiro Valdés Menéndez. El asalto se produjo sin la autorización del presidente Jaime Roldós Aguilera, único funcionario autorizado por la Constitución ecuatoriana para ello.
Desalojo con fuerza letal

Lamentablemente, en ese desalojo ilegal murió el joven Juan Owen Delgado Temprana, de 15 años, a consecuencias de la fuerza letal ejercida en territorio ecuatoriano.

La lista de los que fueron sacados con fuerza brutal del recinto diplomático es la siguiente:

1.  Sergio Alvarado Fumero
2.  Mercedes Benita Balanza Expósito
3.  Rolando Félix Camejo Loaces
4.  Jorge Rafael Delgado Fernández (menor)
5.  Pascual Ovidio Delgado Fernández
6.  Rómulo Juan Delgado Fernández
7.  Germán Delgado Temprana (menor)
8.  Owen Delgado Temprana (menor fallecido a consecuencias de los golpes recibidos)
9.  Reylan Delgado Temprana (menor)
10. Carlos Manuel Márquez Rodríguez
11. Gilberto Mario Moreno Balanza
12. Lázaro Omar Moreno Balanza
13. María Elena Moreno Balanza
14. Elsa Temprana Alonso

El presidente Sixto Durán Ballén, su canciller Diego Paredes Peña y su vicecanciller Marcelo Fernández de Córdova, limpiaron la mancha que tenia el Ecuador y el honor del ya fallecido Roldós Aguilera con el pueblo de cubano.

Durán Ballén y su ejecutivo consideraron que esos prisioneros políticos, sentenciados a penas de hasta de 42 años en las cárceles cubanas, seguían bajo el amparo de Ecuador por haber violado el gobierno de Cuba la soberanía ecuatoriana en su sede diplomática.

Por la firme postura del gobierno ecuatoriano, los cubanos fueron finalmente liberados y enviados a Quito el 17 de diciembre de 1992.

Sería oportuno que el presidente Correa aprovechara también el recordatorio y en un acto de plena justicia histórica le exigiera explicaciones a su homólogo Raúl Castro sobre los hechos ocurridos el 11 de diciembre de 1961, en la embajada de Ecuador en la Habana, donde murió baleado por la policía el ciudadano cubano Candelario Fraga. Este hombre logró penetrar 50 metros dentro del territorio ecuatoriano en busca de asilo político.

Si como ha revelado el presidente venezolano Hugo Chávez, Fidel Castro se mantiene al tanto de la posición de Ecuador respecto al caso de Assange, cabe imaginar que Correa esté recibiendo disposiciones por parte del anciano ex gobernante sobre violaciones del Derecho Extraterritorial, dado el largo historial de transgresiones de Cuba en esa materia.

Del mismo modo, debe estar recibiendo adiestramiento sobre contención de la libertad de expresión. Como buen alumno, en los últimos años Correa ha demandado a 25 políticos, periodistas, e instituciones, entre ellos al diario  El Universal, condenado a pagar una multa de $40 millones de dólares. Todo ello con el erario público a nombre de la Revolución Ciudadana.

Si Correa y el ex juez de la Audiencia Nacional española Baltasar Garzón, condenado a 11 años por las escuchas de la red de corrupción Gürtell y ahora a cargo de la defensa pro bono de Assange, se deciden presentar el caso en La Haya, encontrarán en el Tribunal de Justicia Internacional  una interpretación ajustada a derecho sobre la Convención de Refugiados de Naciones Unidas de 1951, la Convención de Viena de 1961, la Convención de Caracas de 1954, y la Ley Interna de 1987 del Reino Unido.

De nada le valdrá a Correa tratar de ocultar su doble moral so pretexto a la defensa de la "inviolabilidad diplomática”. Quisiera equivocarme, pero Correa ha demostrado ser de esos presidentes que aparentan estar cerca de la Constitución y el Derecho Internacional para actuar lejos del espíritu de las leyes y los tratados internacionales.

Me imagino también que no quiera recordar ahora el atropello cubano contra la Embajada de Ecuador en La Habana hace 31 años.


Share:

0 comments:

Publicar un comentario