miércoles, 29 de agosto de 2012

Interrogando a Lezama Lima (xvi)

Ciro Bianchi: Si repasamos sus libros nos encontramos que aparte de sus compañeros de generación, sólo dos escritores nuestros fueron tocados por usted: Martí y Casal. Sin embargo, últimamente son muchos los autores cubanos que ha estudiado. Se encuentra empeñado no sólo en la investigación sino en ofrecer también una valoración justa. ¿Por qué no lo hizo en la juventud y sí en la tristicia caducitatis?

Lezama Lima: A Julián del Casal le dediqué un ensayo y de Marti he hecho varias referencias. A esto he añadido un ensayo largo sobre Zenea, poeta cuya vida y cuya obra será un permanente enigma de nuestra literatura y lo que habrá que hacer siempre es darle vueltas a ese enigma añadiéndole nuevos anillos a una incontenible irradiación, porque gran parte de su vida y de su obra será siempre un misterio, pero esos misterios, más que aclararlos, lo que debemos pretender con ellos es que mantengan la vida de su fulguración. Hay poetas que logran por lo menos penetrar o esclarecer el fondo de sus vidas, pero para otros, y ese es el caso de Zenea, ese fondo fue movedizo, en extremo peligroso y cuando despertó se encontró en la garganta del diablo. Son en realidad los poetas cubanos en los cuales me he fijado con más detenimiento, después, por razones de trabajo y de preferencias, hice una Antología de la poesía cubana desde Espejo de la paciencia hasta Martí. Yo no quería de un autor señalar tan sólo un poemas excepcional que no tuviera interrelación con sus otros trabajos poéticos y procuré mostrar una cuantía de cada autor donde el lector hiciera su propia elección. Pero si alguna generación se ha ocupado y se ocupa de los más jóvenes fue la de Orígenes, pero a un poeta joven hay que descubrirlo y encubrirlo para cuidarlo del daño y de la maldición. Descubrirlo y cubrirlo para que se desenvuelva sin riesgo innecesario en la pradera y en el río. Si se le descubre y no se le encubre, se desasosiega.
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