jueves, 11 de julio de 2019

¿Mayor salario con 'chavitos' sin valor?

Por Roberto Álvarez Quiñones.

La polémica Ley de Say, del economista francés Jean Baptiste Say, postula que toda oferta genera su demanda, pero Miguel Díaz-Canel y su ministro de Economía, Alejandro Gil,  sostienen que es la demanda la que crea oferta.

Por eso han decretado una subida de salarios y pensiones por más de 7.000 millones de pesos anuales, que significa lanzar para la calle una masa de dinero que elevará sustancialmente la demanda,  para así "aumentar la producción", y  valga el absurdo.

Si muchos economistas opinan que en algunos aspectos Say no tenía razón, de los dos jerarcas castristas citados hay que decir que botaron la pelota al colocar los bueyes detrás de la carreta. Porque otra ley económica, y bien probada en la práctica, muestra que los salarios no pueden ser aumentados si no hay un incremento de la tasa de productividad laboral y un aumento de la producción y los servicios.

Es simple. El aumento de la cantidad de dinero en circulación eleva la demanda y, de no haber más producción o más importaciones, los precios se disparan, devoran los aumentos de salarios y reducen el poder de compra del dinero.

En Cuba la única forma justa y razonable de aumentar los miserables salarios socialistas y que los bueyes vayan delante de la carreta es liberando las fuerzas productivas, pero la dictadura se niega.  Además, de ninguna manera el Gobierno podrá obtener del sector productivo estatal los miles de millones de pesos adicionales necesarios para pagar el aumento salarial y de pensiones. Ello  provocará un mayor déficit presupuestario y aumento de la deuda nacional.

Los países normales tienen una política monetaria. Los bancos centrales suben o bajan las tasas de interés para contraer o aumentar la liquidez del país, o sea, el cash en el bolsillo de la gente, el acceso al crédito, y el dinero depositado en los bancos que sus titulares pueden sacar en cualquier momento. Lo hacen para que haya cierto equilibrio entre demanda efectiva y oferta, y  mantener la inflación bajo control. Eso en Cuba es impensable, y ni se conoce.

El economista Pedro Monreal, residente en la Isla, pronostica que para el segundo semestre de 2019 el aumento de sueldo va a traer una demanda extra en alimentos de 2.550 millones de pesos (CUP), que forzará un aumento del 50% en las ventas de alimentos con respecto a igual período de 2018.  Para que el aumento de sueldo no genere inflación, Cuba tendría que aumentar en un 50% la producción de alimentos, o importarlos, ¿pero con qué divisas?

Populismo para aliviar descontento popular.

Este aumento de sueldo suena bonito, pero es un engaño. Ocurre sin dar más libertad al sector privado. Y aunque al "presidente" le disguste la palabrita, sí es populismo. Es un recurso político-psicológico para calmar el creciente descontento popular por el nuevo "Periodo Especial".

Entre 1993 y 1995 hubo en Cuba mucho dinero en circulación sin la necesaria oferta de bienes y servicios. La pérdida de valor de compra del peso fue tan pronunciada que Fidel Castro, en julio de 1993, legalizó la circulación del dólar, reabrió los mercados campesinos, y tomó otras medidas. Recuerdo que para adquirir un "fula" (dólar), ya legal,  había que dar hasta 150 pesos o más. 

Dada aquella experiencia, el propio Díaz-Canel se estuvo negando a subir los salarios. Argüía que no existía una contrapartida material para asimilar un aumento de la masa monetaria. Y ahora, por razones políticas, pone en circulación adicionalmente miles de millones de pesos en salarios y pensiones a casi tres millones de personas que no producen bienes de consumo. Y sin que el Estado tenga más divisas para la importación de alimentos y bienes, debido a la crisis en Venezuela.

La prueba de que el régimen no va a conceder más libertad económica es que mientras en La Habana se anunciaba el aumento de salarios era condenado a diez años de cárcel en Holguín uno de los mayores productores porcinos de Cuba, Bismar Rodríguez, por crecer mucho económicamente.

Para "evitar la inflación" ya el Ministerio de Finanzas publicó la lista de precios de obligatorio cumplimiento que regirá para el sector estatal y el privado. Es otra expresión de ignorancia en materia económica, que también tienen muchos en la Isla luego de tantos años de comunismo.

En general, la población en Cuba cree que poner un tope máximo a los precios es algo favorable. Falso. Los topes de precios causan el efecto contrario: agravan la escasez porque reducen la oferta  y los precios suben en el mercado informal, y a la larga también en el mercado formal.

"Pan para hoy y hambre para mañana".

Y es lógico. Los productores al ver caer sus ganancias por el tope de precios, al punto de que muchas veces no cubren  los costos, producen menos, o no producen, como arma de presión para que se eliminen los topes. Muchos esconden lo producido para comerciarlo en el mercado negro, pero más caro, pues le pasan al precio de venta el alza que pagan por sus insumos, equipamiento, materias primas, etc., y también el riesgo que corren de recibir multas, o hasta prisión. O sea, todos pierden, pues el mercado negro es el principal del país.

Este aumento del salario mínimo a 400 CUP (16.60 dólares) y el salario promedio a 1.067 CUP (44.40 dólares), que tanto ha alegrado a muchos, es "pan para hoy y hambre para mañana".

De no abrirse la mano al sector privado habrá más escasez y una elevada inflación que golpeará a todos los consumidores, pero más fuertemente a quienes tienen salarios mínimos y los pensionados. Se devaluarán el peso común y el convertible. La gente tendrá un poco más de dinero, pero apenas sin valor. Podrá comprar poco, o porque no lo hay, o porque es muy caro.

Lo peor aquí es que el nuevo salario mínimo, de 16.60 dólares mensuales, sigue estando por debajo del nivel de pobreza extrema establecido por el Banco Mundial (BM). En 2015 el BM elevó de 1.25 dólares diarios a 1.90 dólares su límite de ingreso diario para identificar la pobreza extrema. El salario mínimo cubano está por debajo de ese límite dramático.

A la par del Africa Subsahariana.

El promedio salarial general de 44.40 dólares apenas bordea los 1.90 dólares diarios, y solo la canasta básica de alimentos cuesta casi el doble de esa cantidad, según periodistas independientes. En materia salarial hoy Cuba está a la par con el Africa Subsahariana, pero hace 61 años se paseaba entre las naciones con más altos salarios de Latinoamérica y del mundo, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El salario promedio de un obrero cubano industrial en 1958 era de 130 dólares, y un dólar de entonces equivalía a casi nueve dólares de 2019, según el sitio web "El dinero en el tiempo". O sea, el abuelo obrero cubano hace seis décadas ganaba unos 1.130 dólares de hoy, 25 veces más que su nieto obrero que hace lo mismo y hasta en la misma fábrica que su abuelo.

Y ni qué decir de los jubilados que en la Isla seguirán recibiendo una pensión media de diez dólares mensuales (242 pesos). La pregunta para el "revolucionario" Raúl Castro: ¿Cómo se puede vivir con diez dólares mensuales?

Todo puede agravarse. Si ya el poder adquisitivo del peso CUP es muy bajo, al aumentar ahora el dinero en circulación caerá más aún y pasará a ser un "chavito" , papel mojado sin apenas valor de compra.

Pero el general y su Junta Militar quieren ganar tiempo con esta medida del más manoseado populismo. Tienen la esperanza de que una "negociación" saque a Maduro de Miraflores pero deje el poder real en manos de militares y civiles chavistas, y que Donald Trump pierda las elecciones en 2020.
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