lunes, 7 de septiembre de 2020

El fin del CUC y lo que se avecina para los cubanos.

Por Javier Prada.

Los rumores acerca de la pronta unificación monetaria ganan mayor veracidad en la medida que se amplía el comercio en divisas mediante las tiendas MLC, mientras en el mercado subterráneo la moneda estadounidense mantiene una tasa de 1.50 CUC por cada dólar. La medida, tan ansiada como temida por los nacionales, vendría acompañada de otras normativas diseñadas para contener, probablemente sin éxito, la inevitable inflación; además de quitarle más responsabilidades al Estado en lo concerniente al tema de los subsidios.

CubaNet tuvo acceso a información sobre la aplicación de algunas de esas medidas en el venidero trimestre. Aunque las autoridades mantienen en silencio y “en estudio” todo lo relacionado a este particular, los datos obtenidos se ajustan a lo publicado en esta página el pasado 25 de agosto, y también al actual contexto de emergencia para intentar paliar la crisis sanitaria y económica que mantiene al país en números rojos.

Se espera que en los próximos seis meses los cubanos puedan cambiar en CADECAS y bancos todo el efectivo en moneda CUC, de acuerdo a la tasa vigente de 24×1. Pasado ese período, el chavito quedaría devaluado a razón de 20 pesos por CUC, y los vueltos en todas las tiendas recaudadoras de divisas (TRD) serían en moneda nacional, algo que desde hace un tiempo se aplica en algunos establecimientos comerciales de la capital.

Los salarios tendrían un nuevo aumento en proporción al incremento en el costo de los productos que se adquieren por la libreta de abastecimiento, debido a que los subsidios desaparecerán excepto en casos y bienes específicos. Con el nuevo reordenamiento de precios, salarios y tasas de cambio, se maneja que el monto total de la canasta básica sin subsidiar ascendería a poco más de 1500 pesos, aunque hasta el momento no se ha precisado qué otros productos serán incluidos en la cartilla para justificar el pago de una suma tan elevada.

El salario mínimo, por consiguiente, no podría ser inferior al costo de la canasta básica y no habría límites en cuanto a la cantidad de dinero a devengar por los trabajadores estatales que laboren en empresas eficientes. Como parte de la nueva política de incentivos para aumentar la productividad, las empresas tendrían la potestad de pagar el rendimiento de los empleados con sus propias utilidades y distribuirles en ciclos trimestrales el remanente de las mismas, una vez liquidadas las cuotas fiscales obligatorias.

Por tanto, quedaría eliminado el concepto de “estímulo” mensual, innecesario una vez que se modifique la escala salarial sin límite de ganancia; y se mantendría el impuesto sobre los ingresos personales para cualquier trabajador que reciba más de tres mil pesos al mes. El dinero descontado sería incluido en el presupuesto del Estado.

En el ámbito académico los aumentos se verificarían de conformidad con el grado científico. Se espera que un Licenciado cobre 400 pesos sobre su salario por concepto de categoría, y un Máster en Ciencias 800 pesos. A ello se añadirían ajustes relacionados con la categoría docente; pero no se precisa si otras cargas laborales (impartición de conferencias, participación en tribunales académicos, tutorías de tesis, revisión de exámenes de ingreso) también serían remuneradas o continuarían siendo gratuitas, para disgusto de los profesores.

La contraparte a esta alentadora relación esfuerzo-salario sería el alza brutal en los precios, que prácticamente mantendría incólume la actual desproporción entre el costo de la vida y el bajo poder adquisitivo de la moneda nacional, sobre todo si se toma en consideración que casi ninguna empresa estatal funciona de manera eficiente.

De ser finalmente aprobado, el paquete de medidas supondría enormes desafíos para el sector empresarial cubano siempre corto de recursos, personal idóneo y capacidad inversionista. Propiciaría otro nivel de desigualdad salarial entre quienes trabajen en entidades rentables y los que pertenezcan a instituciones subsidiadas, impedidas de autogestionarse fuera del férreo control estatal.

Con todo y lo funesto que ha sido el año 2020, lo que se avecina para 2021 no luce mucho mejor. La pandemia seguirá un tiempo más entre nosotros y lo que el castrismo tenía pensado hacer sin prisas pero sin pausas, ahora deberá ejecutarlo a grandes trancos en un escenario totalmente adverso. Para los cubanos sigue siendo necesidad primordial la unificación de la moneda, al menos para tener una visión coherente de la economía del país y ocuparse por entero de lo único que importa desde hace meses: conseguir dólares a como dé lugar.

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