viernes, 18 de septiembre de 2020

El pacto entre castrismo y reguetón surtió efecto.

Por Ana León.

Jorge Junior.

“Si no me quitan la multa, voy a ser uno más en contra de esta mierda”. Con esas palabras Jorge Hernández Jr., director del grupo Los Cuatro, puso en jaque al régimen cubano, en una directa en Facebook que dio mucho de qué hablar. El reguetonero había sido multado el pasado 12 de septiembre con 3 000 pesos por supuestamente haber realizado una fiesta en su casa y subido las imágenes a la red social; un acto que enseguida fue puesto bajo la lupa por la reportera oficialista Paquita de Armas.

En sus declaraciones Jorge Jr. aseguró, entre un mar de ofensas a la columnista de Cubadebate y amenazas de volverse disidente, que no hubo tal fiesta, solo estaban grabando un videoclip. Fueran o no ciertas sus palabras, ya la prensa oficial reconoció el pasado día 14, mediante una breve nota, que hubo un “error condicionado por la inobservancia de lo establecido en la norma jurídica, aplicándose otro inciso del decreto que no correspondía con la infracción cometida”.

El monto de la multa fue rebajado a 2 000 pesos que ya el reguetonero debe haber abonado. De lo contrario estaría hablando pestes del castrismo, como prometió que haría si en un plazo de 72 horas (cumplido el día 15) la medida en su contra no era retirada. El incidente ha quedado atrás sin otras concesiones ni exabruptos por ambas partes, pues la experiencia ha demostrado que el ímpetu del flow acaba en la línea verde, o se retira hasta Miami para vociferar desde allá y asegurar, con su repentino anticastrismo, la residencia.

Sin embargo, lo sucedido con Jorge Jr. no deja de ser interesante y hasta patéticamente risible, en tanto desmonta el alarde de uno de los tipos más “salvajes” que ha dado el reguetón cubano, que ya es mucho decir, y la parloteada firmeza del régimen a la hora de sancionar a los ciudadanos. Como dice un refrán acerca de la igualdad, es evidente que “algunos son más iguales que otros”. Por menos de lo que hizo Jorge Jr. en su domicilio, hay cientos de cubanos multados con tres mil pesos y pendientes de juicio.

El castrismo ha tenido que lidiar con sonadas “deserciones” en los predios del reguetón, cuyo encumbramiento favoreció desde inicios del presente siglo para relegar a un segundo plano otros géneros, como el rock o el rap, que volvían a los jóvenes demasiado rebeldes y cuestionadores. Todos los escenarios de Cuba estuvieron a disposición de la nueva sonoridad, desde las tarimas improvisadas hasta el Carlos Marx. Si bien el acceso a las disqueras cubanas no se produjo de inmediato, los reguetoneros contaron con absoluta libertad para gestionar sus proyectos, que incluían estudios de grabación caseros muy bien equipados.

“Los Cuatro” figura entre las agrupaciones más apoyadas por las Empresas Comercializadoras de Música y Espectáculos, premiadas en eventos nacionales y recibidas con los brazos abiertos en los programas estelares de la televisión; mientras artistas de otros géneros advertían la homogeneización de la música cubana bajo la influencia de un mismo ritmo, acompañado de un lenguaje cargado de estridencias, autobombo y guapería barriotera.

El pacto entre castrismo y reguetón para continuar embruteciendo masivamente a los cubanos surtió efecto. No obstante, el convenio terminó haciéndose incómodo para los custodios de la cultura debido a la imposibilidad de controlar tanto a un puñado de intérpretes con altísimo poder de convocatoria, como al público que los sigue, radicalmente opuesto al ideal del hombre nuevo.

La directa de Jorge Jr. en redes sociales expuso sin ambages la connivencia política implícita en los contratos del régimen con sus artistas, a quienes permite prosperar sin trabas en tanto no critiquen su administración. En un arrebato que algunos complacientes achacan al estrés causado por el encierro en tiempos de la COVID-19, el reguetonero amenazó con enfrentarse si no le permiten ganar sus frijoles como y cuando él estime conveniente.

Nada tendrá que decir en contra del sistema mientras no lo perjudiquen. Su falta de entereza engrandece el coraje de opositores, activistas y periodistas independientes que denuncian sin descanso so pena de ser multados, recibir una paliza o terminar en la cárcel por ejercer su derecho a la libre expresión siempre dentro de un marco de respeto, algo de lo que no puede presumir el polémico reguetonero.

Son muchos los artistas cubanos con una ética similar a la de Jorge Jr., solo que éste cometió el desatino de reconocerlo en público, sin prever que sus declaraciones lo harían quedar como uno más que calla por oportunismo. Aquellos que creían que los fanáticos del “perreo” iban a “perrear” este desastre hasta el fondo y ponerle fin, con su soez irreverencia, a 61 años de totalitarismo, ya deben haber comprendido que nada hay tan distante de un tipo duro como un reguetonero formado en el socialismo.

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