viernes, 18 de diciembre de 2020

Jubilada cubana: “¿Dónde hay soga para ahorcarme?»

Por Iván García.

Faltan dos semanas, pero ya el nuevo ordenamiento monetario hace agua. Las numerosas críticas, dudas y debates en redes sociales y comentarios en publicaciones oficiales como Cubadebate, han provocado una intensa polémica en la sociedad.

Para Félix, ingeniero, las nuevas reformas monetarias son puro espejismo. Una trampa financiera, un truco contable que pretende poner orden en el caos económico de Cuba, un país donde han llegado circular tres monedas, y cuatro tipos de canje diferentes. “El próximo ordenamiento monetario está mal implementado. Forma parte de un paquete de 33 medidas, diseñadas supuestamente para incentivar a la economía. Pero antes del paquetazo, lo más sensato era echar andar las PYMES (pequeñas y medianas empresa), reordenar el trabajo por cuenta propia, quitarle las trabas a los productores agrícolas, liberalizar las importaciones y exportaciones de negocios privados y personas jurídicas, para que llegado el momento de la unificación monetaria, estuvieran creadas las bases de un sector que generara bienes y servicios», argumenta y añade:

«En mi opinión, el gobierno ha hecho mal las cosas. Comenzaron a construir el edificio de arriba hacia abajo. Además, un elemento sumamente impopular entre la mayoría de los cubanos, como las tiendas de alimentos en dólares y la venta de insumos a campesino en divisas, provoca que el dólar se haya convertido en la moneda de referencia. Lo del aumento salarial es una vergüenza. Lo han multiplicado por cuatro, pero el alza en la factura de la electricidad, por ejemplo, se ha elevado por cinco. Otros gastos, como los de la canasta básica, aumentan un 200 por ciento. Los salarios solo alcanzarán para comer poco y mal, pagar luz, agua, transporte y no a todos le alcanzará para pagar teléfono e internet. No piensan que las personas también necesitan comprar ropa y calzado, cortarse el pelo con un barbero o peluquera, leer libros, ir al cine y al teatro y disfrutar unos días de vacaciones».

Diario Las Américas conversó con 16 personas, profesionales o simples ciudadanos. Todos coinciden que la inflación devorará el aumento salarial.

La pregunta que se hace Eduardo, economista, es cuánto tiempo demorará la inflación en tragarse la subida de los salarios y pensiones. “Puede demorar seis o un año, pero sucederá. La unificación monetaria y un grupo de medidas para reactivar a la economía eran necesarios, pero han llegado tarde y algunas de esas medidas tienen fiscalizaciones del Estado que son innecesarias. El ordenamiento monetario había que implementarlo, pero no en medio de una fuerte crisis económica y una pandemia de alcance mundial. ¿Qué sucede? Que no hay un respaldo productivo, ni una oferta de bienes y servicios para complementar las reformas monetarias. Antes del Día Cero, que entrará en vigor el viernes 1 de enero de 2021, ya habían subido los precios. Se han frenado un poco los controles, multas y amenazas del gobierno. Pero los precios topados tienen un efecto a corto plazo y provocará que esos productos desaparezcan de los mercados.»

Eduardo considera que las previsiones en la producción de granos, alimentos y productos agrícolas «son todas a la baja debido, por no contar con fertilizantes y maquinarias modernas. El rendimiento por hectárea ha caído a menos de la mitad. La industria alimenticia nacional, por falta de inversiones, se ha descapitalizado. Eso echa por tierra el deseo del gobierno de reducir a la mitad las importaciones de alimentos. Eso confluye con una falta de liquidez que se aumenta por medidas aplicadas por la administración Trump, disminución de remesas y de turistas por el Covid-19”.

Según el economista, la necesidad de divisas obligó al régimen a crear una red de tiendas en dólares que ha generado un gran descontento popular, sobre todo las de alimentos. «Se le ha mentido al pueblo. Con el dinero de las ventas en las tiendas por dólares no se están comprando alimentos para las tiendas por cuc y pesos, que se encuentran desabastecidas. De manera silenciosa, se siguen abriendo tiendas y ofertando servicios en dólares como los de ómnibus interprovinciales Vía Azul o las abusivas tarifas en dólares que la Aduana pretende aplicar a la entrega de paquetes que por vía aérea, marítima o postal llegan del extranjero. Pero la tapa al pomo se la puesto la bestial subida de la factura eléctrica. Una familia, con aire acondicionado en su habitación y en la de sus hijos y un grupo de electrodomésticos modernos, que al mes pagaba entre mil y 1,200 pesos, que ya era bastante, ahora se multiplica por cinco y puede alcanzar más de 4 mil pesos. Eso ha generado tremendo descontento. Y provocará que esa subida de la electricidad, las empresas estatales y negocios particulares se lo sumen al precio de venta minorista, aumentando aún más la inflación y afectando la competitividad de los emprendedores privados, que por disponer de equipos más modernos y aire acondicionado en sus locales consumen más electricidad”.

A todas luces, los ganadores de este nuevo ordenamiento monetario son las empresas estatales exportadoras de bienes y servicios, casi todas propiedad del sector militar. Daniel, ex contable de una empresa de capital mixto, afirma que “sobre todo se beneficiarán empresas exportadoras como el tabaco, ron, níquel, servicios médicos, ETECSA y turismo -las dos últimas controladas por capital de empresas militares- aunque en otras, de manera máso menos camuflada, también participan militares. Al valorar cada dólar que le entra por 24 pesos, tendrán un mayor excedente para invertir en reparaciones y pagos a sus trabajadores, quienes serán los que más cobren en Cuba. El resto de las empresas tendrán que ser subsidiadas o quebrarán. Entre las menos rentables están las de la industria alimenticia y por eso, algunas tratarán de insertarse en la cadena de venta de las tiendas por dólares. Pero serán más las empresas que tendrán pérdidas que las que obtengan beneficios, lo que repercutirá en una tasa mayor de desempleados”.

Osniel, dueño de una cafetería de comida criolla, está convencido que el gobierno ha emprendido estas reformas para quitarse de encima a los paticulares. “Apenas nos menciona en las mesas redondas televisivas. Somos algo desechable, no prioritario. En estos diez meses de la pandemia el sector privado ha sido el más afectado. Más del 60% de los negocios han tenido que entregar sus licencias. Los más afectados, gastronomía y hospedajes, que dependen del arribo de turistas. Si un otorgamiento de crédito amplio, con tasas impositivas disparatadas, donde debemos pagar el 50% del dinero que devengamos si tenemos ventas superiores a 30 mil pesos, cuando el impuesto se le debiera situar a las ganancias, no a las ventas. Y, encima, con un mercado minorista sin apenas ofertas, una subida brutal de la electricidad, que no vas ahogar y obligar a subir demasiado los precios de venta, sin la posibilidad de adquirir divisas legalmente. Y por si no bastara, al alzar los salarios, no podemos pagarle a nuestros empleados sueldos similares o mejores que los estatales. Los salarios que los privados pagamos dependen de la ganancias que obtengamos. El gobierno nos está condenando a muerte”.

En un grupo de Facebook donde las personas suelen compartir lo que ofrecen las tiendas en dólares, Bárbara Herrera, jubilada, escribió un comentario dramático: “¿Alguien me puede decir dónde hay soga para ahorcarme? Soy jubilada y con el alza de los precios y tarifas sólo me va alcanzar para comprar los mandados de la bodega”. Si se revisan las redes sociales y la prensa nacional, se descubrirá que una amplia mayoría de los cubanos que desayunan café sin leche no espera nada bueno del próximo ordenamiento monetario. Waldo Fernández, periodista independiente, colgó en su muro de Facebook: «En Cuba a partir del 2021 tendremos lo peor de ambos mundos. Socialismo sin subsidios y capitalismo sin libertad». Suena profético.

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