lunes, 21 de diciembre de 2020

"O compro comida o pago la luz."

Por Iván García.

Las piruetas ideológicas de Fidel Castro siempre pillaron descolocado a Carmelo, un ex militar jubilado que el próximo 5 de enero cumplirá 82 años. En 1958 era dependiente en la tienda por departamentos La Época, en Galiano y Neptuno, en el corazón de La Habana, y recuerda que una tarde, mientras almorzaba en una fonda del barrio de Colón, un amigo que militaba en el Movimiento 26 de julio le propuso tirar volantes contra la dictadura de Fulgencio Batista desde la azotea de un edificio colindante al malecón.

“Por la emisora Radio Rebelde, que clandestinamente escuchábamos en casa de mis padres, yo había oído hablar de Fidel y su guerrilla en la Sierra Maestra. Ese amigo me captó para el Movimiento 26 de julio. Recaudar dinero, tirar volantes, poner petardos, cosas así. Tenía 19 años y de política no sabía mucho. Solo aspiraba a que el pueblo viviera mejor”, rememora Carmelo sentado en una butaca de su casa en la barriada de La Víbora.

La revolución de Castro fue como un huracán. En año y medio cambió de una narrativa humanista, democrática y liberal a un discurso populista y polarizador. “Cuando todo el mundo estaba embobado con las promesas de elecciones libres y un grupo de medidas que tuvieron amplia aceptación popular como rebajar la tarifa eléctrica, otorgar la propiedad de la casa, cobertura universal de salud pública y oportunidades para que cualquier cubano cursara estudios superiores, un buen día se apeó con el discurso de que éramos comunistas y aliados de la Unión Soviética, se comenzó a cuestionar las religiones y a quienes no apoyaban a la revolución. En 1960 cerraron todos los periódicos. Los hechos se sucedieron muy rápido. El país se radicalizó. Los cubanos de una misma familia comenzamos a vernos como enemigos. Pero de eso me di cuenta demasiado tarde”.

Carmelo pasó cursos militares en la antigua URSS y participó en misiones internacionalista en Siria, Angola y Etiopía. Jamás se cuestionó ninguna estrategia política del «máximo líder». En lo personal no entendía por qué el gobierno cerró miles de pequeños negocios en 1968, encarceló homosexuales y creyentes en los espantosos campamentos de la UMAP o sin las debidas garantías jurídicas fusilaba a los enemigos de la revolución. Aceptó que le prohibieran cartearse o hablar por teléfono con una tía que vivía en la Florida. También, haber tenido que separarse de su primera esposa por ‘recomendación’ del partido comunista, pues ella le había sido infiel cuando él peleaba en una selva africana.

En 1995, Carmelo se licenció del ejército con el grado de mayor. Dos años después fue jefe de un almacén de la corporación CIMEX. “El gobierno siempre pretende confundir a la gente mezclando el agua y el aceite. Una cosa es no estar de acuerdo con el bloqueo norteamericano, con ciertas políticas guerreristas de la Casa Blanca y otra es haberles otorgado un cheque en blanco para que hagan lo que les dé la gana. La revolución concluyó tras la aprobación de la Constitución 1976 cuando se legitimó un Estado Socialista. Trabajé en turismo y te puedo asegurar que los más corruptos son los funcionarios del partido comunista. La mayoría procede del sector militar y son más burgueses que los Julio Lobo o los Gómez Mena”, afirma y añade:

“Esas aguas trajeron estos lodos. Al darle amplias prerrogativas a los servicios de Seguridad del Estado y a los altos mandos de las FAR, ofreciéndoles participación en negocios militares, ya no se puede hablar de justicia social. Hace rato que el gobierno cubano es una casta que no paga ni la telefonía móvil, internet, luz eléctrica y reciben cestas de comida, combustible y muchísimos privilegios. La tarea ordenamiento es parte de ese plan para consolidarse en el poder. Si funciona, las empresas de GAESA, que son las más beneficiadas, redoblarán sus ganancias, si el ensayo fracasa, prueban con otro. El que pierde es el pueblo. Así descaradamente lo dicen entre ellos: ‘Si la inflación devora el salario, nos ponemos a inventar’. Ningún funcionario cuestiona quien al artífice de ese disparate económico, un auténtico Frankestein financiero armado por Fidel Castro que dirigía la nación como si fuera una bodega. El tarifazo de la electricidad, si no dan marcha atrás, es una bomba de tiempo que puede desencadenar una estallido social”.

Nunca una subida de salarios ha sido tan impopular. En las calles, es casi unánime el descontento por un grupo de medidas y alza de los precios en medio de un feroz desabastecimiento y una crisis económica que ha reducido a menos del 50 por ciento la producción de alimentos.

Yoel, jubilado, lleva una hora haciendo la cola en un banco del Vedado para cobrar su nueva chequera. “Pregúntenle a cualquier pensionado si está contento con el nuevo ordenamiento. La más impopular de las medidas es el alza de precio de la electricidad. Pero es que todo va costar entre cinco y siete veces más caro y mi pensión solo crece tres veces. Es el mismo perro con diferente collar. El dinero no alcanzaba con la otra pensión ni va alcanzar con esta. Lo que sucede es que con el nuevo ordenamiento las deudas que tendrá la gente será de miles en vez de cientos de pesos”.

Diego, economista, considera algunas medidas eran necesarias, “pero las cuentas están mal sacadas. La canasta alimenticia solo resuelve para diez días. Y esos veinte días que restan para completar el mes es el problema, porque los precios del agro y en el mercado negro se duplicaron o triplicaron. Y luego del 1 de enero, por culpa del tarifazo de la luz eléctrica, los precios aumentarán más, aunque el gobierno tope precios y desate una cacería de brujas contra los vendedores. La demanda supera a la oferta y las tiendas en MLC son la única opción. La gente acudirá al mercado negro a comprar dólares, que subirá a 80, 90, 100 pesos. El gobierno no está escuchando al pueblo: si la mayor parte de los cubanos están en desacuerdo con las tiendas MLC y la nueva tarifa de electricidad, lo razonable sería suprimirlas ”.

Oneida, profesora y madre soltera de dos hijos, opina que los gobernantes debieran renunciar en masa. Antes el salario no alcanzaba, ahora solo alcanza para comprar un poco de alimentos, casi siempre de pésima calidad, y pagar la electricidad. En mi caso ni eso. Al tener dos aires acondicionados y varios electrodomésticos, la factura me aumenta a cinco mil y pico de pesos y mi nuevo salario es de cinco mil. O compro comida o pago la luz. ¿Los planificadores y sesudos del gobierno no tuvieron en cuenta esas realidades? Tampoco pensaron que una familia necesita ir al cine, comprar libros y en el caso de la mujeres ir a la peluquería. Alegan que muchos de esos precios suben porque esas empresas tienen que comprar el dólar a 24 pesos. Y descaradamente traspasan el problena a los ciudadanos, que a ninguno de ellos los hemos elegido. Es descomunal la ineficiencia de este sistema».

Y se pregunta: «¿Entonces por qué los productos de las tiendas, los servicios de ETECSA y las ofertas del turismo no bajan de precios si esas empresas salen beneficiadas al tener ahora mayores márgenes de ganancias?». Ella misma se responde: «Porque todo lo que dicen es mentira”.

Es habitual que la autocracia verde olivo culpe al pueblo de sus disparates y errores en el manejo de la economía y la administración de los recursos públicos. Vale la pena reproducir lo que en marzo de 2005 reportaba un periodista independiente en Cubanet: «El anuncio de Fidel Castro, de vender una olla arrocera de fabricación china por núcleo familiar, sorprendió a los cubanos, especialmente a las mujeres reunidas en el Palacio de las Convenciones de La Habana, donde celebraban el acto central conmemorativo del 8 de marzo. Según Castro, la medida ayudará a reducir el gran consumo de energía eléctrica existente en el sector residencial, debido al uso desmedido de fogones eléctricos fabricados por el ingenio popular, la mayoría con alambres sustraídos de empresas estatales, y además reducir el elevado gasto de combustible, fundamentalmente kerosene o luz brillante y alcohol».

Dos meses después de aquel anuncio, puso en marcha una Revolución Energética. En abril de 2011, el economista disidente Arnaldo Ramos, fallecido en 2016, en el blog Desde La Habana afirmaba: «El mayor desatino de la Revolución Energética de Fidel Castro fue obligar a la poblacion a cocinar con electricidad. En el país se distribuyeron 2,5 millones de hornillas eléctricas a los núcleos que cocinaban con kerosene o gas licuado de petróleo -el 71,4% de los hogares- lo cual fue una de las causas fundamentales que contribuyó a incrementar la generación total de electricidad y en especial el consumo residencial. Un especialista del ramo, demostró que entre la cocción con gas licuado de petróleo y con electricidad, el primero era mucho más económico, no solo para la economía familiar, sino para la nacional. Pero nadie se atreve a darle marcha atrás a la disparatada iniciativa de Fidel Castro».

De aquel desatino han pasado quince años y los actuales gobernantes olvidan que fue «su comandante en jefe», el que llenó las casas cubanas de ollas arroceras y hornillas eléctricas, también televisores y refrigeradores chinos, porque el 90 de la población que recibía salarios en pesos, y no podía adquirir los electrodomésticos modernos que el régimen vendía en divisas. La gente tuvo que inventar, fabricar fogones y ventiladores. Ése fue el pretexto para comenzar la cacareada Revolución Energética. Las arroceras y cocinas eléctricas que siguen funcionando, ahora con el aumento del recibo de la luz, para ahorrar, las familias intentarán no usarlas.

Otro momento de la insolencia de los mandarines castristas ocurrió cuando Ramiro Valdés, un clon local de Dzerzhinski, en un recorrido por Santiago de Cuba, justificó los ‘subsidios indebidos’ con la expresión que ‘el pueblo se acostumbró a vivir del Estado’. No se acostumbró. El régimen lo impuso. Como implementó la libreta, las organizaciones de masas y un ‘paquetazo’ sin consultar con la ciudadanía

Fue el propio Fidel Castro, en un rapto de lucidez, quien le dijo a un periodista estadounidense que el modelo cubano no funcionaba ni para nosotros mismo. El disparatado sistema no va a funcionar con remiendos, experimentos ni más economía planificada. Hay que enterrarlo. No queda otra.

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