viernes, 12 de marzo de 2021

¿Y la pobreza y la carestía de la vida en Cuba qué?

Por Orlando Freire Santana.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) acaba de publicar el informe Panorama Social de América Latina 2020. El documento indica que ese año cerró con 209 millones de personas pobres en la región, lo que representa un aumento de 22 millones de pobres con respecto al 2019. La cifra significa que actualmente el 33.7% de los latinoamericanos se halla en la pobreza.

De igual modo, la CEPAL asevera que, como resultado de la pandemia del coronavirus, uno de cada tres latinoamericanos está afrontando una carestía moderada de los bienes y servicios que necesitan para la vida.

El periódico oficialista Juventud Rebelde, en su edición del 5 de marzo, se hizo eco de esta información, y aprovechó para arremeter contra el gobierno ecuatoriano de Lenin Moreno, como si esta nación fuese la única responsable por las cifras negativas que reportó la CEPAL.

Claro, es probable que semejante destaque de las debilidades de otros sea utilizado por el castrismo para tratar de encubrir sus números referidos a la pobreza y carestía de la vida. Números que nada tienen que envidiarles a los más tétricos de la región.

La mayoría de los jubilados en la isla, aun con los aumentos de sus pensiones en el contexto de la Tarea Ordenamiento, no llegan a ingresar dos dólares diarios, lo que los coloca por debajo de la línea de pobreza. Por supuesto que consideramos el tipo de cambio que, más o menos, dicta el mercado (un dólar por 40 pesos cubanos), y no el cambio arbitrario fijado por el gobierno, solo respetado por los bancos estatales, de un dólar por cada 24 pesos cubanos. Incluso la pensión mínima de 1.528 pesos mensuales, que daría un equivalente a 38 dólares, casi roza la línea de un dólar diario, que significa pobreza extrema.

Por otra parte, tenemos que los tres primeros grupos de la nueva escala salarial cubana, entre los 2.100 y los 2.300 pesos mensuales tampoco llegan a los dos dólares diarios. Se trata de grupos salariales a los que pertenecen un importante número de trabajadores de la producción y los servicios.

Con respecto a la carestía de la vida que ha traído la Tarea Ordenamiento, `podríamos acudir a una encuesta publicada por el propio Juventud Rebelde en su edición del pasado 13 de febrero (“Del cálculo, la planificación y la realidad”).  De un total de 247 personas encuestadas de diversas provincias del país, el 39.2% respondió que el salario de enero no les alcanzó para llegar hasta el día de cobro en febrero.  El 21.05% dijo que les alcanzó, pero no satisfizo sus necesidades.  Al 1.2% el salario no les llegó ni a la mitad del mes, mientras que el 2.4% no tuvo salarios porque estaban desempleados.

A otra pregunta, esta vez acerca del destino dado a su salario, el 99.4% de los encuestados, es decir, casi todos, afirmaron que buena parte de su salario se dedicó a adquirir alimentos en la economía sumergida (bolsa negra), a precios muy superiores a los que fija el gobierno. Eso, debido al desabastecimiento que exhiben los mercados estatales.

La citada encuesta también se refirió a nuevas actitudes de las personas ante la carestía, como renunciar al servicio de los mensajeros que les traían los mandados de la bodega, prescindir de la suscripción a los periódicos nacionales, ver menos tiempo la televisión, no comprar especias naturales para cocinar, no poner los Split y aires acondicionados, y reducir las salidas a restaurantes y cafeterías.

Son evidencias que indican que los gobernantes cubanos no debían criticar a nadie cuando la CEPAL hable de aumentos de la pobreza y la carestía de la vida en América Latina.

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