jueves, 9 de diciembre de 2010

Cubanos al borde de un ataque de ira.

Por Iván García.

La tensión social se puede cortar con un cuchillo. Se nota a golpe de vista. Les cuento. En un bus de la Línea P-3, repleto de pasajeros, un señor negro y flaco estalló en cólera y armó una encendida trifulca con un estudiante. Sólo porque lo habían pisado.

Además de patadas, y puñetazos, a cada swing de un enorme machete del hombre, totalmente descontrolado, provocaba el rugir temeroso de las casi 200 personas que atiborraban el ómnibus. La gente escapaba por las ventanas para evitar ser herido.

Poco después, dos choferes de vehículos estatales se liaron a golpes en la calle. El detonante fue que uno de ellos, de forma brusca, había realizado un giro arriesgado y estuvo a punto de provocar una colisión. Los que iban dentro de los autos también tomaron parte en la lucha callejera.

En la noche del mismo día, unos tipos con el alcohol por las nubes, iniciaron sin motivos aparente una 'guerra' de piedras, armas blancas y malas palabras a todo pulmón en un tranquilo barrio del municipio 10 de octubre. Los vecinos, aterrados, miraban la pelea múltiple por las ventanas.

Demasiada violencia para un solo día. Como suele ocurrir, la policía llegó tarde. Por si no bastaran estos incidentes violentos en distintas zonas de La Habana, llegaban reportes de otros en diferentes localidades de la isla. Algunos terminaron en actos de protesta contra el régimen. El más sonado fue el de la ciudad de Santa Clara. La chispa que desencadenó la reyerta fue la no exhibición en un teatro del esperado duelo Barcelona-Real Madrid.

En Bayamo, famosa porque en 1868 numerosos habitantes de la villa prendieron fuego a sus casas y propiedades antes de entregarlo al ejército español, un grupo de cocheros armaron jaleo por lo que ellos consideran impuestos abusivos.

Un periodista independiente me comentaba que en el mes de octubre, sólo en el municipio habanero de Arroyo Naranjo, había enumerado cerca de 100 casos de violencia exagerada entre familiares, bares de la peor calaña, centros nocturnos y barrios marginales.

Un sociólogo consultado asegura que una de las causas del aumento de la tensión social y el descontento, que últimamente se han producido en la isla, son el desempleo, la falta de futuro y los elevados impuestos al trabajo por cuenta propia. Antaño, el gobierno solía abrir la puerta a la emigración hacia Estados Unidos cuando el contexto social pintaba feo.

En 1963, 1980 y 1994 cientos de miles de cubanos huyeron a la Florida para escapar de una vida sin esperanzas. Ahora los Castro saben que no pueden quitar la válvula a esa olla de presión que se llama Cuba, provocando una oleada migratoria masiva.

Altos militares del Pentágono públicamente han dicho que se consideraría un acto de guerra tal acción. Por tanto, el desagüe a las tensiones de los atribulados cubanos pudieran ser unas reformas económicas y políticas serias y profundas.

Mientras los sesudos locales buscan respuestas efectivas a los brotes de violencia, la gente de a pie, por cualquier cosa, arma una riña.

Es un asunto serio. Una bomba de relojería de consecuencias incalculables. Créanme, lo que está por venir no son precisamente buenas noticias para los hermanos Castro.
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