lunes, 21 de octubre de 2019

A seguir viviendo del exilio.

Por Gladys Linares.

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Eran casi las seis de la tarde, cuando leí en el periódico que en la Mesa Redonda se le informaría a la población sobre nuevas medidas económicas adoptadas por el gobierno. Enseguida llamé a un vecino, para avisarle y que no se la fuera a perder. Estaba acostado, pues según me dijo, debido a la falta de transporte tiene que levantarse muy temprano para llegar al trabajo, y se agota mucho. Cuando le expliqué la causa de mi llamada, me espetó: “No te embulles, que esas medidas van a ser para jodernos, como siempre­­”. Después de ver la Mesa Redonda, tuve que darle la razón.

Se trata de la próxima venta de una serie de artículos, principalmente electrodomésticos, a precios considerablemente más bajos que los actuales. Al referirse a estas nuevas disposiciones, el Granma, periódico del Partido Comunista de Cuba, si bien con el habitual galimatías que caracteriza a dirigentes y prensa, plantea “garantizar que las personas puedan comprar en el país equipos de calidad con precios competitivos”, y con el mayor cinismo afirma que estos artículos sólo se podrán adquirir a través de tarjetas magnéticas, con dólares, aunque se aceptará el resto de las monedas libremente convertibles que actualmente se cambian en el país, que serán llevadas a dólares según la tasa vigente al momento del depósito. Este podrá ser hecho desde el extranjero o en el país, pero en el segundo caso sufrirá el gravamen del 10 % impuesto al dólar por el gobierno cubano.

El vicepresidente Valdés Mesa, en su comparecencia en la Mesa Redonda, aseguró: “Se requiere ese financiamiento -los dólares depositados en las tarjetas magnéticas- para abastecer la red comercial de la nación, pues hoy nuestros mercados están desabastecidos. Este será un proceso gradual, en el que no empezaremos con una gama abundante de productos, sino con una limitada cantidad para posteriormente comenzar el proceso de reaprovisionamiento y tomar otras decisiones”. Nadie sabe cuáles serán esas otras decisiones que anunció el vicepresidente, pero la mayoría sí está convencida de que, como dijo mi vecino, “siempre serán para joder al pueblo”.

Muchos ciudadanos se preguntan cómo se las arreglará nuestro gobierno para vender a esos precios. Suponen -no sin razón- que van a empezar por la gran cantidad de equipos que han confiscado en el aeropuerto. De lo que a nadie le quedan dudas es de que el objetivo fundamental de esta medida es acabar con la actividad de miles de cubanos, que viajan y traen para vender artículos deficitarios y de calidad, con gran aceptación. Con esta forma de comercio han elevado su nivel de vida. También constatan que la realidad de las sociedades democráticas no es como la cuentan aquí, y trasmiten sus experiencias a otros ciudadanos. Ese hecho preocupa al gobierno, al que no le interesa el bienestar del pueblo, sino ejercer el control absoluto sobre él. Este se les está yendo de las manos y no están dispuestos a permitirlo­. Queda por verse si lo logran, porque el comercio interno goza de muy mala reputación no solo por el maltrato al consumidor, sino también por las frecuentes estafas que hasta la prensa refleja.

Y es que, aunque los tiempos no son los mismos, quienes hemos vivido en otras épocas situaciones similares en Cuba sabemos reconocer que esta es otra de sus “ofensivas revolucionarias”, que siempre han acabado de forma drástica y traumática para los ciudadanos emprendedores, con cárcel y confiscación de sus bienes, a la vez que han sido ejemplarizantes para la población.

Pero para llevar a la práctica su tenebroso plan necesitan dinero, y para sacárselo, a quién mejor que a los cubanos del exilio, esos que tienen que irse del país con las manos vacías. “Idearon este turbulento plan para chupar del exilio y mantener la dictadura, porque claramente así no se desarrolla el país”, reflexiona un conocido, “como buenos comunistas su premisa siempre ha sido ‘Pidiendo, siempre pidiendo’, y ahora le toca al exilio. Quieren desarrollar ese vicio en la ciudadanía: no les conviene que se arraiguen valores como la honradez, la dignidad, la tenacidad, el amor al trabajo, pues de ser así, los cubanos exigiríamos poder comprar con nuestro sueldo los bienes que necesitamos para vivir con decoro”.
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