martes, 24 de marzo de 2020

¿Dónde está metido Raúl Castro?

Por Roberto Álvarez Quiñones.

Si el general Raúl Castro por fin da la cara hoy o mañana, o la dio ayer para al fin ponerse al frente y enfrentar como dictador que es la lucha contra la expansión del coronavirus, ello no me impide que destaque aquí algo que es importante tener en cuenta.

Hace muchos años, en Cuba me enteré de que Fidel Castro se disgustaba con su hermano Raúl porque siempre en momentos difíciles o en situaciones de crisis, cualquiera que esta fuese, se deprimía, y se aislaba preferiblemente con botellas de ron o whiskey a la mano.

Para solo citar las dos situaciones difíciles más cercanas en el tiempo  a la pandemia del coronavirus, recordemos el huracán Irma en 2017 y el enorme tornado que en enero de 2019 arrasó grandes áreas de La Habana.

En el caso del huracán, sus impactantes consecuencias y el periodo posterior, el general estuvo ausente todo el tiempo. Durante más de tres semanas estuvo fuera del escenario público siendo jefe del Partido Comunista (PCC) y presidente del país (todavía lo era). Y según los expertos, fue ese huracán el más poderoso que nunca ha tocado suelo cubano, y el más grande formado nunca en el Atlántico.

Durante 72 horas golpeó el 75% del territorio nacional. Destruyó por completo 10.446 viviendas y causó daños inmensos a otras 53.232; acabó con el 35% de la superficie cañera del país (435.000 hectáreas) y decenas de miles de hectáreas de cultivos básicos para la población; destruyó o causó estragos en instalaciones turísticas y agravó la ya deteriorada infraestructura del país, incluyendo la generación de electricidad, la vial, y la industrial.

Pero Castro II no dio la cara. No visitó las zonas afectadas. Evidenció así  que, siendo un hombre cruel capaz de matar y hacer sufrir a sus compatriotas, es a la vez un inepto. Está incapacitado para dirigir un Gobierno.

Lo que sí hizo fue lanzar las tropas especiales a las calles para evitar protestas, como las ocurridas en La Habana y Matanzas, y militarizar el país. Nombró a tres de sus principales generales de tres estrellas (miembros de la todopoderosa Junta Militar) como delegados suyos a cargo de toda la Isla, por encima del Buró Político, del Gobierno, de toda la estructura institucional del Estado, y de los jefes de los tres ejércitos del país. O sea, militarizó el país para evitar protestas. Y punto.

La misma desaparición del dictador se produjo luego de que el 27 de enero de 2019 un tornado, también el más grande y destructor conocido jamás en Cuba con vientos de 300 kilómetros por hora, devastó áreas de La Habana, causó cuatro muertos y unos 200 heridos, y destruyó o dañó gravemente 3.780 viviendas.

El general no solo no se preocupó directamente en el terreno por los muertos y heridos, sino que al otro día, 28 de enero, en vez de visitar las zonas destruidas con cientos de familias sin techo, sin agua, electricidad, ni alimentos y viviendo en la calle, lo que hizo fue encabezar una jubilosa "Marcha de las Antorchas" para rememorar la que protagonizó su hermano 66 años atrás.

Machado Ventura es quien dirige el país.

Y ahora, con la amenaza de que el coronavirus pudiera ensañarse con el desvalido pueblo cubano, vuelve a desaparecer, y quien ya se sabe está dirigiendo el país es el estalinista José Ramón Machado Ventura, segundo al mando del PCC y por tanto, vicedictador.

También se ha sabido (hasta en Cuba hoy casi todo se sabe) que "Machadito", instruido por Castro II, fue quien estuvo impidiendo que Díaz-Canel tomara medidas elementales de protección ciudadana como la de cerrar aeropuertos y puertos al turismo extranjero. Finalmente se adoptó, pero ya tarde, y puede que eso signifique una expansión del coronavirus que pudo evitarse.

O sea, el dueto Castro II-Machado Ventura puede que haya cometido un crimen de lesa humanidad. Como lo fue la reciente campaña internacional de Havanatur para atraer turistas de todo el mundo mientras todos los países estaban cerrando sus fronteras, o recibir en Cuba a cambio de libras esterlinas —que pagó Londres—  un crucero con personas contagiadas. Y lo ha sido negarse a cerrar las escuelas.

Estamos hoy ante una pandemia como no se conoce otra desde la llamada "gripe española", que entre 1918 y 1920 mató a 40 millones de personas en todo el mundo. Lo que tiene que hacer hoy todo gobierno mínimamente responsable es organizar bien todos sus recursos sanitarios, incluyendo en primer lugar los médicos y los medicamentos, para atender y proteger a la población.

No obstante, el régimen ha estado ofreciendo médicos y sus escasísimos medicamentos al mundo a cambio de divisas frescas. Envió 53 doctores y enfermeros  a Italia, y otros grupos de médicos a China, Venezuela, Jamaica y Nicaragua. El Gobierno de Perú confirmó que llegarán a ese país galenos cubanos para luchar contra el coronavirus.

Sacar médicos y enfermeros de Cuba cuando debiera ocurrir lo contrario, traer de vuelta a la Isla a muchos de los que están dispersos en 59 naciones, es una irresponsabilidad que expresa el menosprecio de la cúpula castrista por el pueblo cubano. En la Isla no solo no hay medicamentos, sino tampoco jabón, ni productos desinfectantes, ni de limpieza. Incluso ni agua tienen muchas comunidades a lo largo de toda la Isla.

Y es particularmente anticubano el envío de médicos al extranjero porque hoy el sistema de salud pública en Cuba se encuentra en condiciones casi calamitosas. De azotar a Cuba masivamente el coronavirus ello podría derivar en una catástrofe humanitaria.

Además, si hay un Gobierno en el mundo que debiera preocuparse  porque no se riegue el coronavirus en su país es el de Cuba, un país con una población tan envejecida y, por tanto, particularmente vulnerable al Covid-19. Ello debiera ser una gran preocupación para sus gobernantes. Pero todo indica que no lo es, al menos el dictador y su núcleo duro en el poder.

Ya sea por salud o ineptitud, Castro debe dar explicaciones.

En cuanto a la ausencia del "número uno" de Cuba en medio de tan crítica situación de peligro para toda la nación, algunos pueden pensar que, como Castro II cumplirá en junio  89 años, a lo mejor no da la cara ni se enfrenta a la crisis por prescripción médica. Pero resulta que Machado Ventura es más viejo, cumplirá 90 años en octubre, y solo de verlo caminar en los videos se ve que tampoco anda muy bien de salud.

Y vale destacar un detalle. Si la salud del general estuviese muy mal, en estado grave, ya se sabría. En estos tiempos de tecnologías sorprendentes es muy difícil ocultar algo así.

Además, no importa si su ausencia pública se debe a mala salud o si nuevamente rehúye de sus responsabilidades. Raúl Castro es el responsable de todo lo que pasa en la Isla, según él mismo se encargó de reafirmar en la nueva Constitución, al menos hasta que en 2021 se efectúe el próximo congreso del PCC.

Por tanto, está obligado a dar la cara, o en su defecto enviar un video a la TV, aunque sea desde una cama, en la que explique por qué está haciendo como el célebre Capitán Araña, aquel  personaje  español del siglo XVIII que contrataba gente y desde la península la embarcaba a combatir al Nuevo Mundo, mientras él se quedaba en tierra.
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