viernes, 20 de marzo de 2020

Medidas serias contra China y el comunismo.

Por Zoé Valdés.


Una vez más, la China comunista pone al mundo en jaque, a un nivel de peligro inédito. Podíamos imaginar que algo de esto llegaría, y todavía se puede suponer que hay posibilidades para que acontezca algo peor.

La generosidad de algunas empresas chinas tras la plaga que en estos momentos azota al mundo es cuando menos sospechosa. No debemos dar absolutamente ningún crédito, y mucho menos ahora, a todas esas raras donaciones que han comenzado a abundar en medio del caos, con no sabemos qué intenciones y proyecciones.

Para colmo, la abducida prensa nos vende como actos de generosidad estos vergonzosos actos de mezquindad que sólo confirman un anhelo como mínimo egoísta de no ser observados y mucho menos significados como lo que son, como los malos de la película, y así continuar vendiendo al mundo sus nefastas copias y sus porquerías venenosas, que sólo representan el trabajo esclavo de millones de chinos, la continuidad del sistema opresor sino-comunista con su máscara de capitalismo-socialismo, y el exterminio de la economía occidental, y cuidado también de Occidente.

En medio de la plaga, han sido capaces de anunciar a bombo y platillo una vacuna, cuya base es una droga que ya había sido creada en Japón en 2014 con el objetivo de detener todas las plagas que la China comunista ha creado desde entonces, y también el ébola. Sin ningún tipo de escrúpulos, la prensa occidental (aunque no toda, sí la gran mayoría) se toma esto como un gesto bondadoso de los comunistas chinos, y nos lo introduce en el cerebro como una gran acción de quienes nos han inoculado su pandemia. Cuánta infamia.

El caso es que la China comunista debiera ser duramente sancionada tras esta experiencia que dará al traste nuevamente con la economía mundial, nos conducirá a una crisis sin precedentes y, lo peor, arrebatará una enorme cantidad de vidas de personas que hasta hace poco gozaban de buena salud. Es inadmisible, una vez más. El mundo debe despertar de esa anestesia que se llama comunismo, mantenga los rostros que mantenga.

En medio de la que está cayendo, en España al partido comunista Podemos no se le ocurre otra cosa que armar una cacerolada en contra del Rey y de la Monarquía. Francamente, creo que no hay que esperar a que la plaga sea cosa del pasado, si es que lo logramos, para pedir la dimisión inmediata de los responsables de esta lamentable situación, del Gobierno en pleno, y de toda esta gentuza que no hace más que trepar valiéndose de las desgracias y de las épocas de crisis.

Pero pienso más, es hora de prohibir de inmediato todos aquellos partidos cuya ideología se hermane con el comunismo. Es hora de prohibir al partido Podemos en España y a todos sus iguales o símiles en Europa, tal como se ha venido haciendo en la mayoría de los países excomunistas del Este europeo.

El comunismo sólo trae desgracias, infortunios, plagas. Recuerden Chernobyl, observen ahora mismo nuestro Chernobyl, que es este Covid-19, que nos confina en una situación desesperante de Estado supra-totalitario.

No lo olviden. No hay que continuar actuando con manos tibias frente a ningún militante de Podemos. Vean lo que ha expresado una de sus discípulas en Lanzarote, la concejala Elisabeth Merino: "La naturaleza nos avisa de que hay muchos mayores y pocos jóvenes". A esta gente no les temblará la mano frente a nuestros mayores, sépanlo. Y me vale una porca miseria que después haya pedido disculpas, conocido es cómo este elemento sólo da marcha atrás para coger y renovar impulsos y arremeter con algo peor.

Nada de manos tibias, reitero. De lo contrario, un día nos encontraremos con paredones masivos de fusilamientos, después de haber presenciado los bárbaros asesinatos del Rey y de su familia, tal como ya lo perpetraron en el pasado en otras regiones del planeta.

Los líderes de la derecha y de una cierta independencia ideológica de la ultraizquierda deben tomar las riendas y entrar de una vez en acción e intervenir legalmente y provocar la prohibición inmediata de Podemos. Aunque primero que nada debieran reclamar sin ningún tipo de temores la dimisión urgente del Gobierno. Es una cuestión de vida o muerte.

Mientras tanto, en Cagonia, ex Cuba, el presidente puesto a dedo Miguel Díaz-Canel autorizó –después de ser autorizado por Castro II– que un barco británico tocara puerto llevando dentro a varios infectados por el Covid-19, no sin antes cobrar, por supuesto, la módica suma de 10 millones de euros. El histórico líder José Antonio, que impidió la entrada de un barco inglés en Cuba, y que entregó su vida para evitarlo, debe de estar revolviéndose en su tumba. Las empresas de turismo castro-comunistas, de paso, publicitan cada vez más viajes a la calurosa isla; no se cortan ni un pelo al anunciar que el virus allí sería sofocado por las altas temperaturas.

En fin, que, como se observa, los comunistas se frotan las manos, avizorando ya más ganancias que pérdidas. Al fin y al cabo, unos cuantos miles de chinos menos, si comparamos las poblaciones mundiales con la de ellos, resulta más bien, para sus ingratos sistemas, el mayor de los alivios.
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