lunes, 16 de marzo de 2020

¡Qué sindicatos más raros los de este país!

Por Orlando Freire Santana.

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Ulises Guilarte, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba.

Por estos días el señor Ulises Guilarte de Nacimiento, para no ser menos que su jefe José Ramón Machado Ventura, ha recorrido varios territorios de la geografía cubana. Mientras que Machadito se dedicaba a reunirse con los campesinos de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y los muchachos de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), a Guilarte de Nacimiento, en su condición de secretario general de la oficialista Central de Trabajadores de Cuba (CTC), le correspondía clausurar las reuniones provinciales de esa organización.

Tal como había sucedido desde que asumió esa responsabilidad, el mandamás de la CTC  intentó mantener, en la mayoría de las reuniones celebradas, una especie de equilibrio entre los dos polos principales que constituyen la línea de trabajo de los sindicatos oficialistas de la isla: la representación y la movilización de los trabajadores. Dicho con otras palabras: quedar bien con Dios y con el Diablo.

Referido al primero de los conceptos, el dirigente sindical abogó por que la CTC continuara defendiendo los intereses de la clase obrera cubana, en especial lo concerniente a la atención a los trabajadores en los procesos de reordenamiento laboral, así como el acompañamiento a los jóvenes trabajadores. Por otra parte, y haciendo válida su condición de miembro del Buró Político del gobernante Partido Comunista, Guilarte de Nacimiento enfatizó en la importancia de la labor movilizativa de los sindicatos. Es decir, el mecanismo que tiene la maquinaria del poder para controlar a los trabajadores. En este sentido insistió en la necesidad que tiene la CTC de seguir trabajando para aumentar la afiliación de los trabajadores a sus sindicatos.

Sin embargo, bastaron unas pocas palabras del jefe sindical para que su doblez rodara por tierra. Eso aconteció durante la asamblea de la CTC de la provincia de Granma. Allí el señor Gilarte aseveró que “el vínculo con la base como principal escenario de actuación, y contribuir a fortalecer la conciencia económica de los colectivos laborales, figuran entre los fundamentales retos de la Central de Trabajadores de Cuba” (“El trabajo sindical bajo la lupa”, en periódico Trabajadores, edición del 9 de marzo).

Si la vinculación con la base constituye un reto, significa que aún no se ha logrado esa condición. De ahí se deriva la desnaturalización que padecen los sindicatos oficialistas en la isla. Porque en la mayoría de las naciones, los sindicatos son entes que surgen espontáneamente, por iniciativa de los propios trabajadores. Pero en Cuba no ocurre así. El señor Guilarte ha reconocido, seguro que sin proponérselo, que los sindicatos de la CTC son organizaciones progubernamentales que emplean las instancias superiores del poder para dirigir a los trabajadores. Más claro ni el agua: la función movilizativa de la CTC sepulta por completo a su pretendida faena por representar a los trabajadores.

Lo anterior es la causa principal de la apatía que muestran los colectivos obreros hacia las actividades organizadas por los sindicatos oficialistas. Eso se refleja en la cada vez menor afiliación a esos sindicatos, así como el desgano con que se contemplan las asambleas mensuales de producción y servicios, y las actuales reuniones donde se anuncian los planes y la desagregación de los presupuestos en las empresas y entidades.

A propósito, y evidentemente enterado de lo estéril que resultan esas reuniones de planes y presupuestos, el señor Guilarte, en la citada reunión de la provincia de Granma, expresó que “Solo una mala conducción puede convertir en formal ese vital encuentro”.

Ahora la culpa recae sobre la falta de carisma de quien conduzca esas reuniones. Al parecer, el mayoral de la CTC no quiere comprender que el problema es de esencias, y no de coyunturas.
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