lunes, 16 de marzo de 2020

La Habana en tiempos de coronavirus.

Por Iván García.

La Habana en tiempos de coronavirus
La Habana en tiempos de coronavirus.

Dos perros callejeros, hambrientos y con sarna, hurgan en una montaña de desperdicios buscando alimentos. Encima de un tanque de basura volcado, un gato acecha a los ratones que pululan entre la mugre. Mientras, un anciano sin ninguna protección, registra en la basura buscando botellas plásticas para reciclar.

No es un set de una película de terror. Ni las ruinas de edificaciones bombardeadas en la guerra civil de Yemen. Tampoco una hedionda villa miseria de Puerto Príncipe. Es una esquina cualquiera de un barrio al sur de La Habana. Cientos de vertederos improvisados por personas irresponsables que tiran los desechos en cualquier sitio es una foto fija desde hace muchos años en la capital cubana.

Las autoridades, de vez en cuando, hacen una limpieza a fondo, pero desobedientes vecinos vuelven a verter basura y tarecos en el lugar. Esos vertederos son criaderos de mosquitos, cucarachas y ratones. Gérmenes de enfermedades trasmisoras como el dengue, zika, chikungunya y cólera.

Johanna, ama de casa, siempre deposita la basura de su casa en un vertedero improvisado frente a un edificio abandonado. Se encoge de hombros cuando se le pregunta porque no pone los desperdicios en un contenedor de basura. “Ya es un hábito. Todo el vecindario tira la basura ahí. Los contenedores siempre están desbordados, pues los carros recogedores de basura se demoran muchos días en pasar. Entonces la gente la deposita donde le quede más cerca de su domicilio”, se justifica Johanna.

Dagoberto, carpintero, reside a pocos metros de un basural improvisado y cuenta que “no hay manera que la gente cumpla con las leyes de higiene y urbanidad. He visto personas botando excrementos en jabas de nailon. Les da igual que estos basureros sea conviertan focos de enfermedades que pueden ser mortales”.

La Habana, una ciudad de arquitectura impresionante, está abandonada a su suerte. Debido a la falta de mantenimiento por parte de las instituciones del Estado, miles de edificaciones están en ruinas o en peligro de derrumbe. Mucha gente orina en las calles. Rodolfo, jefe de una brigada de servicios comunales, asegura que “La Habana no tiene que envidiarle a ningún suburbio pobre de la India, África o Indonesia, por la suciedad y los malos olores. De milagro no ha surgido un virus letal. Tan alarmante como la cochambre y la falta de higiene es la indiferencia de la ciudadanía y de las autoridades. Lo peor es que no hay una solución para frenar ese desastre ambiental”.

Mercedes, ex funcionaria de higiene y epidermiología, reconoce que a estas alturas, “con un país en bancarrota es muy complejo sanear la ciudad. Japón y Austria han donado camiones de basura, pero no son suficientes. Tampoco hay organismo que permanentemente vele por la limpieza de La Habana. La basura en cualquier sociedad capitalista es un negocio. Aquí ni resolvemos el problema ni dejamos que empresarios foráneos inviertan en una moderna y eficiente forma de recoger los desperdicios. Las calles de La Habana no se limpian hace más de treinta años, porque no hay camiones que hagan esa función”, explica y añade:

“Son variados los problemas que inciden en que no se pueda romper el círculo vicioso de enfermedades contagiosas en la piel o del dengue y el cólera, entre otras. Está el abastecimiento deficiente de agua, que provoca que las personas tengan que improvisar recipientes sin las condiciones requeridas de almacenamiento, la escasez de productos de aseo y medicamentos complican el panorama. La llegada a Cuba del coronavirus parece inminente, por el tráfico de turistas. Tiene muchas papeletas para convertirse en una pandemia en la Isla, por los problemas antes mencionados, por la falta de recursos y el mal trabajo de muchas instituciones estatales. Si en China, una potencia mundial, capaz de construir un hospital en diez días, han muerto casi 4 mil personas, imagínate que puede pasar en Cuba, donde la salubridad y la higiene brillan por su ausencia. A eso súmale que tenemos un tercio de la población mayor de 60 años y mal alimentada. Y por necesidad hay enormes colas en cualquier parte. El caldo de cultivo idóneo para que el coronavirus arrase”.

El régimen se toma en serio el enfrentamiento con el nuevo flagelo. Ha destinado más de tres mil camas para los posibles contagiados y varios hospitales civiles y militares a lo largo de toda la isla. José Antonio, especialista en enfermedades respiratorias, tiembla nada más de pensar que el coronavirus se pueda expandir en Cuba.

“Existe una estructura vertical de Estado, pero además de la falta de recursos, me preocupa la indolencia de los ciudadanos y no cumplan las recomendaciones establecidas. Si el virus llega será muy difícil controlarlo. La gente no tiene costumbre de asistir al médico cuando tiene una gripe e intenta curarse mediante cocimientos o automedicándose. La mayoría de los hospitales no tienen condiciones para aislar a los enfermos. Se dominan los protocolos, pero faltan los recursos. Me preocupan sobre todo los ancianos con problemas respiratorios. A eso se suma que en las guaguas llenas y en las enormes colas pueden contagiarse miles de personas”, afirma José Antonio.

Aunque el régimen asegura que hasta la fecha en Cuba no existe ningún caso de Covid-19, las autoridades acaban de tomar un grupo de medidas urgentes, en tres reuniones territoriales en las cuales han participado los responsables máximos de las provincias del occidente, centro y oriente del país. Debido a la severa sequía, la empresa Aguas de La Habana ampliará de dos a tres días el servicio de agua potable en los populosos municipios Cerro y Diez de Octubre. En Centro Habana, Habana Vieja y Arroyo Naranjo, hay zonas que reciben el agua cada cuatro o cinco días.

Rosario, jubilada que reside cerca de un hotel cinco estrellas edificado por el emporio militar GAESA, se queja de «que Aguas de La Habana instaló nueve kilómetros de tuberías para beneficiar a los nuevos hoteles y supuestamente también a los barrios adyacentes, pero hace cinco días que no recibimos agua. Desde que construyeron esos hoteles el abastecimiento de agua empeoró para nosotros. Con el coronavirus al doblar de la esquina, no tenemos agua suficiente para limpiar, fregar y lavar. Para comprar jabón tienes que hacer una cola kilométrica y si alcanzas, solo te venden tres jabones por cabeza. Si el virus llega a Cuba será como una bomba atómica. Va arrasar”.

Todas las personas con quienes hablé opinaron que las instituciones de salud pública no están preparadas para combatir con eficiencia el coronavirus. “Ni siquiera hay jabón y detergente y ahora el gobierno raciona el agua cada tres días. Es el colmo, hasta le piden a la gente que inventen su propia nasobuco (tapaboca). El coronavirus será como si un ciclón categoría cinco pasara por La Habana”, dice Ricardo, chofer de ómnibus.

A Diana, cuentapropista, le molesta la doble moral de los gobernantes. “Se pasan todo el tiempo de reunión en reunión, pidiendo sacrificios y que el pueblo ahorre. Pero quienes despilfarran recursos son ellos, con tantas reuniones y recorridos por las provincias. Deben eliminar los salideros, por donde se pierden miles de litros de agua”. Según un empleado de Aguas de La Habana, los salideros provocan que se pierda el 35 por ciento del agua que se distribuye en la capital.

Carmen, santera, reza todos los días para que “el coronavirus pase de largo. Si aterriza aquí va acabar”, dice y se santigua. Y es que La Habana está en medio de un panorama complejo para combatir al nuevo virus. Desabastecimiento de alimentos, artículos de aseo y medicamentos. Restricciones en el servicio de agua potable. Colas y conglomeraciones de personas diaramente. Contaminación ambiental. Cientos de vertederos ilegales. Y múltiples focos de ratas, cucarachas y mosquitos Aedes Aegypti, transmisores del dengue y chikungunya. Una tormenta perfecta.
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