viernes, 27 de noviembre de 2009

La Perla del castrismo.

Por Tania Díaz Castro.

Si mencionáramos los fallos que ha tenido el régimen castrista con su magra industria a lo largo de 50 años, no hay para cuando acabar. Fallos que inspiran mucho más que pena.

Empecemos por un famoso producto que se vende en el mundo entero: el cereal de maíz, más conocido como Corn flakes. Durante las primeras dos décadas del castrismo se produjo una especie de Corn flakes que llamábamos Hojuelas de maíz, pero que los niños apenas podían masticar, por lo mal elaborado que estaba. Para nada la incipiente y pésima industria castrista podía competir con las famosas fábricas de cereales de Estados Unidos.

En otra ocasión, Fidel Castro expresó su deseo de producir Alka-Seltzer, un digestivo conocido en todo el mundo, y que los cubanos dejamos de ver, porque bajo el castrismo nunca pudo producirse nada que se le pareciera.

Llama la atención que ni siquiera una pasta de dientes aceptable hemos podido fabricar desde que llego la revolución. La pasta de dientes cubana tiene una interesante historia.

Muy al principio de los 60 los cubanos dejamos de ver aquellas marcas con distintos  sabores a que estábamos acostumbrados: Colgate, Kolinos, Forhan’s, Gravi y muchas otras. Durante los primeros veinte años de revolución debimos conformarnos con recibir una vez al mes, y para toda la familia, a través de la libreta de racionamiento, un pequeño y extraño tubo plateado, sin nombre ni datos de sus componentes. El producto tenía un desagradable sabor a leche de magnesia pero era la pasta dental que “nos tocaba” y lo llamábamos Perla, aunque no apareciera su nombre.

En los años 80, nuestro único producto dental comenzó a venderse con el nombre Perla impreso en letras azules, pero mantenía el mismo sabor del laxante.

Pasó el tiempo y aquel tubo de pasta Perla se convirtió en Dentex, muy parecido por su apariencia a los del capitalismo, con su etiqueta impresa en varios colores y un nombre con sonido extranjero. Hoy, los cubanos compran, a través de la libreta, un tubo de pasta marca Dentex, con flúor, según dice la etiqueta, fabricado por Suchel, en la antigua fábrica Crusellas.

Cuando vi por primera vez el nuevo tubo, de tan buen aspecto y tan parecido a los que se venden en moneda convertible, sentí alegría al pensar que al fin tendríamos una pasta de dientes agradable.

Al usarla, comprobé que Dentex viene en un envase más bonito, pero tiene el mismo sabor a laxante que Perla. Nada, optimista empedernida que soy, que a estas alturas aun soy capaz de hacerme ilusiones.
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