domingo, 8 de noviembre de 2009

Tiempo vencido entre La Habana y Miami.

Luis de la Paz, La Habana, 1956, es un miembro destacado de la Generación del Mariel. Ha recibido el Premio Museo Cubano de ensayo, por un trabajo sobre Dulce María Loynaz y ha publicado los libros de relatos: Un verano incesante (Ediciones Universal, Miami 1996) y El otro lado (Ediciones Universal, Miami, 1999), además de la recopilación de textos y documentos Reinaldo Arenas, aunque anochezca (Universal, Miami, 2001).

Con motivo de la publicación de su último libro, Tiempo vencido, que será presentado el sábado 14 de noviembre durante la Feria Internacional del Libro de Miami en un panel junto a los escritores Daniel Fernández, con Sakuntalala Mala contra la Tétrica Mofeta y Juan Cueto-Roig, con Veintiún cuentos concisos, Armando de Armas entrevistó a Luis de la Paz para MartiNoticias.

Martí Noticias. ¿El título del libro de relatos Tiempo vencido es un juego intertextual con En busca del tiempo perdido, de Marcel Prust?

Luis de la Paz. En lo absoluto. El tiempo ha sido la constante en la vida del hombre y por consiguiente en la literatura. No puede haber creación (de ningún tipo) sin un tiempo de por medio. Las primeras palabras del Génesis juegan con el tiempo. Lo que ocurre es que cada cual lo encauza desde su visión. El tiempo marca, señala caminos, conduce a experiencias, rompe, balancea, inquieta y finalmente aniquila. Ese es el tiempo de mi Tiempo vencido.

MN. ¿Se le puede vencer al tiempo o es sólo una imagen poética?

LP. No se puede vencer el tiempo, pero tampoco es, con rigor, una imagen poética. El tiempo, es tan abstracto como real. Es una incógnita en una ecuación matemática, el tiempo que ocupa nuestra vida es insignificante ante el resto de los tiempos, así en plural. Es tal vez por ello que intentar vencerlo sea un eufemismo; lo importante es entregarse a él a plenitud. Pienso que cuando se concluye algo que llevó un tiempo realizarlo, es válida la imagen poética que planteas en tu pregunta, de alguna manera has vencido. De ahí, en parte, la metáfora de Tiempo vencido en el título de mi libro, El tiempo es como un instante, ya no está, ya no estamos, pero todo sigue fluyendo.

MN. ¿El eficiente manejo de interrelaciones espacio-temporales en el libro es un mero recurso estilístico, o por el contrario es un recurso estilístico impuesto por la experiencia vivencial del autor?

LP. En el quehacer cotidiano hay un constante viaje en el tiempo: recordamos eventos del pasado, nos inquieta lo que está aconteciendo y nos preguntamos qué haremos o cómo afrontaremos un evento futuro. Esa misma regla de espacio-tiempo es válida también en la literatura. La diferencia está en que en la creación artística, hay que establecer un orden, algo que no es necesario en el comportamiento diario, pues a fin de cuentas, conversamos con nosotros mismos y con aquellos que son parte de nuestras vidas, por lo tanto todo está claro de antemano. Pero la literatura es otra cosa, al posible lector hay que llevarlo por estos laberintos intemporales cumpliendo leyes creativas, algo que podría entenderse dentro de los recursos estilísticos.

MN. El relato Balseros plasma, creo que de manera excepcional y única en la narrativa cubana, lo que fue el Éxodo del 94 desde el punto de vista del que está en el interior de la isla. ¿Cómo alcanza esa veracidad sin haberlo vivido, directamente me refiero, sobre todo si hacía catorce años que había salido del territorio insular?

LP. El cuento Balsero está ambientado, como bien indicas, en los sucesos que tuvieron lugar en 1994, cuando más de 30,000 cubanos se lanzaron al mar en improvisadas balsas. El relato tiene sus antecedentes en mi historia personal: salí con otros 125,000 cubanos durante el Mariel, en 1980. Situarlo en esa fecha era alejarlo mucho, por eso lo acerqué a 1994, algo que, además, me permitía introducir un personaje, un periodista no cubano como narrador. Ese mecanismo literario me facilitaba cierto distanciamiento. Pero más allá de la anécdota, de anteponerse al miedo y la posibilidad real de perecer ahogado y aún así intentar la escapada en busca de libertad, quise indagar en la separación familiar, en la doble moral, en la ruptura que significa dejarlo todo, aunque ese algo sea mínimo, en busca de algo abstracto, difícil de alcanzar, pero no imposible, que está del otro lado del mar. Es un texto sobre la desesperanza.

MN. En el cuento La otra cara de la luna un escritor de la diáspora es reconocido con el Doctor Honoris Causa de la Universidad de la Habana, mientras que en el cuento Un retiro feliz dos viejos escritores regresan a vivir intermitentemente a la isla, ocurrida la esperada transición a la democracia, tras años de exilio. ¿Vislumbra un escenario así en el futuro de la isla? ¿Uno en que los escritores que una vez fueron execrados y expulsados serían entonces reivindicados y reconocidos?

LP. Las desafortunadas circunstancias que vive el cubano, cuya raíz y esencia es una prolongadísima dictadura de medio siglo, ha trastocado, para mal, desde luego, la secuencia lógica que en condiciones normales hubiera prevalecido en la isla. De manera que lo que es normal: que un país premie y reconozca la labor de sus ciudadanos donde quiera que estos vivan, y considere como un triunfo nacional los logros que sus figuras culturales puedan alcanzar, en el caso de la Cuba castrista ocurre todo lo contrario, pues, el aparato de poder, siente y practica la política del desprecio hacia los exiliados. Mientras se está vivo, el ninguneo, cuando mueres, practican la necrocultura, te utilizan, te convierten en figura de lucro político. Pero eso creo que más de un cubano exiliado recibirá el reconocimiento que merece cuando la democracia y la libertad sean las que dicten las pautas y no las estructuras de poder.

En mi libro, hay varios cuentos donde incursiono en una Cuba postcastrista, he querido explorar esa visión futurista. A los escritores exiliados no sólo se les reivindicará, y se les dará el lugar que merecen, sino que también alcanzarán el mayor triunfo al que un creador puede aspira, que es, por su calidad, por el peso de su obra, un espacio entre los suyos. Ese será el verdadero triunfo de los exiliados sobre el castrismo.

MN. ¿Qué pesa más en su obra la aventura vivencial o la aventura libresca?

LP. A varios admirados amigos, algunos de ellos ya han fallecido, los incitaba a que escribieran sus autobiografías y me sorprendía la reticencia, incluso la tajante negativa a hacerlo. Hoy creo entender el porqué. Pienso que narrar lo cotidiano tal y como se nos presenta es muy aburrido. Lo encantador (y gozoso desde la perspectiva de un escritor) es añadirle aventuras, situaciones inverosímiles, capaces de imprimirle a un hecho el alcance que uno desea que tenga y no el que en realidad tuvo. De manera que la aventura es vivencial, como libresca es la creación.

MN. Tiempo vencido es una obra de madurez en el conjunto de su obra. ¿A qué apuesta ahora Luis de la Paz?

LP. Este libro responde a la visión de la vida y las inquietudes que en estos momentos reclaman mi atención. Los años van aportando nuevas interrogantes a lo cotidiano y lo que antes veía de una manera, hoy ha pasado por otros filtros y el objeto de visión es distinto. Creo que en diez o quince años, revalorizaré otras cosas, incluso, podré tomar algunos de los desasosiegos que planteo en Tiempo vencido y la perspectiva podría ser otra. Después de todo, el hombre y sus inquietudes siempre son las mismas.
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