sábado, 3 de julio de 2010

El azúcar, medio siglo de fracasos.

Por Dimas Castellanos.

El artículo de Juan Varela Pérez, 'Faltaron control y exigencia en la zafra', publicado en el diario Granma el 5 de mayo de 2010, constituye una prueba de que el estado crítico de la producción azucarera cubana refleja tanto la situación de la producción agrícola como el de la economía en general.

Entre otras cosas Varela aseguró que "la actual zafra -la del año 2010- puede calificarse de pésima en producción y eficiencia", que ha sido "la más pobre desde 1905", que al Ministerio del Azúcar y a los Grupos Empresariales les faltaron control y exigencia para hacer cumplir las variantes organizativas que permitieran solucionar las dificultades, que al cierre del 25 de marzo había "un déficit superior a 850.000 toneladas de caña", que los rendimientos cañeros que llegaron en el período 2005-2008 a crecer de 24 toneladas por hectárea a 41,6 volvieron a deprimirse y muestran un costoso descenso", que revertir la crisis de hoy demanda un examen integral y recomienda analizar la estimulación al cañero, "cuya producción es hoy la menos pagada en la agricultura".

Para entender la magnitud del desastre repasemos algunos datos de la producción azucarera cubana en los últimos 115 años. En 1895 se produjo por vez primera 1,4 millones de toneladas de azúcar, monto que cayó con la tea incendiaria durante la Guerra de Independencia; en 1903 se produjo 1 millón de toneladas; en 1907 se llegó hasta 1,3 millones; en 1919 se sobrepasaron los 4.0 millones; en 1925 la cifra llegó hasta 5,3 millones; en 1948, 6,1 millones y en 1952 se logró la colosal cifra de 7,2 millones de toneladas. En 1959 se produjeron más de 6 millones; en 1970 se alcanzaron 8,5 millones –cifra record en nuestra historia–, con el inconveniente que ese esfuerzo voluntarista desorganizó toda la economía cubana; posteriormente las zafras entre 1982 y 1990 se aproximaron a la de 1970 para iniciar una recaída hasta que en 1999 apenas se lograron 3,8 millones de toneladas.

Para enfrentar el declive azucarero, Ulises Rosales del Toro, General de División y Jefe del Estado Mayor General de las FAR, fue designado Ministro del Azúcar. En ese cargo pronosticó una recuperación que alcanzaría en el año 2001 la cifra de 5 millones de toneladas. Para ese fin dirigió dos proyectos: la Reestructuración de la Industria Azucarera y la Tarea Álvaro Reynoso. El primero, estaba dirigido, entre otras cosas, a lograr un rendimiento industrial del 11%, lo que significaba extraer de cada 100 toneladas de caña, 11 toneladas de azúcar; sin embargo, en el año 2002 se cerraron 71 de los 156 ingenios existentes y se redistribuyó el 60% de las tierras destinadas a la caña para otros cultivos, a pesar de que Cuba cuenta con condiciones envidiables para su producción. El segundo, que lleva el nombre del insigne cubano Álvaro Reynoso, se proponía lograr un rendimiento de 54 toneladas de caña por hectárea (muy por debajo del promedio mundial), que tampoco tuvo éxito.

Dicha estrategia demostró su inviabilidad. En 2001 en vez de 5,0 se produjeron 3,5 millones, un monto similar al de 1918; en 2002 bajó hasta 2,2 millones de toneladas, la más baja en 80 años; en 2003 volvió a bajar hasta 2,1 millones; en 2004 hubo una ligera recuperación que llegó a 2,52 millones, para caer estrepitosamente en 2005, año en que se produjo sólo 1,3 millones, la peor cosecha azucarera de los últimos cien años -una cifra que ya se producía en Cuba en el año 1907- mientras el rendimiento por hectárea, como lo explicó Juan Varela, sufrió un ligero aumento para volver a declinar.

Las otras medidas dictadas para la economía agrícola han sido, esencialmente, la promulgación de la Ley 259, acerca de la entrega de tierras en usufructo y los cambios de funcionarios al frente de los ministerios.

La primera medida, la Ley 259, se limita a entregar tierras ociosas en usufructo por 10 años que fueron invadidas por el marabú, al punto que el área de tierra cultivada decreció entre 1998 y 2007 en un 33%; a pesar de ello, la Ley conserva la propiedad en manos del Estado. El jueves 13 de mayo, en el programa televisivo La Revista de la Mañana, el periodista Ariel Terrero comentaba que si bien con la Ley 259 hay más campesinos, éstos carecen de equipos, recursos y experiencia; que Cuba está importando el 80% de lo que consume respecto a productos agrícola; que se creció en plátano respecto al año anterior, un año que además fue muy malo por los ciclones, pero se decreció en muchos otros rubros como malanga, vegetales frescos, etc, y  que la mitad de la tierra entregada por la Ley 259 sigue sin producir.

La segunda medida, los cambios de funcionarios, no ha ejercido ningún efecto positivo; Ulises Rosales del Toro, después de ocho años sin poder detener el declive azucarero "atendiendo a su amplia experiencia de dirección y autoridad política, así como la necesidad de potenciar la producción agropecuaria, actividad estratégica del país", fue designado Ministro de la Agricultura y en su lugar, como Ministro del Azúcar se designó a Luís Manuel Ávila González, quien posteriormente fue destituido del cargo. Más recientemente, el Viceministro Primero de la Agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero, fue promovido a Ministro y Ulises Rosales elevado a la atención integral de los ministerios del Azúcar, Agricultura e Industria Alimentaria.

La esencia del fracaso, tanto en la producción azucarera como en el resto de la economía, consiste en la subordinación de la economía a la política, en la ineficaz estructura actual de la propiedad y en salarios sin correspondencia con el costo de la vida. La milenaria experiencia práctica y la ciencia económica han demostrado en todas partes del mundo que el ser humano actúa en dependencia de sus intereses; entonces, cuando el interés desaparece, como ha ocurrido en Cuba por las causas analizadas, el resultado no puede ser otro: los ciudadanos impedidos por ley de ser propietarios y al recibir un ingreso insuficiente, en vez de empeñarse en producir subsisten al margen de la ley, con el consiguiente y perjudicial deterioro ético.
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