miércoles, 21 de julio de 2010

Se te acabó el tabaco.

Por Luife Galeano.

Mientras se pavoneaba enfundado en los exóticos atuendos del Moro Musa por Afganistán, en España se ha puesto de manifiesto un compromiso adquirido por el gobierno que, esperamos, cumpla en todos sus términos el tan extravagante ministro.

Resulta que, momentos antes de embarcar en el vuelo del destierro a la Madre Patria, los presos deportados hubieron de firmar un documento mediante el cual estos recibirían del Gobierno español la necesaria información y orientación social y asesoramiento legal, así como la ayuda económica para la manutención y el alquiler de vivienda.

Dada la acostumbrada ligereza con la que el actual gobierno desatiende sus acuerdos, habrá que estar vigilantes sobre el cumplimiento de la palabra dada. Que este documento no esté sujeto a componendas o comportamientos de sometida obediencia; que su desarrollo no se realice en función de las anuencias esperadas y sí porque es de justo proceder atender a personas sobre las que se ha comprometido el gobierno español de manera voluntaria.

No es de recibo achacarles a los presos políticos que ellos vinieran a España por voluntad propia y lavarse las manos. Todos sabemos que ellos se encuentran en este país porque era la única alternativa. La disyuntiva era salir o quedarse en la cárcel, no había otra opción. En ese ‘impasse’ el gobierno español optó por acogerlos. Podría haber presionado al gobierno de Castro, haber protestado ante las Naciones Unidas o el Parlamento Europeo pero no, se hizo responsable de ellos y ahora no le queda más alternativa que llegar hasta el final. Y ese debe ser un final digno como se merecen unas personas que han llevado sus vidas al límite por la defensa de los Derechos Humanos. No se trata de simples emigrantes ilegales sino de héroes que luchan en contra de la opresión de un gobierno despótico y ello exige un trato diferenciado se pongan como se pongan los funcionarios de Exteriores que ya han manifestado ciertas quejas y utilizado el vocablo ‘desagradecidos’ en más de una ocasión. Ante todo, un respeto.

Por otra parte, los deportados tendrán que ir tomando conciencia poco a poco que ahora se encuentran en una nueva dimensión de la que tendrán que ir conociendo sus parámetros y sus comportamientos: No todos van a poder dedicarse en cuerpo y alma a la política -yo diría que ninguno- en un ambiente tan hostil como el español. Han de darse cuenta que Cuba queda muy lejos y que en Europa, por duro que parezca, existen otros problemas más acuciantes que el tema cubano. Aquí serán minoría y habrán de navegar entre una gran indiferencia y desconocimiento del castrismo, unas ideas preconcebidas de un país de congas, maracas y bongoes y, como colofón, una incomprensible admiración hacia los estereotipos revolucionarios -sanidad, educación y justicia- que no son tales. Además, esta sociedad no tolera un alto nivel de quejas. Lo político y correcto es no protestar o hacerlo bajito; es, como ya dije, una nueva dimensión.

Por lo tanto, la mayor contribución que podrán hacer estos héroes a la causa cubana será mantener el espíritu de lucha y enfocar sus esfuerzos a que se mantenga la tensión en cuestiones tales como la Posición Común y las denuncias sobre los maltratos y la falta de Derechos Humanos en la isla. Habrán de centrarse en conseguir el descrédito del régimen y el prestigio de la oposición y la disidencia interna de manera que éstos se hagan inmunes e invencibles a las presiones, los repudios y cuantas malas artes se realicen en la isla.

Es triste decirlo, pero el revolico de ruedas de prensa, fotografías y atenciones internacionales va a remitir de manera inmediata y de un día para otro. Salvo que se produzca un acontecimiento de extrema magnitud en la isla -finalización biológica del proceso reflexivo- a los deportados les quedan quince días de atosigamientos por parte de la prensa. El 1º de agosto España entra en un proceso de hibernación irreversible estival -menudo contrasentido- del que no resucitará hasta la celebración del equinoccio de primavera. En ese período suspensivo lo mejor que podrán hacer será ‘morder el cordobán’ y agenciarse una pincha que les permita, en su tiempo libre, continuar en la lucha y la denuncia. Que no esperen a que Moratinos les resuelva el problema porque, conocido el percal, lo más seguro es que, para entonces, su mente los habrá amortizado. Él ya cumplió resolviéndole el problema a Fidel. Pensar lo contrario será, no sólo una gran desilusión, sino que les dejará boquiabiertos y con el tabaco apagado entre las manos.
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