sábado, 17 de julio de 2010

Motivos del 17 de Julio de 1959.

Por Sergio López Rivero.

Después de saber acerca de las "discrepancias" entre Fidel Castro y Manuel Urrutia, que según la historiografía tradicional cubana llevaron a la expulsión de este último como Presidente del Gobierno Provisional el 17 de julio de 1959, cuesta entender de lo que estamos hablando. El desdén por incluir en el texto de su juramento la frase "Así Dios me ayude", la intransigencia negando el derecho de asilo a los adversarios políticos y hasta la obsesión por prohibir el juego de azar en la isla, ¿no constituyen algunas de las normas que han definido ese fenómeno histórico conocido como Revolución cubana? Quizá el ser un hombre reservado, pensarse demasiado la firma de los documentos que le presentaba el Consejo de Ministros y creer que el Partido Socialista Popular, Ernesto Guevara y Raúl Castro respondían al bloque comunista, podían constituir impedimentos más graves para su labor. Pero no por que vetaran su credibilidad como gobernante, sino porque dejaban asomar una carencia en la lealtad total que exigía el mundo revolucionario y ponían en juego los objetivos de alianza con la Unión Soviética del grupo político de Fidel Castro. De ahí que el 12 de julio de 1959, se planeara su finiquito del poder. Exactamente a los dos años de la firma por Fidel Castro, Raúl Chibás y Felipe Pazos del llamado "Manifiesto de la Sierra Maestra", que proponía una salida democrática al caso cubano.

Por su proximidad con el Presidente del Gobierno Provisional de la República Manuel Urrutia, el Secretario del Consejo de Ministros Luis Buch, el director jurídico del Palacio Presidencial Carlos Olivares y el ministro encargado de la Ponencia y Estudio de las Leyes Revolucionarias Osvaldo Dorticós, serían los encargados de preparar la despedida. Bien temprano en la mañana, se reunieron en casa de Luis Buch, ubicada en el reparto de Miramar. Al estilo de quienes prefieren volar bajo del radar de la opinión pública, desde allí se trasladaron al tunel de la bahía de La Habana a encontrarse con Fidel Castro. Y, con la misma idea de despistar, desde el tunel de la Habana recorrieron La Habana del Este, Jaruco, Cojímar y el Coney Island , donde establecerían contacto con Raúl Castro y el ministro de Defensa Augusto Martínez Sánchez. En un aparte íntimo entre los hermanos Castro, se decidió el destino del expresidente de la Sala Tercera de lo Penal de la Audiencia de Santiago de Cuba, que había emitido un voto particular absolutorio de los acusados en la Causa No. 67 de 1956, por haber participado en los acontecimientos violentos de la expedición del Granma, y que a finales del año 1957 había aceptado la candidatura a la Presidencia del Gobierno Provisional de la República por el Movimiento Revolucionario 26 de Julio.

Lo que ocurrió el 17 de julio de 1959 es más conocido. En la madrugada, Fidel Castro ordenó al director del periódico Revolución Carlos Franqui que interrumpiera los teléfonos y cerrara el acceso al edificio, a la vez que debía preparar un editorial, con un titular en letras negras de 5 pulgadas y media que impactara: "Renuncia Fidel".  Una estrategia narrativa, que orientaba así a la opinión pública: "Revolución hace constar sin vacilación su entero respaldo, como lo es el de todo el pueblo de Cuba unánimemente a Fidel Castro, sea cual fuera la decisión que tome, en la seguridad de que lo guía únicamente su devoción a la causa revolucionaria, su desinterés probado, y su sentido invariable del deber. Fue él quien inició esta lucha revolucionaria; el que nos guió en los días difíciles de la guerra; el que ha sabido conducir al país adelante en medio de todos los abstáculos de los días arduos y complicados de la paz al frente del Gobierno que tan fecunda labor revolucionaria ha realizado en estos cortos meses".

Por si fuera poco, con el mensaje anterior circulando de mano en mano entre los cubanos normales y corrientes, el Consejo de Ministros encomendó a Osvaldo Dorticos, Raúl Cepero Bonilla y Regino Botti, redactar una nota de prensa en estos términos: "Los ministros apelan al pueblo que ha dado pleno respaldo al Gobierno Revolucionario, para que espere serenamente las declaraciones que en el día de hoy hará el Doctor Fidel Castro, y que no se deje confundir ni extraviar y que siga únicamente las orientaciones directas de nuestro líder Fidel Castro Ruz, convencidos de que así estarán contribuyendo al afianzamiento de la Revolución". Y, como una especie de epitafio inaudito, el mismo Manuel Urrutia se apresuró en hablar a los congregados desde la terraza norte del Palacio Presidencial de La Habana, afirmando que el pueblo no debía aceptar la renuncia de Castro pues era el verdadero líder de la Revolución.

El absoluto aislamiento (y desinformación) que demostró aquel día la actuación del Presidente del Gobierno Provisional de la República Manuel Urrutia, acaso sea una de las grandes incógnitas del 17 de julio de 1959. Igual que la unanimidad con que participó en la conjura totalitaria el Consejo de Ministros, aún integrado por algunas figuras de conocida raigambre liberal. Que en este affaire que obligó a renunciar al Presidente del Gobierno Provisional participaran futuros disidentes ilustres como Manuel Ray, Rufo López y Carlos Franqui, también llama la atención del investigador. No tanto que en el plató de televisión, donde a las 8 p.m. de aquel día Fidel Castro explicó sus "discrepancias" con Manuel Urrutia, fuera su hermano Raúl Castro el encargado de hacer llegar al moderador este mensaje del ministro de Defensa Augusto Martinez Sánchez: "Raúl: el Presidente renunció. Quiere irse para la casa de un cuñado, quien pide que le den seguridades. Dice el Presidente que no se va de Cuba y que no hará declaraciones".
Share:

0 comments:

Publicar un comentario