martes, 13 de septiembre de 2011

Guillermo Cabrera Infante y un libro infame.

Por Zoé Valdés.

Próximamente saldrá a la venta en Cuba un libro sobre Guillermo Cabrera Infante, que fue primero la tesis de grado de sus autores. O sea que estamos ante una tesis de grado convertida en libro, cuyo libro fue premiado en uno de esos premios castristas existentes en la isla.

Todos los que hemos vivido bajo el castrismo sabemos que una tesis de grado y un premio literario con semejante tema: un autor disidente, exiliado y vetado durante décadas, son supervisados atentamente por los especialistas y censores que juegan el papel de policías de la cultura y del pensamiento desde hace más de medio siglo y que cobran por ello.

Así que tanto la tesis como el libro mismo, en lugar de referirse a Guillermo Cabrera Infante y a su obra en Cuba, hasta 1965, tratan más bien sobre la visión castrista de los representantes del régimen, la mirada de sus policías y censores -filtrados a través de las voces que se prestaron a testimoniar-, que sobre el autor y esa parte de su obra, se han expresado sin consultar al autor mismo, sin citar sus obras posteriores, sin contrastar información con su viuda, la actriz Miriam Gómez, sin acercarse tampoco a sus críticos de todas partes del mundo, especialmente los españoles y latinoamericanos, ni consultar con sus editores, ni indagar e informarse con su agente literario. Este libro, pues, es una obra no autorizada por el autor, ni por su heredera, ni por los salvaguardas de su obra.

Es un libro escrito bajo una cruel dictadura de hace más de 52 años, que se ha dado a la tarea, como los carroñeros que son, de recuperar textos, espulgados a su favor, de autores que ellos mismos censuraron y prohibieron, con el mero interés de hacer dinero con su obra. De este modo lo han hecho con la obra de José Lezama Lima, de Virgilio Piñera, de Lydia Cabrera, de Severo Sarduy, de Reinaldo Arenas, y ahora intentan hacerlo con Guillermo Cabrera Infante, a quien el viceministro de cultura Fernando Rojas recién declaró algo tan verdaderamente vergonzoso después de todo lo que le hicieron a GCI que éste era una cosa como patrimonio nacional, sin contar con las leyes de derecho de autor que rigen en el mundo, en Gran Bretaña, bajo la cual se encuentran protegidos los manuscritos, documentos y libros, todos propiedad de Miriam Gómez, su viuda, a quien el escritor legó y puso en su poder antes de morir.

Por supuesto que esta supuesta reivindicación y "reconciliación" del régimen con los autores antes citados sólo se hace a través de sus propias visiones -las de los que los censuraron- y de los textos que ellos pudieran usar a su favor, así como de los testimonios y visiones que poseen aquellas personas que todavía hoy dependen del régimen para poder existir, no sólo como escritores y artistas, sino simplemente como personas, como seres humanos.

Los que conocimos y fuimos amigos de Guillermo Cabrera Infante y lo seguimos siendo de Miriam Gómez, sabemos de primera mano, la persecución y censura a la que fueron sometidos, después de su exilio. Al mismo Alfredo Guevara, que hoy testimonia en ese libro, le oí manifestarse sobre la "locura" de "Guillermito", "su ansia de poder", "su odio hacia la revolución", eran las mismas palabras que usaba para referirse a Reinaldo Arenas, usaba el mismo discurso denigrante para ambos; pero en contra Guillermo lo hacía de manera más sutil, porque él sabía que Guillermo Cabrera Infante, el Premio Cervantes, podía destruirlo de sólo tocarlo con sus palabras, como lo hizo, cuando escribió y se publicó una de sus grandes obras maestras: Delito por bailar el cha cha chá, donde aparece Alfredo Guevara como el comisario político, y en Mea Cuba, textos, que dudo mucho yo, que el régimen castrista se atreva a publicar.

Para reivindicar o reconciliarse con la obra de Guillermo Cabrera Infante haría falta que Granma publicara durante varios años, en cada una de sus páginas, los artículos de prensa que durante más de cuarenta años de exilio escribió Guillermo en contra del castrismo, y desenmascarando a todos esos mediocres que hoy testimonian sobre él.

Pero no lo harán, como tampoco podrían hacerlo con su obra, no solo por razones legales, sino además porque cada palabra, cada página de la obra del autor de La Habana para un infante difunto y de Cuerpos Divinos les recordará que hubo un país, Cuba, antes de ellos, que hubo una capital, La Habana, antes de ellos, que hubo una cubanía antes de ellos, y que todo eso ellos lo destruyeron, y que ahora, con la lengua afuera, tratan, envejecidos y aplastados por ellos mismos, de salvar para salvarse del odio que ellos mismos sembraron. Por no dejar de hacer, han tratado por los medios más cochinos de apropiarse de la obra de Guillermo Cabrera Infante, y han querido manipular a la familia.

Ellos saben que fueron ellos y nadie más que ellos quienes expulsaron a Guillermo Cabrera Infante de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, ellos los que le quitaron el pasaporte, los que le enviaban tropas de comunistas latinoamericanos a las conferencias a que le gritaran improperios, que lo escupían en la calle y en los restaurantes, y hasta lo golpearon en Barcelona a la salida de una conferencia. Ellos saben que le cerraron algunas puertas, y que han intentado comprar su obra, para desaparecerla luego, a lo que su viuda y heredera universal renunció, luchando ella, por publicar los manuscritos que dejó su esposo, como así ha sido.

Queda la Obra Completa de Guillermo Cabrera Infante, que saldrá editada en los próximos meses. En cada uno de sus artículos, meticulosamente, tanto Guillermo como Miriam, y el editor Antoni Munné, han anotado exhaustivamente cada fecha, cada nombre, cada acontecimiento, del que no sale ningún culpable impune.

Guillermo Cabrera Infante nunca rompió con Cuba, rompió con el castrismo. Jamás declaró que no quería que los cubanos lo leyeran, al contrario. Recuerdo el amargo dolor de Guillermo cuando me contó que a una maestra santiaguera le habían puesto una multa de 500 pesos por hallarle un libro suyo, noticia que salió publicada en la prensa. Pero Guillermo Cabrera Infante siempre se negó a que la dictadura castrista usara su obra para sus fines criminales y mentirosos.

Por último, leí algunos capítulos del libro en cuestión que será presentado en Cuba. Me lo mandó una persona desde dentro de la isla, cuyo nombre no puedo dar por razones obvias. Entre los testimonios se encuentra el de Pablo Armando Fernández que se remite a contar que Guillermo estuvo enamorado de él toda la vida, bueno, todo el mundo sabe lo que a Guillermo le gustaban las mujeres, pero no ese tipo de mujer que es Pablo Armando Fernández  -me aclara Miriam Gómez. Enrique Pineda Barnet -qué pena- todavía anda perdido en un viejo premio literario de juventud, su mezquindad no le permite ver la grandeza del Premio Cervantes con el que fue recompensado Guillermo Cabrera Infante y toda su obra.

La primera esposa del autor de Cuerpos Divinos (donde se menciona a esta señora ampliamente), madre de sus hijas, criadas por el padre y por Miriam Gómez en el exilio, a las que les dieron educación y costosa enseñanza a pesar de su situación económica, desvela momentos de intimidad sensacionalistas que no aportan nada más que chismorreos, en los que ella misma queda muy mal parada, qué lástima que no se dignó a publicar la correspondencia suya con el escritor, donde contaba sus miserias bajo el régimen castrista, y donde le suplicaba que la sacara de Cuba. Pero todo esto verá la luz algún día.

Entre tanto la obra de GCI superará eternamente toda la infamia de un libro menor, dirigido a que las aulas tiñosas  -cito al propio Guillermo- sigan recomiéndose en su propio odio y engordando sus errores y sus miedos.
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