sábado, 24 de septiembre de 2011

Los auténticos enemigos de las reformas de Raúl Castro.

Por Iván García.

Es una guerra de poder a poder. Por un lado, el General Raúl Castro maneja los hilos de la contrainteligencia militar, tiene atados los cabos en los principales rubros económicos de la nación y ha consolidado su gabinete con leales a prueba de bombas atómicas.

Pero en la acera del frente, sus adversarios lo miran con cara de perro. Son los burócratas de alto vuelo, directores municipales de comercio, jefes de grandes almacenes mayoristas de víveres, pacotilla textil y electrónica, materiales de construcción y gerentes de instalaciones turísticas.

Esta capa gruesa de burócratas se ha dedicado a crear una red tupida de desvíos y robos a costa de los recursos estatales. Han creado una economía paralela.

Por muchos años, los sobres con gruesos fajos de billetes y dádivas de todo tipo aterrizan alegremente en los bolsillos de ciertos cuadros del partido y funcionarios deshonestos. La burocracia local se ha enraizado hasta el tuétano en casi todos los estamentos de la vida nacional.

Como el marabú, será difícil que Raúl Castro pueda cortarlos de raíz. Es el enemigo número uno. Olvídese de la disidencia interna. Por el momento no cuenta. Es una pelea contra los demonios la que provocan estos sistemas de ordeno y mando y economía de cuartel.

Hay muestras palpables que a la primera de cambio, los verdaderos opositores de Castro II harán su huelga de brazos caídos. Para serrucharle el piso a las lentas reformas económicas.

Vea usted. Según  la prensa oficial, en agosto la producción de fríjoles se triplicó con respecto al último semestre: 90 mil toneladas. No es poca cosa. Esa cifra es la cantidad de granos  que se consume anualmente en la isla.

Sin embargo, a pesar del alto costo del frijol negro y colorado, que se vende en los mercados particulares a 12 y 15 pesos la libra (medio kilo), solo se habia comercializado el 9%. El resto se empantanaba en los almacenes.

O se distribuía por los habituales canales clandestinos de toda la vida en Cuba. Y que funcionan como un reloj suizo. Sucede que el frijol se expende en las tarimas del Estado a 8 pesos.

Los burócratas corruptos que controlan la cadena de comercialización prefieren retenerlos y sacarlos por la puerta de atrás, para surtir el mercado negro o los agros particulares. Que siempre tienen frijoles.

La red de comercialización es una asignatura pendiente del Ministerio de Agricultura. Toneladas de plátanos, frutas o tomates se pudren en los picos de las cosechas, por falta de envases o medios de transporte.

Esto deja una puerta abierta a los zares y los clanes de víveres. Quienes durante años han hecho dinero gracias a la ineficiencia del ministerio de Agricultura. A ello agréguele las absurdas políticas del gobierno, que estipula la venta del 80% de la producción agrícola de campesinos particulares al Estado.

A precios de risa. Indague con un campesino privado las trampas que se ven obligados a hacer para quedarse con una parte mayor de su cosecha. O como dejan las reses pastando en la vía del ferrocarril o una autopista, para que por “accidente” muera una vaca o un buey.

Sucede que los campesinos cubanos son dueños del ganado, pero no pueden comercializar ni vender su carne. Solamente pueden hacerlo al Estado.

La política de precios es irritante. Un kilo de cebolla, los de  Acopio lo adquieren a un peso 30 centavos. Con un peso en Cuba solo se puede comprar el periódico y tomar un ómnibus urbano. O una taza de café mezclado.

Entonces, muchos guajiros se auto roban la producción. Para venderla en los mercados donde rige la oferta y demanda. Ahí por una libra de cebolla se paga 10 pesos.

Es precisamente en los centros de acopio, frigoríficos y almacenes donde funcionan a todo gas los carteles y mafias que se han enriquecido lucrando con alimentos.

Para ellos, ahora mismo, Raúl Castro se les antoja un atravesado. Alguien que va a joderles su negocio. Lo que les queda es pelear. A la contra.

Usan estrategias taimadas. No dan la cara. Ni públicamente se quejan del gobierno y sus políticas. Son reyes de la simulación. Forman parte del tinglado.

Para crear trabas tienen una panoplia de pretextos. Desde falta de petróleo, transporte, piezas de recambio o carencia de mano de obras. Mejor que nadie conocen el sistema. Han vivido del  mismo por años.

En los materiales de la construcción sucede otro tanto. Según los medios oficiales, los patios de las industrias están abarrotados de cemento, bloques, baldosas y utensilios sanitarios.

Sin embargo, a pesar de que se comercializan sin subsidios en los rastros municipales, la gente que intenta reparar o construir su casa siempre recibe un No como respuesta cuando pegunta por ciertos materiales.

En venta solo hay materiales de baja calidad. U otros tan caros que muchos prefieren comprarlo en el mercado negro o por divisas, de mejor factura. Recuerde que el 60% de las viviendas en Cuba están en regular o mal estado técnico.

Por tanto, la demanda de materiales de la construcción es una necesidad perentoria para que el techo no se le desplome. El General Raúl Castro desea que los rastros y mercados agrícolas estén saturados de productos. Que las familias puedan tomar un vaso de leche.

Y que desaparezcan tantas regulaciones absurdas para viajar o comprarse un coche o una casa. Pero a ritmo de tortuga y con cautela van marchando sus deseos y reformas.

De adversario tiene una pared monolítica de corruptos y burócratas que han cerrado fila. Y dos opciones: o la derriba. O lo derriban a él.
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