martes, 7 de febrero de 2012

Navidades en La Habana.

Por Iván García.

Diego, 35 años, ya tiene un cerdo rollizo casi listo para asar en el patio de su casa en el caserío de El Calvario, al sur de La Habana; un ejército de botellas de ron añejo y media caja de cerveza clara Cristal. Pero el dinero no le alcanzó para comprar turrones ni uvas.

"Como quiera la pasaré bien. En familia, comiendo puerdo asado en púa y tomando ron y cerveza de calibre. Eso en Cuba ya es bastante", dice Diego, trabajador por cuenta propia. Su familia es oriunda de la provincia Sancti Spiritus, y siempre han celebrado las Nochebuenas. Con árboles o sin ellos. Autorizadas o no.

Como Diego, una mayoría de cubanos se aprestan a celebrar las navidades. Aunque tengan que abrir las billeteras. La gente lo hace con gusto. Diciembre es un mes de resumen. Y la tradición de sentarse en una mesa donde se sacan las vajillas guardadas todo el año, se ponen grandes cacerolas de arroz, frijoles negros, tostones, ensalada de lechuga y tomates, y una bandeja repleta de cerdo asado, es algo sagrado para las familias cubanas.

Incluso en los años duros del ‘período especial’, una economía de guerra que dura 22 años, la gente se la agenciaba para celebrar las navidades. Durante años, cuando Fidel Castro en 1969 las suspendió, alegando que era más importante estar en un surco de caña quemada que brindando con la familia, las Nochebuenas quedaron abolidas por decreto. Como es natural, muchas familias se burlaron de tales normativas. Y en las frescas noches del 24 de diciembre esperaban la Navidad, oyendo bolerones, pellizcando chicharrones y tomando ron de caña.

El régimen de Castro actuaba de manera cínica. Haz lo que yo digo no lo que yo hago. Recuerdo que en casa de Blas Roca, máximo dirigente de los comunistas cubanos antes de 1959, cercano a mi familia por parte de madre, se esperaba las Nochebuenas por todo lo alto.

Vinos importados, uvas, turrones y un lechón asado, entre otras delicias.

No pocas veces, Castro llegaba al filo de la media noche con su sempiterno uniforme de verde olivo a compartir un rato con Roca y dar sus típicas chácharas optimistas, y todos debíamos escuchar en silencio. Hablaba el líder.

Ese doble rasero es típico de la sociedad cubana. La ley es para los otros. No para que la cumpla la casta gobernante. Así vemos ciertas ´ilegalidades´ como las peleas de gallos, tener una antena satelital, internet sin autorización o viajar al extranjero es algo prohibido para el cubano común. Sin embargo los mandarines se saltan esas reglas de juegos.

Con las navidades sucedió otro tanto. La gente con los arbolitos puesto en un rincón apartado de la vivienda, para que las luces no los delatara, mientras nuestros ‘sacrificados’ lideres tiraban la casa por la ventana en las Nochebuenas.

Fue un 25 de diciembre de 1997 cuando a tono con la visita del Papa Juan Pablo II Castro, comprendió que Cuba era una sociedad occidental. Desde entonces los cubanos, por esta fecha, decoran sus casas con artilugios navideños. Cada cual como puede. Y el 24 de diciembre se ha convertido en una noche especial, donde familias y amigos se reúnen y se desean suerte para el nuevo año.

Los medios oficiales no hacen ningún tipo de comentario o publicidad sobre la Navidad. Aunque los hoteles, tiendas y restaurantes por moneda dura  decoran sus locales con adornos navideños. Estas navidades no serán diferentes. A pesar de la crisis. Ya en los mercados, tanto en divisas como en pesos, repiquetean alegremente las cajas contadores. La carne de cerdo por estos días es más apreciada que nunca. Y más cara.

La libra se vende en los agromercados a 24 pesos. Los criadores de cerdo están en alza. "Hay gente que paga un peso convertible (algo más de un dólar) por la libra en pie de cerdo", señala Roberto, quien en diciembre suele vender entre 15 y 18 cerdos.

Algunos compran vinos. Depende del bolsillo. Los más desahogados adquieren tintos españoles. Los precarios, vinos cubanos. Malos, pero son nuestros vinos. Aunque lo habitual es destapar ron de calidad, algun whisky enviado por los parientes al otro lado del charco, y cerveza. Los turrones adornan las mesas navideñas cubanas, junto a algunos dulces caseros. En divisas se ofertan turrones españoles entre 3.10 hasta 5 cuc, el salario quincenal de un obrero. Ciertas familias con recursos ponen regalos debajo del árbol de navidad.

Las iglesias se abarrotan para escuchar la Misa del Gallo. A medianoche la gente tira cubos de aguas y se abrazan. Muchos aprovechan para desear cambios más profundos en su patria. Y que los cubanos, por encima de las diferencias ideológicas, tracemos una estrategia de futuro para la nación. Que abarque y respete a todos.

Diciembre no da tregua.  Hay que guardar dinero en la alcancía para comprarle juguetes a los hijos el Día de Reyes, al doblar de esquina, otra de las tradiciones rescatadas por el cubano de a pie. Pero esa es una historia que merece ser contada aparte.
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