martes, 23 de abril de 2019

Díaz-Canel: muchas reuniones y cero soluciones.

Por Iván García.

Díaz-Canel: muchas reuniones y cero soluciones

Incluso los partidarios del sistema político cubano, que en el mundo se vende como una revolución socialista, piensan que a Miguel Díaz-Canel le falta carácter. Ubaldo, ex militar retirado, considera que el Canelo, como le llaman, debe arremangarse las mangas y dar un golpe de autoridad encima de la mesa.

“Creo que las cosas se le escapan de las manos. Se parece más a un pelele que a un presidente que debe meter al país en cintura. En un año ha hecho muy poco. Cambió dos ministros, pero sin notificar públicamente los motivos. Tiene que sacudir más la mata. Botar a una serie de dirigentes que lo están cociendo a mentiras. Fusilarlos o que se pudran en prisión, como a Ulises Guilarte, secretario general de la CTC, y Gustavo Rodríguez Rollero, ministro de Agricultura, que habla de treinta libras de viandas y cinco kilogramos de carne mensuales per cápita. Se sigue robando el combustible en las empresas y Díaz-Canel no tiene forma de impedirlo. La gente continúa robando en sus puestos de trabajo y no pasa nada. No se resuelve el problema de los bajos salarios y la doble moneda. No hay comida. Y los homosexuales y las jineteras se prostituyen abiertamente en las calles. No es la disidencia la que va a tumbar al gobierno. Son los burócratas y la inacción de un presidente que no acaba de coger al toro por los cuernos”, manifiesta Ubaldo.

Si usted lee los comentarios en Cubadebate, sitio oficialista online, notará que a pesar de la censura, innumerables lectores critican abiertamente el estado de cosas y la mala gestión gubernamental.

Maite, jubilada, dice que no le interesa evaluar la gestión de Díaz-Canel. Pero mientras hace la cola para comprar yogurt batido, confiesa que le da impresión de que él no manda ni en su casa. “No parece un verdadero presidente, más bien un administrador o un capataz. Cuando en la televisión dan noticias oficiales, primero mencionan a Raúl y después a Díaz-Canel. Se nota que tiene muy poco margen de maniobra y eso justifica que en un año no haya hecho nada. El país se viene abajo y el tipo de reunión en reunión o recorriendo las provincias. Le faltan agallas. Después de medio siglo gobernando machos vestidos de verde olivo, Cuba necesita hombres que digan cojones y hagan limpieza a fondo”.

Para la mayoría de cubanos de a pie, el Canelo o MCD, es un tecnócrata que cumple de órdenes dadas por los comandantes históricos de la revolución. Un mascarón de proa. Junior, taxista privado, afirma que “con la nueva Constitución, al crearse la figura de Primer Ministro, Díaz-Canel tendrá menos poder aún. No pincha ni corta y encima le cayó un nuevo Período Especial y no tiene la menor idea de cómo gestionarlo. Veo que improvisa bastante. ¿Por qué tiene que reunirse todos los días, como si desconociera la realidad de Cuba y los cubanos? O es tonto o se hace”.

Pese a las opiniones adversas, a todas luces, Miguel Díaz-Canel es un presidente distinto. No viste de militar, sabe bailar y le gusta aparecer públicamente con su esposa Lis Cuesta cogidos de las manos, como cualquier pareja. La propaganda del departamento ideológico del partido comunista intenta diseñar un presidente similar a un vecino del barrio. Por supuesto, no es un demócrata. Tildó de mal nacidos a los disidentes y emigrados cubanos críticos con su gestión y en su cuenta de Twitter bloquea a quienes hacen preguntas incómodas o comentarios que no le agradan.

Su estrategia de gobierno se apoya en el trabajo de equipo y en revitalizar el contacto con la ciudadanía. Alto, serio, peinado al cepillo y la típica barriga de cervecero, igual a la de muchos cubanos. Durante su visita a una fábrica metalúrgica, al sur de la capital, Jorge, pailero, notó que Díaz-Canel tiene las manos suaves, “señal de que nunca ha realizado trabajos duros. Habla en voz baja y lo primero que nos preguntó cuál era el salario y si estábamos contentos con las condiciones laborales. Antes de su visita nos advirtieron de que no debíamos trasladarle quejas. Me pareció un tipo decente. Pero en un país que es una casa de locos, el puesto le queda grande”.

Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez nació en Placetas, Villa Clara, el 20 de abril de 1960. En su primer año de mandato, entre reuniones, congresos, seminarios, asambleas de balance anual de todos los ministerios y principales instituciones del Estado, viajes a provincias y recibimientos de visitantes, entre otros, efectuó un total de 206 actividades entre el 19 de abril de 2018 y el 12 de abril de 2019, período que abarcó la revisión en la edición digital del periódico Granma.

En ese tiempo, presidió reuniones de los Consejos de Ministros y Estado, asistió a plenos del Partido Comunista y asambleas nacionales, provinciales y municipales del Poder Popular. Recorrió las 15 provincias y el municipio especial Isla de la Juventud (más de una vez en algunos casos), entregó cartas credenciales a los nuevos embajadores y participó en eventos relacionados con la economía, agricultura, vivienda, educación, salud pública, órganos de justicia, informática, ciencias, deportes y cultura. Viajó a Venezuela, Nicaragua, Rusia, China, Corea del Norte, Vietnam y Laos, aliados tradicionales del régimen. También estuvo en la Ciudad de México, Montego Bay (Jamaica), París, Londres y Nueva York. En la Gran Manzana permaneció del 23 al 30 de septiembre de 2018 y además de numerosos encuentros, pronunció su primer discurso en la 73 Asamblea General de las Naciones Unidas.

Según una fuente que labora en el Consejo de Estado, “Díaz-Canel llega a su oficina antes de las ocho de la mañana y da los buenos días a todos. Es raro verle de mal humor. Pese a su trato afable, lo siento distante y frío. Su mirada es huidiza, tal vez porque es un poco tímido. Su presencia es agradable, siempre con la ropa planchada y las uñas y el cabello limpios. Suele usar zapatos de corte bajo estilo náutico. Es amante de los Beatles, Rolling Stones y el grupo Queen de Freddy Mercury. Le gusta el deporte, en particular el béisbol, baloncesto y fútbol. Dicen que es fan de Messi y el Barça”.

En una encuesta a doce personas, seis hombres y seis mujeres, en edades comprendidas entre los 18 y 60 años, once respondieron que Díaz-Canel no va a solucionar los innumerables problemas que asolan al país. “No es que no quiera, es que no tiene el poder suficiente. Y para resolver los problemas de Cuba hay que cambiar de modelo económico y político. No creo que Díaz-Canel esté por la labor. Más que un reformista es un continuista”, afirma Carlos, sociólogo.

La primera prueba de fuego de Díaz-Canel tuvo lugar el 18 de mayo de 2018, a raíz de un accidente aéreo ocurrido cerca del aeropuerto de La Habana. De las 113 personas que iban a bordo, solo una pasajera sobrevivió. Aquel día, el recién estrenado presidente, enseguida acudió al lugar del siniestro. Junto con Raúl Castro fue nombrado al frente de una comisión de investigación. Casi un año después, siguen sin conocerse las causas de la catástrofe.

Ahora, el miércoles 17 de abril, dos días antes de cumplir su primer año como presidente de la República, el asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, desde Miami anunciaba nuevos límites en la cantidad de dinero que las familias residentes en Estados Unidos pueden enviar a sus parientes en Cuba: 1.000 dólares por trimestre. También comunicaba la restricción de viajes a la Isla si no están relacionados con visitas familiares.

Ese mismo día, desde Washington, el secretario de Estado Mike Pompeo, informaba la activación por primera vez del Título III de la Ley Helms-Burton, que permitirá reclamar ante las cortes estadounidenses propiedades nacionalizadas por Fidel Castro. La medida, que entrará en vigor a partir del 2 de mayo, da luz verde a Estados Unidos para demandar a empresas de todo el mundo con inversiones en territorio cubano, entre ellas cadenas hoteleras de España y Canadá y firmas como la francesa Pernod-Ricard, fabricante del ron Havana Club.

Aquéllos que piden reformas económicas profundas, democracia y libertad de expresión en Cuba, tendrán que seguir esperando. El Gorbachov criollo continúa en modo de hibernación.
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