lunes, 15 de abril de 2019

El 'Periodo Especial' llegó esta vez de puntillas.

Por Roberto Álvarez Quiñones.

Un nuevo "Periodo Especial" se ha abalanzado sobre la Cuba, pero esta vez furtivamente, de puntillas para no hacer ruido, pues el dictador Raúl Castro ha prohibido que se pronuncie su nombre.

Un periodista estatal que trabaja en una emisora de radio reveló que ellos tienen la "orientación desde arriba" de evitar el uso de esas dos palabras juntas. Les han ordenado que digan "tensión económica", o que  "hay dificultades  para la llegada de materias primas", y otras mentiras.

El propio general Castro al proclamar su Constitución estalinista el pasado 10 de abril aseguró que el país no va a regresar al "Periodo Especial". Y afirmó: "Hoy es otro el panorama en cuanto a la diversificación de la economía”.

Eso es falso. Y tampoco es exacta la afirmación de algunos analistas de que Cuba hoy tiene medio millón de cuentapropistas y las condiciones son menos desfavorables que en los años 90.  No, en Cuba la escasez golpea y golpeará a todos sin excepción por muchas razones económicas, políticas y sociales.

Lo que pasa es que ni Raúl Castro ni Miguel Díaz-Canel pueden ya pronunciar  esas dos palabras juntas, "Periodo Especial", por dos motivos: 1) para no echarle más vapor a la caldera político-social, pues la gente culpará al régimen del agravamiento de la situación (ya a Díaz-Canel en las calles le gritan "mentiroso");   y 2) el general y su administrador no pueden aparecerse a estas alturas con los mismos cuentos de camino casi 30 años después para obviar la inviabilidad del socialismo. No hay ahora un mitómano de verbo electrizante  como Fidel Castro, quien engañaba al pueblo como nadie más lo hacía en el mundo.

Se acabaron los pretextos.

Hoy a la elite dictatorial le resulta ya imposible políticamente admitir el carácter inviable de la economía socialista castrista, que con "reformas" y "actualizaciones" incluidas solo se mantiene a flote con subsidios extranjeros y cuando estos fallan la economía de Cuba se hunde. Eso negaría lo que tanto enfatizaba Fidel Castro: "El futuro pertenece por entero al socialismo".

En 1990,  cuando casi se terminaron los regalos de dinero y de petróleo desde la ya moribunda Unión Soviética (a golpes de perestroika), Castro I lanzó su "Periodo Especial en tiempos de paz".  Como maestro de la manipulación de las masas sacó de la manga esa frase para eludir la palabra "crisis", que según la teoría marxista-leninista es una lacra exclusiva del sistema capitalista.

Y con el "destete" económico de Cuba de la URSS se produjo el cataclismo. El Producto Interno Bruto (PIB) se desplomó de 31.100 millones de dólares en 1990 a 19.800 millones en 1993. Cayó un 37%, algo nunca antes visto en América en tiempos de paz,  hasta que ahora en Venezuela el PIB ya ha caído un 50% desde 2013.

Nunca  los Castro anunciaron el fin del "Periodo Especial". No se atrevieron. Los niveles del PIB de 1989 no se alcanzaron hasta 2004. Ahora se repite la historia, y es cierto que muchas cosas han cambiado en Cuba, pero en contra de la tiranía y no en su favor, como dice el general.

Caer a un nivel de vida medieval.

La percepción de que la crisis de ahora no sería igual a la de hace un cuarto de siglo se basa en que calculan que esta vez el PIB no parece que vaya a caer en un 37%, sino en un 20% o 25%.  Valiente consuelo ese si de todas formas el nivel de vida de los cubanos caerá a niveles medievales.

Para empezar, por ley los pequeños negocios en la Isla no pueden crecer, ni importar nada. O sea, al agudizarse la escasez en el ámbito estatal y dispararse la demanda en el sector privado, incluido el mercado negro, los negocios privados no pueden suplir ese déficit estatal porque no tienen cómo. Incluso si los cuentapropistas recibiesen remesas o préstamos de la diáspora no podrían invertirlo para ampliar sus negocios y compensar  la caída de la oferta estatal. La propia Constitución recién proclamada lo prohíbe.

Además, al cuentapropismo se le prohíbe actividades de tipo industrial. O sea, realmente no produce, solo presta precarios servicios que ya existían en los tiempos de Marco Polo. El Estado mantiene el  monopolio de las industrias del país.

Por otra parte, no hay todavía en Cuba un mercado mayorista. Los negocios privados tienen que abastecerse de insumos y equipamiento en las tiendas estatales a precios minoristas, algo insólito. Y obviamente para tener una ganancia venden a precios altos, inalcanzables para la mayoría de los cubanos, cuyo salario promedio es de 30 dólares mensuales. Así se esfuma la aparente ventaja de que ahora hay cuentapropistas en abundancia y en los años 90 no.

En cuanto a los alimentos, la falta de insumos, pesticidas, fertilizantes, combustible para la maquinaria agrícola, por la falta de divisas para importarlos, afecta tanto a las empresas agrícolas estatales, como a los campesinos individuales. Otro gallo cantaría si los campesinos cubanos pudiesen importar, exportar, y producir libremente como sus colegas chinos y vietnamitas.

Todas las noticias provenientes de la Isla revelan que el descalabro "bolivariano" ha dejado a las familias cubanas con menos comida que poner en la mesa. Hay una alarmante escasez de pollo, harina, aceite, huevos, carne de cerdo, y también de medicamentos, combustible, medios de transporte,  ropa, zapatos y productos de higiene personal. No hay ni amalgama para hacer empastes dentales.

Se van a cerrar 300 empresas estatales industriales.

Funcionarios del Ministerio de Economía y Planificación y del Ministerio de Finanzas y Precios aseguraron a periodistas independientes que la economía cubana está al borde del colapso, y que en los próximos meses se van a cerrar total o parcialmente unas 300 empresas estatales industriales por la falta de combustible y por la suspensión de la importación de más del 60% de las materias que necesitan.

En fin, con todos los atenuantes que puedan esgrimir los optimistas sobre las "reformas" raulistas,  en las próximas semanas y meses comenzarán a llegar notas de la prensa independiente sobre la reaparición de las especialidades culinarias propias del castrismo profundo, el verdadero cuando dejan de financiarlo desde el extranjero. Quizás no "bistec de toronja" o "picadillo de cáscara de naranja", pero sí otros inventos por el estilo. Es ley de vida.

Por último, el más claro síntoma de que ya aterrizó el "Periodo Especial" es que la dictadura ha tenido que sacrificar un poco las dimensiones de su maquinaria de propaganda político-ideológica, cuya punta de vanguardia es el diario Granma,  que ya redujo  su tirada y su número de páginas de 16 a ocho, como en los años 90. Lo mismo hicieron los semanarios Trabajadores, Orbe y Opciones.

Y todo este desabastecimiento tiene lugar con Maduro aún en el Palacio de Miraflores, quien sigue entregando a Cuba la tercera parte del petróleo que consume -con una triangulación desde Rusia que lo lleva a la Isla- y subsidios por unos 4.000 millones de dólares anuales. De caer Maduro el régimen tendría que gastar casi 2.000 millones de dólares para importar el petróleo necesario.

Ese dinero simplemente no existe. Y  la esperanza de que Argelia relevara a Venezuela ahora está en ascuas,  luego de la renuncia del déspota Abdelaziz Buteflika  a ser "electo" presidente otra vez. El poder podría pasar a manos de  gente "no amiga" de La Habana. Y Rusia en vez de regalarle petróleo le obsequió al general hace unos días cinco sofisticados camiones policiales, por valor de 110.000 dólares cada uno, para trasladar presos y reprimir más cómodamente.

En resumen, antes de caer la dictadura chavista ya Cuba siente embates que dan la medida del batacazo que vendrá si la decencia y la democracia son restablecidas en Venezuela. Porque las remesas, paquetes y viajes a la Isla de la "gusanera" desde EEUU (que incluso podrían descender si se cumplen algunas sanciones anunciadas contra el castrismo) no serán  suficientes para mantener el ya tan penoso nivel de vida de los cubanos.
Share:

0 comments:

Publicar un comentario