miércoles, 5 de agosto de 2020

Así reprimen a las mujeres cubanas.

Por Claudia Padrón Cueto.


El cuatro de junio,  Keilylli De la Mora Valle, con una mascarilla negra sobre su rostro y el pelo recogido, transmitió una directa en redes sociales mientras iba a camino al Tribunal Provincial Popular de Cienfuegos. Es un video de cuatro minutos donde agradece la solidaridad recibida y habla sobre su caso.

En la transmisión, la integrante del Movimiento Consenso Ciudadano, activista de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu) y promotora de Cuba Decide, denunció el sesgo en el proceso en su contra y cómo las autoridades cubanas habían disfrazado de delito común lo que es una causa política. La directa terminó cuando De La Mora llegó a la entrada del Tribunal para conocer la respuesta a la apelación presentada por ella. Allí, antes de trasladarla al Centro Penitenciario de Sabana Miguel, las autoridades le ratificaron la misma condena: pasaría un año y medio en la cárcel. 

Casi un mes antes,  mediante un juicio sumario, la activista de 27 años fue condenada por los supuestos delitos de propagación de epidemias, desacato, resistencia y desobediencia luego de un altercado con la policía al quitarse la mascarilla para fumar en un espacio público.

El mismo 4 de junio, cuando fue recluida, se declaró en huelga de hambre y la trasladaron a un cuarto aislado al interior del recinto penal. Desde ahí su estancia en prisión se ha convertido en un infierno del que ha intentado escapar, incluso, atentando contra su vida: De la Mora intentó ahorcarse con la sábana de su celda, y luego se tragó un tornillo mientras estaba hospitalizada para provocarse una hemorragia interna. 

Keilylli le ha dicho a su familia que prefiere morir antes de seguir encerrada.

Desde 2016 a 2018, las mujeres  que disienten con el sistema político, como De la Mora, sufrieron mayores niveles de represión (10435 denuncias) que los hombres(8834) en la isla. A pesar de que la cantidad de mujeres activistas es menor, ellas denuncian mayor cantidad de actos de hostigamiento según los datos recogidos por Cubalex en su informe sobre Graves violaciones de derechos humanos en Cuba. 

La misma organización, que a través de la ley nacional e internacional defiende y promueve los derechos humanos, apunta en un informe de este año que casi el 30 % de las mujeres encuestadas fueron arrestadas al menos una vez al mes de modo arbitrario, mientras que de los hombres lo denunciaron el 12 % . 

Estas mujeres sufren en la isla distintas formas de violencia vinculadas al género que los hombres en su misma posición no padecen.  Exponer su vida sexual, intentando desacreditarlas y utilizar la seguridad de los miembros más vulnerables de su familia para presionarlas son algunas de las medidas contra ellas.

La revolución cubana y las mujeres:  ¿Qué tan progresista?

Desde el 1 de enero de 1959, con el triunfo de la revolución, el gobierno cubano se identificó con una premisa de igualdad de derechos y oportunidades para algunos de los grupos marginalizados, específicamente mujeres y personas negras. En sus mismos inicios, crearon la Federación de Mujeres Cubanas para canalizar las demandas de este sector, se otorgó una de las licencias de maternidad más amplias de la región, y luego se extendió a una de paternidad con igual tiempo de duración. Se crearon escuelas de superación para las amas de casa y las trabajadoras domésticas con diversidad de horarios para facilitar el acceso a la instrucción.  Al mismo tiempo que ellas obtenían la libertad para incorporarse a la sociedad, debe añadirse, aumentó su carga de trabajo al interior del hogar, un tiempo no remunerado que hasta hoy es invisible en los indicadores económicos del país. 

El estado, además, encontró algunas soluciones equitativas a disparidades en cuanto a derechos políticos, laborales, acceso a la educación, salud, tierras. Si miramos hacia América Latina donde la lucha por la despenalización del aborto es uno de los principales reclamos femeninos para recuperar el control sobre cuerpo decidir sobre la maternidad, Cuba se muestra como referente. 

En la isla la práctica del aborto dentro de los tres primeros meses de gestación, e incluso también pasado ese tiempo en caso de malformaciones del feto o de riesgo para la vida de la madre está institucionalizado desde la década del 70. Sin embargo, el aborto no está recogido dentro de la legislación nacional, sino que depende de la voluntad política de las autoridades.

Otra de los aparentes avances de este grupo en Cuba es que la revolución fomentó su participación en el sistema político. Y en efecto, algunas mujeres han ocupado cargos directivos y legislativos de nominal  importancia. Sin embargo, también se les impide organizarse o asociarse dentro del país de manera independiente, y menos aún movilizarse y tomar espacios públicos.

Por eso mientras millones de mujeres marchan cada 8 de marzo para visibilizar sus reclamos en distintas partes del mundo, ninguna puede hacerlo desde la isla.

En el país ante la imposibilidad de existir colectivos feministas, por una veda en la ley de asociaciones, las activistas suelen trabajar de manera independiente y agruparse muchas veces de modo virtual para impulsar determinadas demandas.

En noviembre de 2019 activistas, profesoras, artistas y periodistas cubanas presentaron al Parlamento una solicitud de Ley Integral contra la Violencia de Género. Las 40 firmantes pretendieron que se incluyera un proyecto de Ley Integral contra la violencia de género en el cronograma de trabajo legislativo para 2020. Una propuesta que fue rechazada por el Parlamento.

La asamblea cubana es la segunda en el mundo con mayor presencia de mujeres( el 53,2 por ciento de sus miembros) pero hasta hoy no ha promulgado una ley que contra la violencia a hacia este sector. Solo se ha limitado a aprobar las canalizadas verticalmente por el Comité Central del Partido Comunista, órgano rector de la sociedad e integrado fundamentalmente por hombres.

Entre las demandas de este anteproyecto se solicitaba que el código penal cubano tipificara los feminicidios, cuya existencia apenas ha sido reconocida oficialmente, pero que siguen apartados de la agenda mediática del gobierno, quien controla todos los medios de prensa oficiales.

En Cuba, hay que agregar que las estadísticas sobre el tema no son públicas. El único dato disponible es específico de 2016 y muestra que la tasa de asesinatos a mujeres por su género fue 0,99 por cada 100,000 habitantes de la población femenina de 15 años o más. Entonces, aproximadamente 50 mujeres fueron asesinadas en delitos calificables como feminicidios ese año. 

La represión hacia ellas (por disentir o informar).

Un reporte de Cubalex de 2020 denuncia que  hay manifestaciones de violencia  ejercidas por la Seguridad del Estado sobre periodistas y activistas de la sociedad civil marcados por un sesgo de género. Varias reporteras, por ejemplo,  han sufrido acoso sexual y desnudos obligatorios durante los interrogatorios., lo cual no es usual cuando se trata de periodistas hombres. En estos interrogatorios, además,  los oficiales de la Seguridad del Estado han hecho comentarios sexistas sobre sus cuerpos y apariencia. 

El equipo de Alas Tensas, una revista cubana que se identifica como feminista e integrada fundamentalmente por mujeres en la región central del país, fue perseguido y hostigado por su labor periodística. Sus reporteras fueron interrogadas, se les impidió salir del país de modo arbitrario y su directora fue empujada al exilio.

La abogada Laritza Diversent,directora de Cubalex, señala que las principales amenazas contra ellas, las periodistas y las opositoras, se centran en sus allegados: “ La represión está más enfocada en quebrantar las relaciones familiares con los padres y parejas. Para ello suelen usar el descrédito: acusarlas de infieles o promiscuas.  Invadir su intimidad es un recurso muy usado por la policía política cubana”

A ellas, además, el rol  rol de madres y cuidadoras las hace vulnerables, especialmente cuando se les amenaza con retirarles la guarda y cuidado de sus hijos o afectar su seguridad privándolas de la libertad.

Las mujeres cubanas viven en una isla donde, pese a los logros mencionados, persisten formas de agresión y opresión históricas vinculadas al género no muy distintas a las de región, y otras sí específicas de un contexto totalitario que no admite el disenso. Hablamos de mujeres que han visto expuesta públicamente información personal sobre ellas, sus parejas e hijos, sesgada por el machismo, la homofobia y lo misoginia como castigo por disentir o expresarse.
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