miércoles, 5 de agosto de 2020

Cuando se acabó el "yanquis go home".

Por Esteban Fernandez.

El primer indicio de lo que nos venía encima lo escribe Fidel Castro en una carta a Celia Sánchez en plena Sierra Maestra el 5 de junio de 1958 y decía así:

“Celia: Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero. Fidel”...

Como la mayoría de los cubanos no vimos esa misiva quedamos sorprendidos con que desde que Fidel Castro pone una pata en la Habana lanza miles de diatribas contra los vecinos del norte quienes no solamente los veíamos como amigos sino hasta como benefactores.

Nadie en el Tercer Mundo desató tanta hostilidad contra Estados Unidos, y por tanto tiempo.

A cada zancada del recién estrenado tirano iba deshaciendo en pedazos toda la relación cubano-americana. Interviene todos los negocios y las propiedades estaunidenses en Cuba. Dejaron de circular los dólares y hasta convirtieron en un delito tenerlos.

Mañana, tarde y noche se sentían de una punta a la otra de nuestra nación los ensordecedores gritos de “¡Cuba si, yanquis no!”. A los jóvenes les cortaban las melenas y los castigaban severamente por "congraciarse con el imperio y sus costumbres". La música Punk era un delito.

Con enardecido y brutal discurso Castro los responsabiliza injustamente de la voladura del barco francés La Coubre en la Bahía de la Habana el 4 de marzo de 1960.

Del monumento a las víctimas y caidos durante la explosion del USS Maine (en la foto) el 15 febrero de 1898 le arrancan de raíz el águila norteamericana.

Fue prohibida toda la música, las películas, la indumentaria y todo lo que remotamente inspire o demuestre algunas simpatías por los norteamericanos.

Durante las décadas del 60 y 70, se la pasaron poniendo números del pop español en la radio para evitar canciones en inglés, la música del enemigo.

De la radio y la televisión desaparecen todas las melodías entonadas por artistas norteamericanos y hasta por exiliados como Celia Cruz. Elvis Presley y hasta los Beatles (que no son norteamericanos, pero cantaban en inglés) son considerados prohibidos y propaganda enemiga.

Los cubanos que deciden irse hacia el Norte son considerados escorias, gusanos, lumpen y cuantos epítetos despreciativos encuentran. Y les exigen a los adeptos al régimen que rompan toda relación con los desterrados.

En las escuelas, en todos los centros educacionales exhortan al odio contra USA.

Pero... para evitar la estruendosa caida de la tiranía y para no perder los privilegios la nueva clase y la familia Castro, desde que se acabó el subsidio soviético, han dado un giro de 360 grados en busca desesperada de dividas, de fulas, de dólares constantes y sonantes, los cuales ya han sido despenalizados.

Han sido desechados los gritos de "Yanquis go Home", de la Manzana de Gómez eliminan la estatua a Julio Antonio Mella, invitan a cantantes y deportistas a visitar a la Isla. Y a los artistas del patio los incitan a ir al otrora llamado “Norte Revuelto y Brutal” a actuar y regresar con los ansiados billetes verdes.

Permiten a los cubanos -que no son considerados enemigos- a regresar al país para que contribuyan en la desatrosa y calamitosa economía castrista.

Los norteamericanos y turistas pueden entrar en lugares como La Bodeguita del Medio, Tropicana, playas selectas y hoteles de lujos, donde los esbirros castristas no pueden penetrar. Tiendas donde solo se puede comprar en dólares. Durante la visita de Barack Obama se vieron cientos de banderas norteamericanas.

Los que presumían de haberse liberado de la tutela de USA ahora ponen anuncios en revistas, periódicos, internet, queriendo que los norteamericanos visiten a la Isla atraídos con fotos de bellas jineteras que en muchos casos son menores de edad. Y hasta celebran la Beatlemanía en el parque John Lennon.

El fracaso ha sido total, esa guerra anunciada desde junio de 1958 por Castro la han perdido, y el 99 por ciento de los cubanos, sobre todo los jóvenes, son más yanquistas, mas enamorados de los bienes de consumo, que nuestros hijos y nietos nacidos y criados en la abundancia yanqui.
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