miércoles, 10 de febrero de 2021

Algunos datos sobre la vida cotidiana en Cuba, a finales de la década de 1960 y comienzos de la siguiente.


He ido recopilando informaciones sobre la vida cotidiana en Cuba, a finales de la década de 1960 y comienzos de la siguiente. Quería compartirlas y a su vez agradecería si alguien pudiese corregirlas o agregar otros datos.

A finales de la década de 1960 y comienzos de la siguiente, el salario promedio en Cuba era de unos 170 pesos mensuales y, en 1971, las pensiones mínimas de los jubilados ascendieron a 60 pesos.  Si un particular quería vender un juego de muebles de su propiedad- que podría costar entre 1.200 y 1.300 pesos- debía, después de acordar el precio con el vendedor, solicitar un permiso del CDR. Era preciso declarar el valor del producto y si los compañeros del CDR estimaban que se trataba de un precio adecuado, se procedía a autorizar la transacción. El propietario de una cuenta de ahorros podía retirar hasta 250 pesos del banco. Para sacar una suma superior, debía explicar qué uso le iba a dar a ese dinero. 

Las tiendas estaban desabastecidas. En el Ten-cent de Santa Clara, por ejemplo, solo se exhibían bustos de José Martí y cordones de zapatos. El transporte era desastroso y cotidianamente había cortes de electricidad, que se prolongaban durante horas. En cuanto a los alimentos, escaseaban los vegetales, los productos cárnicos, los cítricos y otras frutas, como la guayaba y la papaya. La malanga era para los niños y, en 1968, tardó nueve o diez meses en llegar a los mercados. Igualmente escaseaban los plátanos, la yuca y los boniatos, entre otros muchos productos.

Los alimentos, al igual que la gran mayoría de los bienes de consumo, estaban racionados y no eran suficientes para satisfacer las necesidades de la población. La libreta de abastecimientos incluía, entre otras, las siguientes cuotas:

- 6 libras de azúcar por persona, a 7 centavos la libra.

- 1,5 onza de café semanal, por persona, al precio de 9 centavos. En el mercado negro, el precio del café oscilaba entre 10 y 15 pesos la libra. 

- ¾ de libra de carne a la semana. Había quejas frecuentes de que las cuotas incluían gran cantidad de huesos y pellejos (3,50 a 4,00 pesos la libra en el mercado negro).

- 3 huevos semanales por persona, a 8 centavos cada uno. Algunas personas lo revendían a 40 centavos.

- 1 caja de cigarrillos semanal, al precio de 20 centavos. En el mercado negro, en 1969, podían encontrarse a 1 o 2 pesos, pero al parecer la oferta debió disminuir considerablemente porque el economista Carmelo Mesa-Lago, cita el precio de 12 a 15 pesos la cajetilla, en 1971, antes de que el gobierno las pusiera a la venta, liberadas, a 4 pesos. Posteriormente el precio descendió a 1,60 pesos la cajetilla.

- 3 libras de arroz al mes, a partir de 1966, cuando las divergencias políticas con la República Popular China hicieran que el gobierno del país asiático recortara la cuota de arroz que le suministraba a la Isla. Muchas personas recuerdan, como una práctica común, haber recortado los fideos de tal modo que, al cocinarlos, tuvieran la apariencia de ser granos de arroz. En 1969, el gobierno subió las asignaciones de arroz a 4 libras por persona y, posteriormente, en abril de 1971, las aumentó a 6. En la libreta de abastecimientos, el arroz se vendía a 19 centavos la libra, pero en 1969, en el mercado negro, se cotizaba a 2,50 o 3,00 pesos. Era frecuente cambiar una libra de manteca o de aceite por dos de arroz.

- El pollo se reservaba para personas que estuviesen enfermas o que fuesen mayores de 65 años. Los niños menores de 2 años recibían un pollo a la semana.

- El pescado estaba liberado, pero mayormente solo había sardinas.

Como ocurrió a menudo durante los últimos sesenta años, el humor popular bautizó burlonamente algunos de estos productos. A los huevos se les llamaba “persistentes guerrillas vietnamitas”, seguramente porque se trataba de un plato tan recurrente en la dieta cotidiana como las guerrillas de la península de Indochina en la televisión y las publicaciones periódicas. Al tasajo se le decía “si te he visto no me acuerdo”. El pollo era ‘romance de verano’, tal vez porque, en 1968, solo llegó en dos ocasiones a los centros de distribución. El pan, que se hizo más accesible una vez que fue incluido en la cartilla de racionamientos, y se distribuyó un cuarto de libra por persona, recibió el mote de “te odio, pero no te olvido”. La carne de cerdo, que llegaba solo para los festejos del fin de año, era conocida como “sueño de juventud”. 

En los años noventa- durante los días del llamado Periodo Especial- algunos alimentos recibieron motes parecidos: el huevo era la Calabacita, una animación que proyectaba el canal 6 de la televisión cubana para que los niños fueran a dormir. Como la Calabacita, cada noche, el huevo decía “hasta mañana”. La mantequilla era “Andar La Habana”, un título tomado de un programa televisivo conducido por el historiador de la ciudad, Eusebio Leal. El pan era “Toma Uno”, un espacio del Canal 6 que transmitía filmes contemporáneos. 

En 1970, el gobierno ensayó el llamado Plan jaba, para aliviar las excesivas colas en los centros de distribución de alimentos. En 1972 se puso en práctica en todo el país. Inicialmente consistía en que los trabajadores recibieran los productos en sus domicilios, pero posteriormente devino en que los beneficiarios del Plan jaba tendrían prioridad en las colas para comprar (dos personas afiliadas al Plan jaba, y a continuación le correspondería a una que no participara en ese programa).

En marzo de 1971 según cifras publicadas en la revista Bohemia, había un exceso de circulante de más de 3000.000.000 de pesos.

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