miércoles, 5 de junio de 2013

El día después de los Castro, ¿quién pudiera ser el sustituto?

Por Iván García.

Ya alguna gente en Cuba hace sus quinielas. Se sabe que a la vuelta de cinco o diez años el poder podría cambiar de dueño. Las incógnitas son si el delfín llevará el apellido Castro, y si se mantendrá el ineficiente sistema económico y político.

Raúl Castro diseñó una regulación que impide gobernar más allá de dos períodos de 5 años. Si la aplicase para sí, en 2016 debería retirarse de la política nacional. En caso que se tome como fecha oficial de su llegada al poder el año 2008, entonces su jubilación acontecería en 2018.

Pero los autócratas no suelen acogerse a ningún decreto. Las normas son para los otros, no para ellos. Y muchos en la isla piensan que mientras esté cuerdo y goce de buena salud, el General seguirá administrando la nación.

A los cubanos les gusta pronosticar. Y apostar. La lotería clandestina es un pasatiempo fuerte. Y ya, por ejemplo, los fanáticos del béisbol hacen vaticinios sobres las probables alineaciones para el III Clásico Mundial 2013. Pero en cuestiones de política son timoratos. Fidel Castro siempre vio como un delito ambicionar el poder, y sus subalternos se cuidan de hacer declaraciones que pudiesen ser interpretadas como una probable futura campaña presidencial.

No pocas cabezas han rodado por anhelar el trono. Roberto Robaina, ex ministro de exteriores, se ha convertido en dueño de una exitosa paladar. Otros, como Felipe Pérez Roque y Carlos Lage, cayeron de la cima con mucho estruendo y hoy son dos oscuros burócratas de poco rango. En el último congreso del Partido Comunista, Castro II alertó sobre la escasa cantera de políticos y funcionarios jóvenes y afirmó que, en el futuro, ningún presidente podría gobernar más allá de una década.

En una encuesta a 18 personas, gente bien informada por tener acceso a internet y a la antena ilegal por cable, consideran que si la vida nacional continúa su actual cauce, el próximo presidente lo designaría a dedo el propio Raúl.

¿Quién o quienes podrían ser los sustitutos? Siete creen que Alejandro Castro,   coordinador de todos los servicios secretos. Es joven y lleva el apellido Castro, lo que permitiría alargar la dinastía. Cuatro opinan que el próximo presidente sería alguien de la vieja guardia raulista y señalan a Leopoldo Cintras Frías, ministro de las Fuerzas Armadas.

Dos encuestados piensan que en la Cuba del futuro gobernará una junta de militares. Y cinco consideran que Mariela Castro, Lázaro Expósito, Marino Murillo, Luis Alberto López-Callejas o Miguel Díaz Canel podrían se presidentes, dados sus lazos familiares o afinidades políticas con Raúl Castro.

¿Cuál podría ser el proyecto político? Los encuestados ni se lo imaginan, pero se tiran a la piscina y dan su vaticinio. Para nueve de ellos, si Fidel Castro estuviese muerto, el sucesor apostaría por una economía de mercado y un gobierno fuerte y rotativo entre integrantes del mismo equipo.

Podrían diseñar una nación con un barniz democrático al estilo de Rusia. Si Estados Unidos negocia, dialoga y acepta a cualquiera de los sucesores de Castro, escudándose en razones de seguridad como la emigración ilegal, el terrorismo y las drogas, es probable que prefiera una gobierno autoritario, sin importarle demasiado que discretamente viole  libertades individuales, pero que le garantice sus fronteras, antes que una democracia débil o corrupta, que conviertan a la isla en una balsa gigante o un terreno fértil para el narcotráfico internacional.

También creen que el sucesor de Castro trazará una política de relaciones con Washington que eche abajo la diplomacia de guerra fría diseñada por Fidel Castro. Varios entrevistados consideran que Estados Unidos no toleraría esa versión de ‘castrismo light’ y continuaría pronunciándose por una democracia real con participación de todos los actores políticos.

¿En caso de ser así, cuáles políticos o líderes de la disidencia podrían gobernar el día después de los Castro? Los encuestados coinciden que debido a la represión y falta de  liderazgo, en estos momentos no se distingue una figura.

Algunos creen que Oswaldo Payá Sardiñas hubiera sido un buen candidato. Tras su inesperada muerte, se decantan por Oscar Elías Biscet. Otros apuestan por Manuel Cuesta Morúa, con más experiencia y curriculum que Eliécer Ávila o Antonio Rodriles.

Aunque es desconocida entre la población, una persona dijo que una candidata podría ser la bloguera Yoani Sánchez. Pero en una extensa entrevista que en 2009 le hice a Yoani y fue publicada en dos partes -la primera en el mes de febrero y la segunda en septiembre ella aseguró que no era opositora ni disidente y no se veía en un puesto político, porque la política le daba repulsa, la rechazaba.

Los 18 encuestados piensan que la oposición debe consolidar su trabajo en la comunidad y trazar un proyecto político viable, inclusivo y coherente. Y que el futuro presidente de Cuba no necesariamente tiene que ser un opositor o un personaje ligado al régimen verde olivo. Pudiera ser, dijeron, un ciudadano corriente que hoy camina por las calles y en determinado momento cobrara protagonismo. O un exiliado cubano con buenos nexos políticos en Estados Unidos y el mundo de las finanzas. Un tipo formado en un sistema democrático y transparente. Cualquiera que sea la variante de una Cuba después de Castro, todos concuerdan que el papel del exilio será fundamental.

En lo personal me inclino por una mujer. Menos Mariela Castro y Aleida Guevara, por sus vínculos castristas. Cuba necesita del alma femenina. Me da igual que sea Miriam Celaya, Laritza Diversent o Rosa María Payá. Ya estoy harto del discurso de los cojones. Sobra testosterona.
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