miércoles, 5 de junio de 2013

El miedo del castrismo se percibe en las calles.

Por Sayli Navarro.

Quien salga a las calles en una u otra de las ciudades de Cuba no le resultará difícil percatarse de la abundante presencia de militares uniformados y otros de civil, así como de quienes sin pertenecer a uno de los cuerpos armados de la nación, se sabe que son alistados a los comprometidos o chivatos. Esta presencia policial es mayor en las urbes más populares, donde se choca con parejas de policías, de infantería y otros individuales, alguno que lleva perros amaestrados y el apoyo a estos desde vehículos automotores.

Dicha imagen se justifica cuando el robo, el asalto o el crimen están presentes de manera constante. No hay otra causa. Pero las autoridades cubanas tratan de enviar un mensaje al espacio universal, aduciendo que, a pesar de la crisis económica que afecta el país, aquí todo marcha sobre ruedas y en orden, y que el pueblo se mantiene unido a su revolución, su partido único y a sus líderes históricos.

Si fueran ciertas las expresiones lanzadas por los voceros del régimen, ¿qué justifica la situación antes descrita? Para esta interrogante hay una respuesta: la situación interna en Cuba está marcada por un alto índice de violencia policial y la presencia de acciones delictivas comunes, dada la escasez y el descontento popular palpable. A ello se suma el incremento de una oposición más madura, nutrida y consciente de que su accionar tiene el mayor caldo de cultivo en las calles, ante la mirada de sus compatriotas.

Considero como una clara manifestación de miedo, entre los principales resortes del castrismo, ese desespero mostrado en dichos patrullajes, el abordaje contra quienes transitan con una mochila o con jabas abultadas; o llevan una cámara de vídeo o fotográfica, o un pliego de papeles; o cuando en las intenciones de un grupo se interpretan ideas de efectuar una reunión contestataria. Ojalá me equivoque, pero aquí bien se podría recordar a una fiera acorralada, que en tales condiciones es cuando da los mayores y más mortíferos zarpazos.

Ejemplo de ello es un episodio represivo ocurrido el pasado 23 de agosto contra miembros de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU). Fuerzas combinadas del Ministerio del Interior (MININT), encabezadas por su policía política, allanaron viviendas de opositores, detuvieron a varios activistas y saquearon materiales impresos, teléfonos celulares, computadoras, impresoras, cámaras. ¿Por qué lo hacen? Porque sienten miedo de perder el poder que consiguieron hace más de 53 años, engañando al mundo y al pueblo cubano.

Hago referencia a lo acaecido contra la UNPACU por ser lo más notorio en el país. En las provincias de Villa Clara, Pinar del Río, La Habana y Matanzas, la “Operación Atraco y Saqueo” también se enseñoreó de la oposición. En el caso de nuestra provincia, ocurrió el 25 de agosto, alrededor de las doce del mediodía, cuando un operativo protagonizado por un carro patrulla marca Lada 208 y un jeep verde de la patrulla de carretera me detuvieron en compañía de mi padre, el ex preso político Félix Navarro Rodríguez; y de Nelson Ruiz Alonso y Julio Martínez Guevara. Ya en la Unidad de la Policía de Calimete, sita en Calle Independencia número 33, me ocuparon una pequeña laptop personal.

En la Isla el gobierno no tiene que proteger a la nación de terroristas y armados. Cuando emplean las fuerzas militares, lo hacen contra organizaciones de la emergente sociedad civil con estrategias muy arraigadas dentro de la lucha pacífica y no violenta.

Las armas de estos compatriotas son sus ideas por una Cuba democrática, libre, plural y justa. Se apoyan en la honestidad, la verdad, en el amor de sus principios y buscan protegerse a través de los medios de comunicación y la solidaridad internacional.

Cuando las fuerzas represoras del gobierno cubano muestran en las calles su fortaleza militar sin paralelo, como se puede comprobar en este momento, se debe a que el miedo que vive el castrismo es ya muy difícil de disimular.

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