miércoles, 26 de junio de 2013

Gregorio y los puercos de Acopio.

Por Leonel Alberto P. Belette.

El Partido Comunista exhortó al campesinado cubano a convertir la producción de viandas en batalla prioritaria para la subsistencia del sistema. Aguerridamente, entraron las tropas de guajiros al surco, a sembrar plátanos para salvar el socialismo.

Ahora no encuentran quién les pague la mercancía que las autoridades dejaron pudrir en el campo, lo cual compromete la próxima cosecha, en un país donde encontrar víveres ha devenido uno de los problemas más difíciles para el ciudadano, y donde la falta de suministros dispara los precios hasta alcanzar niveles de desastre nacional.


Gregorio es uno de los tantos campesinos a los que la cosecha se les pudre en el campo. Los funcionarios de Acopio, única entidad acreditada como intermediaria por el Ministerio de Agricultura, pretenden condicionar la naturaleza a esquemáticas reglas elaboradas por sabe Dios qué boniato con charreteras.

Después de escuchar la arenga de Raúl Castro, Gregorio llenó de sembradíos de plátanos su finca, en la localidad de Güira de Melena, uno de los principales municipios encargados de abastecer de alimentos a la capital. A pesar de tener más de 70 años, madrugó durante un año para invertir en su terruño mucho sudor y mucho dinero.

Preparar y abonar la tierra, adquirir nuevas posturas, reparar un vetusto tractor ruso, además de sufragar combustible, luchar contra las plagas, guataquear malas hierbas, pagar custodios para evitar robos en las plantaciones, innovar el sistema de regadío para paliar la sequía y rezar ante la zozobra provocada por la amenaza de ciclones. A todo ello se entregó Gregorio, con las pocas energías que le quedan, porque el plátano es un cultivo de ciclo largo, que requiera una considerable inversión.

Sólo dos cosas no pudo prever Gregorio. Primero, el muy variable e impredecible clima cubano, que esta vez provocaría la maduración temprana de los frutos. Y segundo, la incompetencia de la empresa estatal Acopio, que se declaró incapaz de canalizar el adelanto de la producción del año.

Algunos guajiros afirman que las autoridades de Acopio en Güira de Melena dejaron podrir intencionalmente numerosas carretas de plátanos, tras adquirirlas, con la intención de venderlas a los criadores porcinos in situ, y así generar fraudulentas ganancias. Incluso, la prensa oficialista denunció parcialmente lo ocurrido. Pero, según los productores, casi nada cambió; siguen afectados por la incompetencia del sistema.

Durante meses, tras el escándalo inicial, Acopio ha omitido el pago de indemnización por su incumplimiento del contrato, mediante el cual se había comprometido a absorber toda la producción. Goza de impunidad para hacerlo, pues ningún campesino considera que pueda ganar un litigio contra esta entidad estatal.

Los campesinos están contra la pared, porque el seguro estatal, suscrito por ellos, cubre exclusivamente los casos de desastres climatológicos. La pérdida para sus bolsillos es considerable, e inestimable el trabajo perdido bajo el implacable sol antillano. En Güira de Melena son pocos los campesinos con solvencia económica suficiente para amortiguar el golpe, la inmensa mayoría no posee más que sus humildes parcelas de tierra.

Gregorio no sabe qué hacer con los plátanos que aún penden de las matas. Ante la negativa de Acopio, podría rentar un camión y trasladarlos poco a poco hacia la capital, pero la ley establece que tiene que venderla él directamente a la población, no puede hacerlo a otro intermediario que no sea Acopio.  No puede atender la finca y estar en el mercado al mismo tiempo, ni tiene familiar alguno que se pueda encargar del asunto.

De momento, Gregorio dejó de pagar a los custodios. Y ahora le regala los racimos de plátanos a quienes llega a su parcela con la intención de robarlos. Hasta les ayuda a cargarlos, porque prefiere eso, a ver cómo los gusanos devoran su esfuerzo. Ha pensando en la posibilidad de pedir un préstamo al Banco para el año entrante, y comenzar de nuevo. Pero tiene claro que no podría caer otra vez en la trampa de sembrar plátanos para los puercos de Acopio.
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