miércoles, 9 de octubre de 2013

HAIER, la gran estafa.

Por Pablo Pascual Méndez Piña.

Con el surgimiento de la libreta de racionamiento en el año 1962, el refrigerador destronaba a la televisión y la radio como los electrodomésticos más anhelados por los cubanos. Asimismo, la necesidad de acumular y conservar alimentos se imponía al pasatiempo.

El nuevo estilo de vida obligaba a almacenar los sobrantes para aprovechar al máximo las pitanzas que, en raciones diarias, semanales o mensuales, el Estado "benefactor" asignaba y vendía a precios subsidiados.

Surgió otra contrariedad: Los refrigeradores heredados del capitalismo no cubrían la creciente demanda y hubo que esperar hasta los años setenta para que los cubanos faltos del aparato compitieran "sacándose trapos sucios" en las asambleas sindicales, una suerte de olimpismo donde los ganadores eran autorizados a comprar electrodomésticos procedentes de la URSS, el campo socialista y la industria nacional.

Treinta años más tarde estalló otra revolución, la "energética", y caravanas de camiones desfilaron cargadas con los "modernos y ecológicos" refrigeradores HAIER modelo HRF-250E, de fabricación China; equipos que fueron estibados por los jóvenes trabajadores sociales y ocuparon el lugar de los armatostes desahuciados, que emprendieron su último viaje hacia los chatarreros.

Hoy por hoy, aquellos antiguos Frigidaire, Philco, Westinghouse, Input y General Electric entre otros, son echados de menos por algunos de los exdueños, quienes lamentan haber "cambiado la vaca por la chiva". El timo, según el 80% de los consultados, succiona más del 20% de sus salarios o pensiones mensuales.

Según expertos, el refrigerador HAIER no cumple con las normas para latitudes tropicales. Con 232 litros de volumen neto, los alimentos guardados en su compartimiento de conservación corren el riesgo de descomponerse cuando arrecia el calor en la temporada veraniega.

También el HAIER es susceptible a la tupición del capilar, una rotura compleja, cuya reparación en los talleres estatales cuesta más de 1.400 pesos (4 meses de salario medio cubano).

El bajo consumo energético —según chapilla— es la única ventaja apreciable de estos equipos, y la cualidad técnica que supuestamente motivó a Fidel Castro a ultimar su adquisición en la República Popular China.

En el año 2004 sobrevino el caos energético en la Isla. Por un error humano se encorvó el eje del turbogenerador de la Termoeléctrica Antonio Guiteras, de Matanzas. Los apagones superaban 12 horas diarias y fue necesario paralizar 118 fábricas, junto a un paquete de medidas de austeridad que se aplicaron durante cuatro meses.

Rolando Márquez, un economista de 55 años, conserva recortes periodísticos de la época y cuenta que Castro "acaparó el programa Mesa Redonda para debatir y analizar estadísticas que revelaron la desigualdad cubana".

Según datos, el país contaba con una electrificación del 96%, un nivel superior al de América Latina y África. Sin embargo, un 93% de sus consumidores no llegaban mensualmente a gastar 300 kilowatts-hora. Solo un 7% superaba la cifra y, dentro de ella, un 1,5% consumía más de 1000.

Castro evidenció sin proponérselo que el 93% de la población con acceso a la electricidad vivía en la pobreza, mientras el 5,5% formaba parte de la clase media y el 1,5% pertenecía una clase alta (dirigente). Ambos escalones poseían electrodomésticos más eficientes y modernos que el resto de sus paisanos.

Los más infortunados aún conservaban televisores a válvulas, bombillas incandescentes, ventiladores artesanales, refrigeradores viejos y cocinillas con resistencias de alambre níquel-cromo.

Estos artefactos, dijeron los especialistas de la Unión Nacional Eléctrica (UNE), eran ineficientes, altos consumidores y elevaban considerablemente los picos en horarios de máxima demanda.

"Castro apeló a su tradicional fórmula", recordó Márquez; estableció una escala de tarifas acorde a los niveles de consumo. "Quien consuma más, paga más", sería el procedimiento para obligar a la austeridad. Pero la medida, en vez de incrementar el ahorro, trajo consigo una oleada de fraudes y otros actos delictivos.

Gracias a la chequera del fiador Hugo Chávez, Castro "resolvió renovar los equipos electrodomésticos de la población", puntualizó Márquez. Tales enseres fueron comprados en el mercado chino a precios que se mantienen en secreto. Al final, el exgobernante se agenció "la potestad de elegir los aparatos destinados a sustituir los cachivaches de los pobres".

Felipe Rodríguez, un jubilado de 80 años residente en el Vedado, cuenta que era propietario de un refrigerador marca Norge fabricado en Norteamérica en los años cincuenta. Decidió cambiarlo por un HAIER, ya que el mueble estaba viejo y necesitaba chapistería y cambio de junta.

"No recibí reembolso por el equipo entregado", aclara Rodríguez… "Me descuentan 59 pesos (2,5 dólares) de un total de 270 pesos (once dólares)", que recibe mensualmente como retirado. Ese monto deberá pagarlo durante 10 años, hasta totalizar unos 7.080 pesos (295 dólares).

"Si guardo una cazuela de potaje en el HAIER, me arriesgo a que se eche a perder", explica Rodríguez, quien reconoce que el negocio más malo de su vida fue adquirir ese refrigerador… "Óigame, en 1959 compré un Volk-Wagen del año y me salió más barato que esa porquería".

"Tengo un olfato del carajo", dice Wilfredo López, jubilado de 72 años, residente en la Habana Vieja. Narra que cuando se enteró de que a los refrigeradores HAIER les decían "los lloviznaos" (por el agua que corría por sus paneles interiores), le preguntó a varios técnicos, quienes le recomendaron que no cambiara su cascaron soviético de los años ochenta. Y, hasta hoy, no lamenta su decisión.

Con el título del Médico del Haier, la colega villaclareña Idalia Vázquez publicó en el blog oficialista Soyquiensoy una entrevista a Mariano Hernández Sánchez, un técnico en refrigeración que en diecisiete ocasiones fue elegido Vanguardia Nacional e igualmente fue condecorado con la medalla Lázaro Peña de III grado.

Hernández afirma que el HAIER tiene un mueble enterizo que es necesario romper para hacer el pronóstico de la rotura, un componente que está valorado en 1.400 pesos (58 dólares) por ser  importado de la República Popular China.

Sus investigaciones revelaron que la avería más frecuente de estos aparatos es la tupición de capilar, inconveniente que él resuelve aplicando un disolvente con una presión de 150 libras de aire. La reparación dura 10 minutos y disminuye los costes a 83 pesos (3.5 dólares). Según Hernández, con dicha solución el cliente paga menos y recupera la confianza en su equipo.

Por su parte, en el taller estatal de las calles Zapata y 27, en la barriada capitalina del Vedado, y junto a una mesa de trabajo con más de seis refrigeradores HAIER en reparación, un mecánico que solicitó el anonimato opina: "Las obstrucciones del capilar son originadas por la mala calidad del filtro y aplicar R-141 (disolvente) a alta presión para eliminar esas tupiciones puede causar otras averías. Además, estos refrigeradores también han presentado frecuentes roturas del compresor, cuya sustitución cuesta 900 pesos (38 dólares)".

Pero el HAIER exacerba las polémicas entre los especialistas, quienes razonan —entre otros defectos— que su ineficiencia se debe a la descomposición molecular del refrigerante ecológico R-134ª.  Otros, como el ingeniero Pepe, que ejerce como mecánico cuentapropista, lo desahucian aseverando: "La marca HAIER es una mierda".

"A pesar de los desperfectos", indica Pepe, "usted puede visitar el portal www.revolico.com y verá anuncios de venta de HAIER usados, por el irrisorio precio de 272 CUC (dólares). Algo así como una carnada para pescar bobos".

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