miércoles, 23 de octubre de 2013

Negocios de El Mariel no son para el mercado interno.

Por José Hugo Fernández.

La reciente chapuza del régimen destinada a impedir que los cuentapropistas le hagan la competencia con la venta de ropa importada, representa una nueva raya para el ya más que rayado tigre de la crisis que sufre nuestro mercado interno. La respuesta de los afectados ha sido reabrir sus viejos y mañosos sistemas de venta en bolsa negra. De modo que no es mucho lo que pierden. Ni tampoco es mucho lo que pierde el público, que preferirá adquirir su mercancía ilegalmente antes que atenerse a las malas ofertas de las tiendas estatales.

Verdaderamente, aunque de pronto no lo parezca, el primer perdedor de este nuevo affaire dictatorial podría ser el régimen. De hecho, pone una vez más de manifiesto que su ley suprema es la ilegalidad. Ilegal por origen y vocación, con cada medida no consigue sino provocar respuestas ilegales por parte de la población.

Cualquiera que no los conozca podría acusarlos de tarados, al ver que mientras fingen preocuparse por la ilicitud y la corrupción que hoy hunden a Cuba, continúan dictando regulaciones con las que no parecen buscar sino el incremento de esos males. Pero nadie se llame a engaño, ellos se sostienen sobre la ilegalidad, es una de sus principales estrategias de dominio, la necesitan como ciertos roedores coprófagos precisan alimentarse con su propio excremento.

Hay quienes dicen que han dictado esta medida porque muy pronto, gracias a sus negocios en el puerto de Mariel, estarán en condiciones de fortalecer las ofertas de las tiendas estatales. Yo no lo creo. Pensar que apuestan por ese presunto Potosí que es el Mariel para solucionar el escaso suministro y la mala calidad de sus surtidos de ropas, quizá sea concederle una capacidad de previsión que no emplean, porque no les interesa. A sus competidores ellos los aplastan con malas leyes y con represión, de modo que no necesitan mejorar sus ofertas para competir. Además, garantizar que los cubanos se vistan mejor no está entre sus prioridades. Saben muy bien que en esta selva en la que vivimos, cada cual se las arreglará como pueda para cubrir o no ese déficit, y sin chistar.

Los negocios de El Mariel no son asumidos por los generales como vías de progreso para el mercado interno, sino como fuente de rápido enriquecimiento personal de sus élites. Las circunstancias no les permiten asumirlos de otra manera. No tienen tiempo ni disposición, y ahí justamente es donde radica su hándicap.

La concreta es que en el caso de esta nueva prohibición actuaron como siempre lo han hecho, y como saben que pueden hacerlo: los vendedores particulares de ropa importada constituían un agujero en sus bolsillos y sencillamente han aplicado el remiendo. Y si la medida provoca (como ya provocó) un inmediato aumento del mercado negro, pues apenas implicará más trabajo para la policía y un nuevo surtidor de ingresos para los inspectores corruptos.

Las alternativas para revalorar el mercado interno (un punto que ocuparía primera línea en la agenda de cualquier gobernante con un mínimo de vergüenza) no les quitan el sueño a nuestros caciques. No porque desconozcan que sin un mercado interno organizado, fluido y dinámico jamás lograrán atraer una cifra importante de inversores extranjeros, sino porque tal perspectiva es contraria a sus intereses. Se conforman con un solo inversor fuerte, como Brasil, que les permita inflar sus cuentas sin correr el peligro de un auge económico liberador que terminaría poniendo en jaque su sistema de poder.

Tal vez no se necesite ser una eminencia en economía para comprender que no tendremos un mercado interno como es debido (y que en general no habrá un auténtico progreso para Cuba) mientras existan aquí un Estado todopoderoso y una sociedad civil débil y, para colmo, sin leyes ni reales oportunidades que le ayuden a crear riqueza. ¿Lo ignoran nuestros caciques? Yo diría que por no ignorarlo es que están apostándolo todo a su nuevo Potosí del puerto de Mariel. Creer otra cosa es como esperar que la gallina ponga los huevos fritos.
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