viernes, 7 de diciembre de 2018

El franquismo y el castrismo, algunas coincidencias.

Por Alberto Roteta Dorado.


Recién concluyó noviembre, mes en el que tuvo lugar un considerable número de acontecimientos políticos capaces de llamar la atención no solo de aquellos que colaboramos con los medios de prensa, sino de aquellos que interesados en la política y la sociología actual dedican un tiempo de sus vidas a la lectura y la investigación.

Este 20 de noviembre, Francisco Franco, el militar español que estuvo al frente del Gobierno de España entre 1938 y 1973, aunque se mantuvo como Caudillo de la nación desde 1936 y hasta 1975, cumplió 43 años de haber abandonado su vestidura mortal. Su permanencia en el poderío español se extendió durante 39 años toda vez que antes de su presencia como Jefe de Gobierno en 1938, ya se le había investido como Caudillo desde finales 1936.

Fidel Castro pasó a las profundidades infernales cinco días después, esto es, un 25 de noviembre, aunque del año 2016. Como todos sabéis el dictador cubano gobernó la isla de Cuba desde 1959, una vez que se instauró en el poder del país, y hasta su muerte en 2016, independientemente de sus cargos oficiales, primero como Primer Ministro, desde 1959 hasta 1976, etapa en la que estuvo el Dr. Osvaldo Dorticós como Presidente decorativo, y luego como Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros -cargo creado por el, o al menos creado para el, a partir de la Constitución de 1976- a partir de este último año y hasta el traspaso de estos poderes a su hermano Raúl Castro en 2008, aunque ya desde el 2006 este último lo sustituía de manera interina dada su precaria salud y su estado de enajenación mental.

De ahí que su permanencia oficial al frente de Cuba puede estimarse en 49 años (1959-2008), aunque hasta el fin de sus días en 2016 la isla se mantuvo bajo su autoridad, esto es, durante 57 años. Recordemos que el viejo comandante se mantuvo como Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba hasta su muerte, y que dicha entidad autoritaria y totalitarista rige los designios de la nación cubana, aun por encima de los poderes estatales y del supuesto parlamento o Asamblea Nacional como se le suele llamar en Cuba.

Justamente en estos prolongados períodos de gobernabilidad, algo que Castro lo supera con creces, así como en la prolongación de sus respectivos mandatos, aun cuando ya oficialmente no estaban al mando de sus naciones, es que podemos percibir las primeras similitudes entre estos dos personajes de la historia contemporánea. Además de la longevidad de ambos mandatarios y de la coincidencia en el mes de sus muertes.

En ambas figuras -se les llama figuras a aquellas personalidades que han alcanzado cierta notoriedad a través del tiempo, aunque no necesariamente dichos personajes encarnen la idea del bien, sino que por el contrario se pueden considerar la personificación del mal- se da un interesante fenómeno que merece ser estudiado desde el punto de vista antropológico. Me refiero a la idea de que ambos han sido rechazados, repudiados y odiados por millones de personas de todas partes del mundo, y de manera paradójica también han sido admirados, reconocidos y hasta venerados por las multitudes, algo muy sui generis que se da en aquellos líderes extremos, esto es, los demasiado “buenos”, “condescendientes” y “complacientes” a los que se les idealiza hasta considerarlos cuasi santos, y en contraposición, a los más crueles, a quienes se les responsabiliza de la muerte de centenares de miles de hombres en el mundo; tal es el caso de Franco y Castro.

Ambos dictadores -porque a Francisco Franco también se le considera un dictador a pesar de las fuertes controversias en torno a esta categoría para el exmandatario español- fueron capaces de originar tendencias políticas a partir de sus estilos de gobierno y de sus políticas directrices; de ahí que en nuestros días se hable de un franquismo bien definido, y no de un fascismo como se pretende; y de un castrismo, no de un comunismo que solo ha existido como concepto en tanto que idea, que está por definir con mayor seriedad y conocimiento de causa, por cuanto el término suele emplearse más que como tendencia política, como calificativo acompañante para los desaciertos del fracasado líder cubano. 

En el caso de Franco resulta necesario analizar su evolución como gobernante, esto es, sus sucesivos cambios que fueron desde una marcada aproximación al fascismo italiano de Benito Mussolini y al nacionalsocialismo hitleriano -elementos que predominaron en el inicio de su mandato-, hasta su inserción en modalidades más actuales de reformas políticas y cierto desarrollo económico, algo que tuvo lugar a partir de la década del sesenta cuando el mandatario decidió abrirse un tanto al mundo, lo que le permitió -según algunos investigadores actuales, aunque también es demasiado discutido (como todo lo que tiene que ver con el franquismo)-sacar a España de una situación extremadamente difícil dada su pobreza extendida desde la post-guerra hasta bien entrado su mandato, así como su atraso social en relación con otras naciones europeas.

Para los defensores del franquismo, el General sacó a España de su precariedad; como también los defensores del castrismo aun siguen aferrados a la idea de que Fidel Castro eliminó la pobreza en Cuba, les dio educación y trabajo a todos, erradicó múltiples enfermedades y consolidó sendos sistemas de educación y de salud. 

El franquismo es en sí un grupo de ideologías y tendencias en relación con una afinidad profesada hacia la dictadura que protagonizó Francisco Franco, amén de denominarse también al régimen político propiamente dicho que nació en España a raíz de la guerra civil de 1936-1939; período que se extendió hasta la muerte de Franco en 1975. Es una ideología propia del siglo XX, como lo es también el nacionalsocialismo y el comunismo -ramas de un mismo tronco común: el materialismo-. Dicha modalidad política se caracterizó por su marcado acento nacionalista, lo que le aproxima sobremanera a las concepciones de Adolfo Hitler con su nacionalsocialismo, movimiento de marcada proyección nacionalista en pos de sobreponer las grandezas de Alemania, no solo desde el punto de vista político, sino haciendo especial énfasis en la sobredimensión de las tradiciones germanas, y de manera general, de la cultura alemana, lo que Hitler impregnó hasta de cierto misticismo ocultista dado por su afinidad por los temas de esta naturaleza; sin que olvidemos su obsesión por la supremacía de la raza aria.

Pero dejando a Hitler con su nacionalsocialismo a un lado toda vez que ya en una ocasión lo comparé con Fidel Castro (enlace) retomemos la idea de las posibles similitudes entre Franco y Castro.

A ambos dictadores se les ha culpado de la muerte directa o indirecta de cientos de miles de seres humanos, ya sea mediante fusilamientos masivos, por deterioro progresivo de la salud en las cárceles o en campos de concentración.

Lograr establecer la exactitud de las víctimas del franquismo es una verdadera utopía. Téngase en cuenta que cada vez existe un mayor interés, ya sea por revivir un pasado inexistente, con lo que se contribuye a la defensa del fundador y promotor del franquismo, o por el contrario, con la intención de desacreditarlo ante el mundo, con lo cual se le puede atribuir una enorme cantidad de crímenes y otras acciones mucho mayores de lo que en realidad cometió; y esto, sin duda, origina graves sesgos que deberán reinterpretarse una y otra vez tratando de ser lo más objetivos posibles a la hora de aportar al conocimiento de la historia sin dejarnos llevar por nuestro apasionamiento a favor o en contra de determinados personajes de nuestra historia.   

La apertura gradual de varios archivos, sobre todo militares, ha permitido que el trabajo de los historiadores haya avanzado mucho en los últimos años en acotar las elevadísimas cifras que se han estado manejando. Así las cosas, entre 1936 y 1943 hubo aproximadamente 150.000 víctimas mortales en actos de represalia, campos de concentración, trabajo y cárceles.

Según el historiador Javier Rodrigo, del Instituto Universitario Europeo de Florencia, en España funcionaron 104 campos de concentración. Entre 1936 y 1939 pasaron por ellos entre 370.000 y 400.000 personas, muchas de las cuales murieron por higiene deficitaria y escasa alimentación.

Jaime Alonso García, vicepresidente del Ejecutivo de la Fundación Nacional Francisco Franco, defensor acérrimo del Franquismo y en pleno acuerdo con la pena de muerte declaró hace poco: “De las 36.000 condenas a muerte sólo se fusila a 23.000, y es una cifra, entre comillas y salvando las distancias, ridícula comparando con lo que pasó en Italia, Francia o cualquier país afín al Eje (…) El Régimen no fusilaba por capricho. A diferencia del otro régimen que se dice democrático, tenía unos consejos de guerra. Fusiló infinitamente menos que fusilaron en Italia, Francia o Alemania (…) No fusila a nadie que no sea en un consejo de guerra, un tribunal excepcional, igual que es ahora la Audiencia Nacional”.

Otras fuentes hacen referencia a que entre 1939 y 1975 murieron alrededor de 195.000 personas y se exiliaron 400.000 españoles por la represión franquista. Lo que se queda muy por debajo de la cifra de posibles “rojos” asesinados que cita el historiador Julián Casanova, cuyo número asciende a más de 50.000 entre 1939 y 1946. Cifras relativamente bajas cuando se les compara con los increíbles índices reportados como consecuencias de los comunismos soviético y chino.

En el caso de las víctimas causadas como resultado de su disidencia respecto al régimen cubano, no existe un número preciso que demuestre la exactitud de víctimas. En la actualidad algunas ONG intentan establecer una adecuada documentación casuística, pero de igual modo, está presente siempre la posibilidad de sesgo ante las contrariedades de reportes de casos.

La organización Archivo Cuba, con sede en Miami, Estados Unidos, señala que en el más de medio siglo que lleva instaurado el régimen comunista cubano se fusilaron 3.116  personas, mientras que otras 1.166 fueron ejecutadas de manera extrajudicial. La inmensa mayoría de dichos fusilamientos tuvieron lugar en la primera etapa del régimen, siendo los soldados o vinculados al gobierno de Fulgencio Batista las principales víctimas, lo que pretendió explicar el asesino Ernesto “Che” Guevara ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1964, cuando expresó:  "Es una verdad conocida y la hemos expresado siempre ante el mundo. Fusilamientos, sí. Hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte (…) En esas condiciones nosotros vivimos por la imposición del imperialismo norteamericano. Pero eso sí, asesinatos no cometemos".

Compárese la defensa de este sanguinario con las palabras citadas antes del funcionario de la Fundación Franco al decir que “El Régimen (franquista) no fusilaba por capricho”.

Hasta el último día de 2015, el grupo Archivo Cuba, tenía documentadas 7.062 muertes y desapariciones provocadas por el castrismo desde 1959, así como 123 desapariciones, 315 muertes por negligencia médica y 146 suicidios por causas políticas.

El franquismo utilizó frases que se han hecho célebres a través del tiempo, siendo la más representativa y también la más difundida: ¡Una, Grande y Libre!, refiriéndose a la idea de España como nación, lo que refuerza la tendencia nacionalista que caracteriza al franquismo al simplificar el concepto nacionalista del país. No obstante, el lema ¡Una Patria, un Estado, Un Caudillo!, merece ser citada toda vez que, no solo idealiza a Franco con su denominación de Caudillo, sino que es una adaptación de la consigna de la Alemania nazi Ein Volk, ein Reich, ein Führer (un pueblo, un imperio, un líder).

El castrismo hizo célebres las frases ¡Patria o Muerte!, más tarde modificada por el viejo comandante, que ya empezaba a alucinar, como ¡Socialismo o Muerte!, las que merecen un comentario aparte que dejaré para otra ocasión, por cuanto, el tirano acude al término MUERTE en un sentido que parece ser simbólico, pero en sí es una realidad si se analiza su postura de preferir hundir a todo un pueblo antes de ceder a sus caprichos obstinados.

Nótese que en la simbología franquista está presente la idea de lo trino expresado a través de lemas o consignas, lo que guarda relación con ese protagonismo que el Caudillo de España le confirió a la iglesia católica. Esta concepción trinitaria (Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo del Cristianismo) se simplifica en una dualidad (¡Patria o Muerte! y ¡Socialismo o Muerte!) en el caso del mandatario cubano, quien desde su materialismo acérrimo impuso un nuevo orden en el pensamiento de los cubanos: el marxismo-leninismo, tendencia que difundió mediante la prédica del materialismo dialéctico e histórico establecido por Marx y mal copiado a partir de las modificaciones de los soviets.

A ambos se les nombraba por determinados epítetos que a modo de culto a las personalidades se utilizaban, y se siguen utilizando, para engrandecer sus egos. Así, a Franco se le llamada el Caudillo y el Generalísimo, distinciones que en realidad tenía. Recordemos su formación militar académica, aunque se le acusa de haber permanecido un tanto en la sombra.

A Castro se le ha llamado indistintamente: el eterno comandante invicto, el líder histórico de la revolución cubana, el caballo, Fifo (por lo de Fidel), y el comandante, grado autoimpuesto. Recordemos que, a diferencia de Franco, Castro no tuvo formación militar alguna, y al parecer permaneció también  demasiado tiempo en la sombra. No obstante, se autoproclamó Comandante en Jefe.

Así las cosas, y aunque me he limitado a ciertos aspectos del desempeño de ambos dictadores, existen algunos puntos comunes entre ambos, aunque como todos sabéis, hicieron de las suyas desde posturas aparentemente opuestas, esto es, desde los grados extremos del radicalismo derechista, en el caso de Franco, y desde la extrema izquierda más sanguinaria en el caso de Castro.
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