jueves, 7 de noviembre de 2019

El bumerán del "Impeachment.

Por Alfredo M. Cepero.

El  juicio político -"impeachment"- ante el Senado es un tema tan complicado que hasta los expertos en derecho constitucional lo interpretan de distintas formas. Por eso me remonto a la frase del orador e historiador romano Marco Tulio Cicerón: "Antes de discutir, definir" para tratar de hacer luz en este oscuro túnel donde predominan los intereses políticos, los resabios ideológicos y hasta las pasiones personales. Esa es la tormenta que cuenta con altas probabilidades de abatir el panorama político norteamericano en los próximos doce meses hasta las elecciones generales del martes 3 de noviembre de 2020.

Veamos. El bumerán es un arma arrojadiza formada por una lámina de madera encorvada de tal manera que, lanzada con movimiento giratorio, vuelve al punto de partida. Fue diseñada y es usada con gran frecuencia por los aborígenes australianos. El "impeachment" es el proceso por el cual un cuerpo legislativo formula acusaciones contra un funcionario gubernamental. El "impeachment" por sí mismo no despoja de su cargo al funcionario. Se limita simplemente a ser un pliego de cargos. El funcionario será despojado de su cargo únicamente después de ser condenado por el cuerpo legislativo a cargo de juzgarlo.

En el caso de los Estados Unidos, el Artículo 2, Sección 4 de su constitución estipula que el Presidente, el Vice-presidente y todos los funcionarios civiles de la nación serán despojados de sus cargos por medio del "impeachment" -juicio político-si son condenados por delitos de traición, soborno y otros altos crímenes y delitos de menor cuantía. El problema reside en que esta definición es tan genérica que se presta a múltiples interpretaciones por parte de aquellos que promueven y aplican el proceso del "impeachment", sobre todo cuando tomamos en cuenta sus tóxicos ingredientes políticos.

Hagamos ahora un poco de historia. A pesar de que la mayor parte de los presidente de los Estados Unidos han sido amenazados con el "impeachment" , solamente dos de ellos-Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1998- fueron acusados formalmente. Irónicamente, ambos fueron exonerados de sus acusaciones y permanecieron en sus cargos. Por su parte, Richard Nixon renunció a su cargo antes de ser sometido a juicio en 1974. Cuando la Cámara de Representante votó-410 a 4-a favor de los Artículos de Enjuiciamiento Nixon se dio cuenta de que sería condenado y alzó la bandera blanca.

El "impeachment", por otra parte, puede convertirse en un bumerán para el partido que lo utiliza como arma política contra un presidente del partido contrario. Los republicanos perdieron el control de la Cámara de Representantes cuando enjuiciaron a Bill Clinton en 1998. Los demócratas, por su parte, aunque no perdieron el control, sufrieron pérdidas en las elecciones siguientes cuando trataron de enjuiciar a Nixon en 1974. Por eso el demócrata Tip O’Neill afirmó que una campaña de juicio político necesita contar con el apoyo de miembros de ambos partidos, tanto entre los votantes como entre los legisladores. En tal sentido, el analista político de Fox News, Brit Hume, declaró que si el "impeachment" contra Trump es percibido como injusto los demócratas tendrán problemas en las elecciones venideras. Por eso Nancy Pelosi, que es venenosa pero no tiene un pelo de tonta, se resistió por mucho tiempo a enjuiciar a Donald Trump.

Sin embargo, cediendo ante la presión del terrorismo político de la izquierda vitriólica del Partido Demócrata, la Pelosi se ha lanzado a esta tembladera política en un intento desesperado por conservar la presidencia de la Cámara de Representantes. La realidad es que la Pelosi ostentará el cargo de presidenta pero el verdadero poder está en manos de fanáticas como Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib, todas ellas miembros de una banda de forajidas que se hace llamar "La Escuadra". La palestina Rashida Tlaib llegó a la vulgaridad de decir en una conferencia de prensa que había prometido a su hijo someter a juicio al HP de Donald Trump.

Por otra parte, aunque los demócratas en el Congreso están cegados por el odio al presidente todos ellos saben contar. La Cámara de Representantes tiene los votos para solicitar al Senado que enjuicie a Donald Trump pero no hay votos suficientes para condenarlo en la Cámara Alta. Necesitan el voto de 20 republicanos para completar el requisito de 67 senadores que voten a favor de una resolución condenando al presidente. Ellos, ustedes y yo sabemos que esa es una imposibilidad política. La reciente votación en la Cámara de Representantes fue totalmente partidista y no logró un solo voto republicano.

Cabe entonces preguntarnos, ¿cuál es el objetivo de este circo político sin las más mínimas probabilidades de éxito? La respuesta nos la dio el congresista demócrata Al Green. En un inusitado momento de transparencia el legislador por el Estado de Texas admitió ante la prensa que si Trump no era condenado en un juicio político sería reelecto como presidente en las próximas elecciones. Traducción, esto quiere decir que Green acepta que ya sea que el desempeño de Donald Trump es tan formidable o que la agenda de los candidatos presidenciales del Partido Demócrata es tan aterrorizante que el pueblo norteamericano no votará por ninguno de ellos.

Otra interpretación de la descabellada estrategia de los demócratas nos la proporcionó el brillante analista político conservador Victor Davis Hanson. Los demócratas, según Hanson, están tratando de erosionar la resistencia física y mental de Donald Trump. Y agregó: "Ya vimos el ataque cardíaco que sufrió Bernie Sanders durante sus viajes de campaña. No es fácil para un septuagenario resistir las presiones de una campaña a la presidencia. Ya sabemos lo que le pasó a Richard Nixon durante su pesadilla del Watergate. Padeció de flebitis, contrajo una neumonía y estuvo muy cerca de la muerte." Con estos vaticinios, los partidarios de Donald Trump tenemos que rezar por su salud, no sólo por él sino por la seguridad, la armonía y la prosperidad de unos Estados Unidos donde vivirán nuestros nietos.

Cabe, asimismo, preguntarnos quienes serán los ganadores en este sicodrama del "impeachment" de Donald Trump. A corto plazo, Trump ha perdido cierta fuerza en las recientes semanas pero en los últimos días ha recuperado gran parte del terreno perdido. A largo plazo, nos encontramos en la antesala de varias investigaciones criminales como las de Michael Horowitz y John Durham donde los investigados son los enemigos de Trump. El Senado , por su parte, jamás condenará al presidente y los votantes se darán cuenta muy pronto que la única muralla entre ellos y el socialismo es Donald Trump.

Por el bando demócrata, Elizabeth Warren o su copia al carbón es un candidato más débil que el balbuciente Joe Biden. Su falta de viabilidad constituye un gran beneficio para Donald Trump. Las recaudaciones del presidente han alcanzado niveles de estratósfera. Wall Street y el Silicon Valley seguirán atacando en público a Donald Trump, pero por debajo de la mesa harán donaciones millonarias a su campaña. Los aumentos de impuestos con que los amenaza la Warren serían el comienzo de la cubanización de los Estados Unidos.

Así que si Trump se mantiene en buena salud, si los Estados Unidos no caen en una recesión, si no cometen el error de entrar en una guerra opcional y si el presidente es capaz de soportar el bombardeo constante de estas últimas semanas, las elecciones de 2020 podrían convertirse en un paseo para este hombre acostumbrado a ganar. En conclusión, los demócratas, tal como los republicanos que enjuiciaron a Clinton en 1998, podrían estarle haciendo un favor a Donald Trump en el 2020. El bumerán que han lanzado contra el presidente podría poner ambas cámaras del Congreso y la Casa Blanca en manos republicanas.
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