miércoles, 13 de noviembre de 2019

“Esto no hay quien lo aguante, es peor que vivir en una prisión.”

Por Enrique Díaz y Vladimir Turró.


Varias familias cubanas albergadas en lo que fuera la Casa de Cultura del municipio Cerro, convertida ahora en comunidad de tránsito, denuncian vivir hacinadas en el local, además de no contar con las mínimas condiciones necesarias para vivir como seres humanos.

“Esto no hay quien lo aguante, es peor que vivir en una prisión porque aquí no existen ni las más mínimas condiciones de vida, los animales en el Zoológico viven y comen mejor que nosotros”, afirmó Bárbara Gutiérrez Pérez una de las albergadas.

En declaraciones a CubaNet, Gutiérrez Pérez explica que su familia fue engañada por las autoridades, quienes le ofrecieron luego del desplome del techo de su vivienda un apartamento que nunca les fue entregado.

“Nos engañaron todo el tiempo, nada de lo que prometieron lo cumplieron y nos metieron aquí donde hay chincha, ratones, cucarachas y no somos bien atendidos”, indicó.

Según refleja, su núcleo familiar está compuesto por diez personas, entre ellos cinco niños, de los cuales dos son lactantes y uno de ellos padece de un enfisema pulmonar, por lo que asegura que estar allí no le hace bien a su salud ante la falta de ventilación del local.

“Esta niña no debe vivir aquí en este albergue por su delicada situación de salud, que de hecho esto no es un albergue, esto es un centro de evacuación donde no somos bien atendidos. La comida que nos dan es pésima, ni los perros se las pueden comer. Vivimos amenazados constantemente con la policía y no podemos hacer una vida normal, tenemos que hacer una vida acorde a como digan ellos, no podemos oír música, no podemos hablar en alta voz y nos sentimos amenazados y presionados por esta situación”, resaltó.

En tanto, Dolores Suarez Gutiérrez, madre de otra de las familias cubanas albergadas, y madre de tres pequeños, explica que se siente triste y cansada producto de todo el trabajo que pasa ante las deficiencias que enfrenta en el local.

“Los niños están llenos de picadas de chinchas, tengo una niña con un edema pulmonar, el catarro aquí no se le quita por la humedad que hay, la otra es asmática y el otro alérgico, y esto lo saben las autoridades y dicen que no tienen solución para mi problema”, argumentó.

Otras de las deficiencias, señala Dolores, es que los están amenazando con retirarles el alimento, y que incluso les quieren cobrar la electricidad.

“Dicen ellos que estamos consumiendo demasiada electricidad y que el gobierno no se puede hacer responsable de eso”, puntualizó.

El déficit habitacional en la isla sigue siendo una tarea pendiente del régimen cubano, a pesar de las tantas promesas de sus dirigentes de intentar acabar con esta problemática.
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