jueves, 21 de noviembre de 2019

El castrismo intenta retomar dos de nuestras tradiciones.

Por Orlando Freire Santana.

Cuba industria azucarera

Trabajo les va a costar a las autoridades recuperar las posiciones cimeras que un día exhibió Cuba en la Industria azucarera y el béisbol.

En 1940 vio la luz el libro La industria azucarera de Cuba, de la autoría del historiador Ramiro Guerra. En dicho texto el autor acepta la vigencia de la división internacional del trabajo como una especie de ley de la naturaleza. En ese contexto Cuba no debía renunciar a la producción azucarera debido a las favorables condiciones naturales para la fabricación de azúcar. Un producto que, al exportarlo, le permitiría al país adquirir el resto de los bienes con que satisfacer a la población. Y concluía Guerra afirmando que el no acatamiento de semejante precepto solo ocasionaría la miseria y el aniquilamiento de la nación.

Sin embargo, no más llegadas al poder en 1959, las ideas Castro-Guevaristas pretendieron echar a un lado el azúcar para acometer un dudoso plan de diversificación económica e industrialización, para lo cual no contaban con fuentes de materias primas ni con un mercado seguro para las producciones nacionales. Por supuesto que resultó un fracaso.

Años después, ya con más tino, la isla se convirtió en la azucarera del CAME, organismo formado por la Unión Soviética y el resto de las naciones comunistas de Europa oriental. Mas, al sobrevenir la desaparición del socialismo real, la industria azucarera cubana quedó a la deriva sin ese mercado, y con la puesta al desnudo de una ineficiencia productiva que encubrían los precios preferenciales que pagaban los soviéticos por nuestro dulce.

Entonces Fidel Castro, en vez de esforzarse por restablecer la eficiencia de ese sector, optó por cerrar la mitad de los centrales azucareros de la Isla, con lo cual condujo al azúcar a un atolladero del que no logra salir. Con independencia de las magras zafras recientes que apenas rebasan el millón de toneladas de azúcar, hay otro dato revelador de la actual crisis de la industria azucarera.

Según publica la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), el sector azucarero clasifica como el penúltimo de toda la economía en el aporte al Producto Interno Bruto (PIB), superando solamente a la pesca. Al cierre del 2018 la industria azucarera constituía solamente el 0.28% del PIB.

Así las cosas, y tal vez presionados por la demanda de azúcar por parte de viejos socios que revitalizan las relaciones comerciales con la Isla -por ejemplo, Rusia- los gobernantes cubanos intentan desesperadamente lograr el despegue de la industria azucarera. El vicepresidente Salvador Valdés Mesa recorre los centrales que abrirán la actual contienda 2019-2020, repitiendo el estribillo de que la agroindustria azucarera es cultura y tradición para los cubanos.

Algo parecido se podría decir acerca del béisbol. Se afirma que, tras los fracasos de Cuba en los Panamericanos de Lima y el recién concluido Premier 12, las autoridades convocarán a un gran debate nacional para tratar los problemas que afectan a nuestro -al menos en teoría- deporte nacional. Ojalá que algún valiente -claro, de los que el oficialismo decide escuchar- se refiera a la responsabilidad que pesa sobre las autoridades de la Isla por el hecho de que el fútbol le haya robado al béisbol la preferencia de los aficionados, sobre todo de la juventud. Todo debido a la saturación de nuestras pantallas televisivas con cualquier liga internacional de fútbol, mientras se ignoraba el béisbol de mayor nivel internacional. Lo anterior, acompañado del desprecio hacia los peloteros que abandonaban Cuba para desempeñarse en las Grandes Ligas de Estados Unidos.

En ese sentido observamos, incluso, un retroceso. Si hace dos años los televidentes cubanos pudimos presenciar la victoria de los Astros de Houston en la Serie Mundial, ahora los cubanos de a pie no pudieron ver ni un solo juego entre los Nacionales de Washington y los propios Astros.

Trabajo les va a costar a los gobernantes cubanos recobrar las posiciones cimeras que un día Cuba exhibió en la producción azucarera y el béisbol, y que desaparecieron, en buena medida, por ese irresponsable atentado gubernamental contra dos de nuestras más auténticas tradiciones.
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