martes, 5 de noviembre de 2019

La Habana: tiendas dolarizadas y vigiladas.

Por Iván García.

La Habana: tiendas dolarizadas y vigiladas

Pasada las diez de la mañana del lunes 28 de octubre, el camarógrafo del estatal Instituto Cubano de Radio y Televisión le solicitaba al luminotécnico que subiera el nivel de luz mientras hacía sus ajustes al equipo de filmación.

La galería ubicada en el sótano del edificio Focsa no era el mejor sitio para lograr tomas de calidad. El pasillo interior que da acceso a la nueva tienda de equipos electrónicos, que vende exclusivamente en divisas, apenas tiene iluminación. Gran parte de las bombillas fluorescentes del lugar están fundidas. Y una corriente de aire que llega del malecón provoca un ruido molesto que interfiere en el audio.

La periodista y el camarógrafo oficial desisten de grabar el tumulto de personas que se amontona en la puerta de la tienda. Optan por trabajar dentro de la tienda, con mejor iluminación y menos ruidos externos.

Dos policías parados en la puerta organizan la cola junto a una dependienta que le dice al público que solo van entrar aquellas personas con tarjetas magnéticas. Se oye un murmullo de protestas. “Pero uno tiene derecho a ver lo que quiere comprar. ¿Cómo voy a adquirir un refrigerador americano sin primero medir el ancho y el largo, para ver si me cabe en la cocina?”, se queja un cliente.

Otros alegan que todavía el banco no les ha entregado la tarjeta. “Dijeron que demoraba siete días. Pero hoy me aclararon que iba demorar al menos tres días más. De toda la vida, se entra primero a la tienda, a mirar y poder decidir lo que va a comprar”, dice una señora molesta.

La empleada entiende lo que la señora dice, pero son “orientaciones de arriba”. Dentro del establecimiento hay tres o cuatro clientes y el equipo periodístico del ICRT. Afuera casi un centenar de curiosos, pegando las manos como visor en las vidrieras, para ver las pantallas de 65 pulgadas de los televisores inteligentes 4 K, freidoras de aire caliente y refrigeradores de alta gama, entre otros electrodomésticos.

A un costado de la puerta, una lista de precios en tinta borrosa. Entre los curiosos, dos o tres oficiales de la Seguridad del Estado vestidos de civil. La tienda del FOCSA parecía un cuartel militar.

Estaba tirando fotos a la cola cuando se me acercó un policía. “¿Y esas fotos pa’qué son?”, me pregunta el agente con el típico tono de los oriundos de la región oriental de la Isla.

“¿Es que no se puede tirar fotos?”, respondo. El policía hace un gesto con los hombros y me mira de arriba abajo como si me hubiera pillado espiando en un base militar secreta. “Ciudadano, si no vas a comprar, circula”, me ordena.

Un señor que no conozco intercede y en voz baja le dice al policía: “Él viene conmigo, solo queremos mirar los precios y las cosas que venden”. El hombre me hace una seña, para que lo acompañe afuera del FOCSA. “Men, no sé quién eres, pero cuando estabas tirando fotos con el teléfono móvil, un seguroso vestido con una camisa de cuadros fue el que te tiró al policía para arriba”, me cuenta y acto seguido me pregunta: “¿Tú vas a comprar algo?”.

Le digo que no. “Soy periodista. ¿Si yo quisiera comprar algo usted me lo puede adquirir?”, indago. Llegamos a un acuerdo. El tipo me cuenta el modus operandi y yo no pongo su nombre.

“Tengo una cuenta en dólares en Panamá, donde tengo residencia e incluso una jevita y un hijo que allí. Mi negocio es mulear. Acá tengo otros hijos, mis hermanos y la vieja. Le propongo a las personas que tienen interés en comprar y no tienen dólares, que les pago con mi tarjeta Master Card y le pongo la garantía comercial a su nombre. Después de realizar la compra el cliente me paga los dólares a 1.20. Es decir, si el equipo costó mil dólares me tiene que dar mil doscientos pesos convertibles (cuc). Si el comprador tiene los dólares, pero no quiere abrirse una cuenta en el banco, yo le compro el equipo y luego el cliente me paga lo que cuesta el electrodoméstico en dólares”.

“¿Y usted que gana?”, le pregunto. “De esa manera ganamos los dos. La persona no pierde el diez por ciento de la multa que en Cuba le ponen a los dólares y yo luego vendo los dólares en el mercado negro a 1.20 o 1.30, porque el dólar sube por día. Si la cosa funciona, este negocio es mejor que traer pacotillas de Panamá”.

En los alrededores, varios vehículos parqueados se ofrecen para llevar las compras hasta el domicilio del comprador. “Si es cerca del Vedado cobro 20 chavitos (cuc). Si es más lejos 30 o 40 cuc,”, aclara el dueño de una destartalada moto con un remolque adaptado.

Dania y su esposo están felices. “Compramos un televisor cuatro K de 50 pulgadas, dos aires acondicionado y un refrigerador americano. Gastamos 4 mil y pico de dólares, pero mucho más barato si los hubiéramos comprado en las tiendas por cuc o a través las mulas. La parte negativa de estas tiendas es que no tienen servicio de transportación tenemos que pagar para que lo lleven a la casa”, dice Dania.

Diario Las Américas pudo confirmar que algunas personas hicieron sus compras con tarjetas extranjeras de crédito. “A mí no me coge la mordida esa del diez por ciento. Mi marido es italiano y compramos con su tarjeta de crédito”, confiesa una mujer joven.

En Galerías Paseo, en 23 y C y en El Tángana, tiendas situadas en el Vedado, en los primeros tres días se mantenían las colas así como numerosos curiosos amontonándose frente a los escaparates.

En El Tangana, a tiro de piedra del malecón, comercio especializado en venta de neumáticos, piezas de repuesto de autos y motos eléctricas, un empleado afirmó que el lunes 28 de octubre, el primer día de ventas “se acabaron las motos eléctricas con batería de litio y en apenas cuatro horas se vendieron los neumáticos de Lada ”.

La opinión de los cubanos de a pie sobre las nuevas tiendas dolarizadas están divididas. Algunos, con posibilidades de acceder a moneda dura, consideran que es positivo poder comprar electrodomésticos y equipos de gama media o alta a precios más competitivos que en las cadenas de tiendas estatales por divisas o las importadas por las mulas. Aunque siempre queda la duda si el Estado, ineficiente por antonomasia, podrá mantener un suministro estable y de calidad.

“Cuando empezaron las shoppings también vendían en dólares y monedas supuestamente respaldadas por divisas. Aquellas primeras tiendas tenían ganancias de hasta 300 por ciento y en nada pudieron mejorar la economía interna con los encadenamientos productivos. Al parecer, GAESA se quedó con toda la plata: en la construcción de hoteles de lujo, ha gastado más de 19 mil millones de dólares en los últimos cinco años”, precisa Eduardo, economista.

En su opinión, el problema radica en mantener el respaldo en divisas y que esa variante de comercio tenga autonomía “En las tiendas por pesos convertibles sucedió que alrededor del 40 por ciento del dinero que recaudaban no tenían respaldo en moneda extranjera. La estimulación en divisas que se le paga a casi un millón de trabajadores y los pesos convertibles que ganan los emprendedores privados, entre otros, no cuentan con respaldo en divisas. Si ahora el Estado comienza a vender dólares en los bancos, ese segmento de mercado lo contamina con el peso convertible, que no tiene ningún valor. Y con el tiempo no tendrán liquidez para comprar nuevos suministros. Deben mantener esa cadena en un circuito cerrado”, concluye el economista.

Precisamente la falta de liquidez en divisas de los bancos cubanos, provoca que el valor del dólar crezca prácticamente cada veinticuatro horas. El viernes 25 de octubre, en el sitio Revolico.com las personas lo compraban y vendían entre 1.06 y 1.10 por cada peso convertible. El miércoles 30 de octubre ya se cotizaba a 1.20 y 1.30. “Si el gobierno no quita el impuesto al dólar para fin de año, se cotizará a dos o tres cuc por dólar”, vaticina un vendedor de divisas.

La optimista prensa oficial ha desplegado la noticia como si fuera una bomba informativa. Roberto Molina, un gerente de la Sucursal Habana Oeste, en un medio local destacó que la apertura de estas tiendas ha tenido “gran repercusión internacional”. Pero los números dicen otra cosa.

Hasta el lunes 28 de octubre, 10 mil personas habían abierto cuentas en sucursales bancarias en toda la Isla. Pero solo el 13 por ciento, es decir 1,300 clientes, habían ingresado divisas. Por lo visto, muchos cubanos con acceso a dólares se han mostrado cautelosos. Esperan a ver cómo se desarrollan los acontecimientos o prefieren comprar con tarjetas extranjeras de crédito para evadir el absurdo impuesto del 10 por ciento al dólar.

Vale aclarar que la mayoría de la población cubana no tiene acceso al dólar. “Cuando tú ves las noticias, tal parece que en Cuba nos pagan en dólares. ¿Cuántos se benefician? Diez mil, cien mil, medio millón… Por favor, recuerden que aquí vivimos 11 millones de cubanos y muchos solo han visto el dólar en las películas americanas”, expresa María Carla, abogada.

Y es que para comprar calidad de vida en Cuba, debemos pagar con el dinero del enemigo de Fidel Castro. El peso, nuestra devaluada moneda, solo sirve para pagar la luz, el agua y adquirir viandas en el agromercado.
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