Por Jorge Dávila Miguel.
Acabo de regresar de La Habana donde se teme un nuevo “periodo especial”. La prensa oficial lo llama “nueva coyuntura” y el Gobierno señala como causas el pobre crecimiento en el primer semestre y una “falta de liquidez” que ha impedido pagarle a ciertos acreedores; algo lamentable porque se debe “continuar restableciendo la credibilidad internacional de la economía cubana” según dijo el presidente Raúl Castro ante la Asamblea Nacional.
Lo cierto es que la población teme que vuelvan aquellos crudos apagones de los 90 en las abrasadoras noches de este verano. El Gobierno ha asegurado, que los recortes ahorradores no afectaran a la ciudadanía, sino a los organismos del Estado. Pero esto es difícil entender, ya que la inmensa mayoría de la ciudadanía trabaja en los organismos del Estado, compra en sus supermercados, adquiere su combustible, acude a sus hospitales, lee sus periódicos, ve su televisión, depende de su transporte y salvo una canción desentonada, todo lo que afecta a los organismos del Estado en Cuba, afecta a la población. Porque la población y el Estado cubanos son como una paloma con dos cabezas; piensen, sufran, quieran exactamente lo mismo o no, no tienen más remedio que seguir aleteando juntas hasta el próximo palito.
Acabo de regresar de La Habana donde se teme un nuevo “periodo especial”. La prensa oficial lo llama “nueva coyuntura” y el Gobierno señala como causas el pobre crecimiento en el primer semestre y una “falta de liquidez” que ha impedido pagarle a ciertos acreedores; algo lamentable porque se debe “continuar restableciendo la credibilidad internacional de la economía cubana” según dijo el presidente Raúl Castro ante la Asamblea Nacional.
Lo cierto es que la población teme que vuelvan aquellos crudos apagones de los 90 en las abrasadoras noches de este verano. El Gobierno ha asegurado, que los recortes ahorradores no afectaran a la ciudadanía, sino a los organismos del Estado. Pero esto es difícil entender, ya que la inmensa mayoría de la ciudadanía trabaja en los organismos del Estado, compra en sus supermercados, adquiere su combustible, acude a sus hospitales, lee sus periódicos, ve su televisión, depende de su transporte y salvo una canción desentonada, todo lo que afecta a los organismos del Estado en Cuba, afecta a la población. Porque la población y el Estado cubanos son como una paloma con dos cabezas; piensen, sufran, quieran exactamente lo mismo o no, no tienen más remedio que seguir aleteando juntas hasta el próximo palito.












