miércoles, 28 de octubre de 2009

50 años contra Cuba.

Por Emilio Guede.

El próximo primero de enero cumplirá la dictadura de Fidel y Raúl Castro 50 años en el poder. Y nada mejor, para saber lo que eso ha significado, que comparar las promesas que inspiraron la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista y el resultado de su incumplimiento.

La primera gran promesa fue la restauración de la Constitución de 1940, nunca cumplida. En su lugar, se instauró en 1976 una Constitución Socialista. Otra gran promesa quedó plasmada en el Manifiesto de la Sierra Maestra: ''El gobierno provisional celebrará elecciones generales en el término de un año y entregará el poder inmediatamente al candidato que resulte electo''. Las verdaderas intenciones de Fidel Castro, ya en el poder, serían reveladas el 1ro de mayo de 1960 con una breve, repetida y lapidaria frase: ``Elecciones, ¿para qué?''

Otra importante promesa fue la libertad de expresión. El 6 de enero de 1959, rumbo a su entrada triunfal en La Habana, Fidel Castro declaraba: ''Al derrocarse la tiranía, quedaron restablecidos automáticamente todos los derechos ciudadanos, incluso el derecho de disentir y hacer oposición''. A poco más de año y medio del triunfo revolucionario no quedaba un solo periódico, ni estación de radio y televisión sin ser confiscados. Poco después, las prisiones se llenarían de opositores y el sanguinario paredón volvería a funcionar. Y en cuanto a lo prometido al campesino, la soñada reforma agraria resultaría en la colectivización nefasta de la agricultura, cambio de la propiedad de la tierra a usufructo cooperativo, rechazo a la comercialización de las cosechas, destrucción de una impresionante ganadería y como consecuencia de la inacción del guajiro burlado, la hambruna nacional. A lo que se sumaría la traición inconcebible de imponer el comunismo como sistema de gobierno: ofrecer pan y dar veneno.

Todas las atrocidades y desatinos de los hermanos Castro se tratarían de justificar con la excusa del ''bloqueo'' americano, del cual nadie se quejó durante 29 años, cuando el dictador mayor tenía de padrino a la Unión Soviética. Y ahora quieren el padrinazgo yanqui con turistas americanos gastando en las playas. El embargo es fácil de levantar: libérense los presos políticos, permítase la libertad de prensa y celébrense elecciones pluripartidistas.

En su historia de opresión, para enmascarar los asesinatos por fusilamiento y la represión de la disidencia, la dictadura exaltaría como logro su obra de salud y educación, altamente cuestionable. De ser ciertas todas esas bondades, ¿cómo puede explicarse la salida del país de casi dos millones de personas en una población de algo más de once? Sin incluir los balseros que, con sus mujeres e hijos, salieron en busca de libertad y naufragaron en el empeño, murieron de sed y hambre o fueron pasto de los tiburones. Según los hallazgos responsablemente documentados por el fenecido doctor Armando Lago y la investigadora María Werlau, del prestigioso Cuba Archive, los desaparecidos en el mar huyendo de la dictadura, a enero del 2006 llegaban a la horripilante cifra de 77,833. ¿Alguien se juega la vida por huir de un paraíso? A esa triste información habría que agregar 5,640 fusilamientos, 1,203 asesinatos extrajudiciales, 2,199 muertes en prisión y 198 desaparecidos. Impresionante legado del comunismo en Cuba en su medio siglo de celebración.

Las promesas del Movimiento 26 de Julio quedaron en el papel. De haberse aplicado las medidas democráticas esenciales de la oferta revolucionaria, Cuba se habría librado de la peor pesadilla de su historia: un Atila moderno que logró el prodigio de convertir en ruinas su sólida economía, su suelo feraz y su bella capital, en medio siglo de demolición machacona de lo que fuera un portento en el Caribe.
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