jueves, 29 de octubre de 2009

De Jane Fonda a Sean Penn.

Por Aleaga Pesant.

Recostada lánguidamente en la butaca de la vejez, la actriz Jane Fonda disfruta de las bondades de la democracia que tanto combatió durante los años sesenta. En esa década, la entonces joven actriz se convirtió en líder de opinión, contra el esfuerzo norteamericano por democratizar Vietnam

La guerra de Vietnam no fue popular en los Estados Unidos. El mal manejo de la situación y de la información ayudó a que en 1975 la dictadura comunista se impusiera. Cientos de miles de presos políticos, millones de desplazados, un partido único y los campos de concentración, fue el saldo.

Quizás Jane, ignorante al fin, no comprendía lo que sucedería y sucedió tras la retirada de las tropas norteamericanas del sureste asiático. La masacre en Cambodia, los desplazados hacia Tailandia, las represiones contra las minorías chinas y un largo etcétera.

Con el pelo hirsuto y sus Ray-Ban, Sean Penn, el actor y director de cine norteamericano, se pasea nuevamente en estos días por las empedradas calles de Isla de la Juventud. Le acompaña el pintor, diputado y adorador del dictador, Alexis Leyva, además de una cohorte de aduladores. Visitó el campamento Marta Machado, un esfuerzo por llevar la risa a un lugar donde hace falta comida.

Con la mirada fija en el sitio al que le señalan, y pose que se suma a Ernest Heminway, Robert Redford y Ernesto Guevara, uno escritor, el otro actor y el ultimo guerrillero, Sean atiende concienzudamente a lo que le dice Alexis y los comisarios de cultura en Isla de la Juventud.

No tenemos información acerca de si el actor norteamericano pregunta por las condiciones de vida de la población; de cómo afecta a los vecinos el impuesto del 20% que impone el gobierno cubano sobre cada dólar de remesa que mandan sus familiares, por qué no se les permite a los ciudadanos comprar o vender propiedades inmuebles o por qué circulan tan pocos automóviles.

Las imágenes del noticiero de televisión tampoco aclaran si cuestionó a las autoridades por la segregación del uso del Internet, o la prohibición de circulación de otros diarios que no sean los oficiales, o por qué en las elecciones al poder popular no se permiten candidatos independientes al Partido Comunista de Cuba.

Si Sean Penn no pregunta por esas cosas que están a la vista, mucho menos preguntará por el hacinamiento dentro de las cárceles pineras, los presos políticos del presidio El Yayabo, o la represión a que se somete a los periodistas independientes Lamasiel Gutiérrez y Serpa Maceira, y el bibliotecario Lázaro Pérez.

Como Jane Fonda, Sean Penn disfruta de la democracia pero ama a las dictaduras. Estrellas en los medios de comunicación, líderes de opinión, ignorantes e irresponsables del uso que las tiranías dan a su comportamiento mediático.
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